Reflexión: El tiempo que se pierda en la toma de las decisiones jamás se podrá recuperar

Arturo Navarro - 16 Feb '16

Editoriales

Gerencia

Ya es un decir común en Venezuela, de que no se puede esperar más para introducir los cambios que son necesarios para enrumbar el país por el sendero de la esperanza y la prosperidad. No obstante, la elite gobernante no da muestras verdaderas de tomar las decisiones que especialistas venezolanos y extranjeros señalan como única vía de salir del atolladero. Mientras que, pareciera que la intención es hacerle  padecer a la población, las angustias que ocasiona la incertidumbre de no cambiar.

Los gobernantes deben entender que no se puede seguir esperando, porque este momento es único y no volverá y de perderse se alargarán las vicisitudes a la población venezolana. Entiéndase que  la gente anda enferma, llena de ira, se siente impotente y ya no quiere a quien en un momento fueron sus líderes. Ahora los consideran incapaces y corruptos  después que han dilapidado la mayor riqueza obtenida en la historia de país alguno en Latinoamérica; y no conforme con eso,  nos han endeudado a tales extremos que nadie les quiere prestar para salir de la crisis en la que han sumergido al país.

Al ser el tiempo lo más valioso que los humanos tienen en la vida por lo escaso que es, no se le puede continuar forzando a la gente a que siga perdiendo su tiempo en las colas de  los supermercados y las farmacias para adquirir los productos, haciendo colas en los cajeros automáticos de los bancos porque los que te venden no tienen o no quieren tener puntos de ventas y porque con un billete de cien bolívares no alcanza para comprar  nada, por lo que se utilizan los servicios de los cajeros hasta dos veces al día.  Y como si fuera poco, la escasez de medicinas, los problemas de salud,  el nivel de inseguridad son tal, que se atenta contra la tranquilidad familiar; aspectos estos que en suma, estimulan la salida del país de nuestros grandes recursos y capacidades.

Por tanto, continuar esperando por la satisfacción de las necesidades más perentorias  -a medias- las necesidades básicas del país, con importaciones a costa de la destrucción del aparato productivo interno y desmotivando el capital privado, es un mal negocio. Si no se generan nuevos, suficientes y bien remunerados empleos, como resultado del impulso  de la actividad productiva nacional, acabaremos con las reservas monetarias y obstaculizaremos el desarrollo de nuestra economía y, por ende, de nuestras familias.

“La pérdida de la fortuna puede ser recuperada por una empresa, la pérdida de conocimiento por el estudio, la pérdida de la salud por el cuidado o la medicina, pero la pérdida de tiempo jamás se puede recuperar”.

De manera que la población debe exigir la toma de decisiones inmediatas a objeto de evitar la pérdida del tiempo de los venezolanos.