El Escritor del Asombro

José Alberto Medina Molero - 1 Jun '16

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La literatura salva tanto a escritores como a lectores. Eso dicen los entendidos en el tema. De ser esto así, como bien parece, puede afirmarse que en Buenos Aires, ciudad de “río de sueñera y de barro”, nació hacia finales del siglo XIX un gran salvador y supremo sacerdote de letras, versos sonoros, relatos y densidad intelectual.

En una oportunidad afirmó, con no poca exactitud: “He sido y soy. He trabado en firmes palabras mi sentimiento que pudo haberse disipado en ternura”, revelando su ser interior, como orfebre de las frases y las ideas  volcó ese sentir en obras de espléndida belleza y trascendencia.  Describió desde los espacios infinitos y focalizados de lo espiritual y metafísico, pasando por los abismales secretos del existir y sus paradojas, hasta las bruscas, estériles y torvas peleas de compadritos en los arrabales. Un universo insólito y deslumbrante, hecho de tinta e imaginación, de sabiduría y constancia de oficio. Hechicero de palabras e ideas retadoras, disparadas desde la cruel oscuridad de sus ojos. Se cumplen 30 años de la partida " al otro plano " de uno de los más grandiosos escritores de la historia de la literatura universal, Jorge Luis Borges.

Tanto como poeta, y de acuerdo al gusto, como cuentista, Borges plasmó con sencillez genial en sus obras, esa maceración que el arte hace de lo rupestre y cotidiano. En uno de sus cuentos, plantea, de la forma traviesa con la que adoraba deslumbrar a sus lectores, la posibilidad de un jardín que se bifurcaba en infinitos caminos, tantos como decisiones podíamos tomar. Nos cuenta también a cerca de un ser de prodigiosa capacidad para recordar la totalidad de los detalles de cada día vivido: Funes, el memorioso.

Así como las palabras no pueden abarcar la colosal sapiencia de su andamiaje cultural, no lo son tampoco para rendirle merecido tributo a su genio y talante. Afirmaba este literato de élite que sus obras no perdurarían (en secreto sabía que si), que no serían objeto de estudio y admiración. Lo cierto es que su proverbial maestría será por muchísimos años motivo de análisis, deslumbramiento y fascinación en tanto el arte, como manifestación inmanente al hombre perdure sobre la faz del planeta. Libros suyos como “Historia Universal de la Infamia “e “Historia de la eternidad” son clásicos, y como dijo Vargas Llosa cuando entrevistó al escritor argentino, “libros de bolsillo”  en la mejor acepción del término. Borges, en su lúdica modestia solía decir: “He publicado muchos libros, pero al principio esos libros fueron escritos para mí, y para un pequeño grupo de amigos. Recuerdo mi sorpresa y mi alegría cuando supe, hace muchos años, que de mi libro "Historia de la eternidad" se habían vendido en un año hasta 37 ejemplares. Yo hubiera querido agradecer personalmente a cada uno de los compradores, o presentarle mis excusas”

Jorge Luis Borges escribió un relato sobre un punto donde convergen todos los puntos, El Aleph, una maravillosa manera del otear el infinito y la posición del ser humano ante la eternidad, allí, donde todo es insólitamente posible, a través de ese punto siguen expandiéndose por doquier las maravillosas obras salidas de la mente y el alma de este Homero moderno.

Para Borges, un poema era dictado a un escriba que decidía no apurarlo. Oír en calma  y plasmar en una hoja, para luego, con la experticia del estilo artesanal de la lengua, pulir una y otra vez, hasta despojarlo de brozas y contaminantes. Un ejemplo de esa trasformación borgeana:   “En cierta calle hay cierta firme puerta /con su timbre y su número preciso /y un sabor a perdido paraíso, /que en los atardeceres no está abierta /a mi paso. Cumplida la jornada, /una esperada voz me esperaría /en la disgregación de cada día /y en la paz de la noche enamorada. /Esas cosas no son. Otra es mi suerte: /Las vagas horas, la memoria impura, /el abuso de la literatura /y en el confín la no gustada muerte. /Sólo esa piedra quiero. Sólo pido /las dos abstractas fechas y el olvido”

Otro extraordinario escritor, Ernesto Sábato, trazó un lúcido y penetrante perfil de su paisano y colega, uno donde detalla con inédita sinceridad la compleja y brillante forma de ser de este creador de creadores:

 “A usted, Borges, heresiarca del arrabal porteño, latinista del lunfardo, suma de infinitos bibliotecarios hipostáticos, mezcla rara de Asia Menor y Palermo, de Chesterton y Carriego, de Kafka y Martín Fierro; a usted, Borges, lo veo ante todo como un Gran Poeta. Y luego, así: arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnífico, infeliz, limitado, infantil e inmortal”.

Si aún Ud. no ha disfrutado de sus creaciones, no espere. Ellas  serán eternas como todo aquello que, a través de décadas persiguió y puso en papel y en la mente de sus incontables lectores. Borges fue y sigue siendo, para gloria de la literatura y del espíritu inmenso del hombre, el escritor del asombro!

@jamedina1