La tragedia de la pobreza en Venezuela

Arturo Navarro - 15 Ago '16

Editoriales

Gerencia

En el transcurso de la última década Venezuela  en lugar de haber generado riqueza, se ha empobrecido de tal manera que por primera vez se piense que el país se está acabando. Y Si bien en los últimos años se han registrado incrementos compulsivos en los salarios de la población, su poder real de compra ha disminuido de tal manera que no alcanza ni para cubrir las necesidades básicas de alimentación, especialmente para la fuerza de trabajo menos calificada y su clase media.

La brecha entre los que más tienen y los que tienen menos, se extiende cada vez más. Los más desposeídos presionan a sus gobernantes para que les ofrezcan  más oportunidades de empleo, mejores salarios y mayor nivel de vida, pero esos fulanos lo que han hecho es dilapidar los recursos, malversar los fondos generados por concepto de ingreso petrolero, acabar con un importante número de empresas privadas y no conforme con eso han endeudado al país en cantidades jamás imaginadas.

Los recientes incrementos compulsivos de salarios lo que ocasionarán es  empobrecimiento especialmente de las empresas pequeñas que no pueden soportar esos costos de mano de obra; y por tanto, cerrar o despedir trabajadores. En fin ese incremento del sueldo mínimo y el cesta ticket lo que hace es generar más inflación y convertir ese supuesto incremento en sal y agua. Mientras no haya incremento en la productividad de la producción esos incrementos no surtirán el efecto deseado, lo otro es pura ilusión óptica o una falsa realidad.

A los aspectos comentados y relativos al empobrecimiento de la población, se agrega la discriminación descarada de la actuación gubernamental al interesarse realmente solo por aquellos que les garantizan su lealtad para sostenerse en el poder. En otras palabras, los miembros del partido gobernante actúan de manera criminal ante la distribución de los recursos y alimentos afectando a las familias de la clase media, que por reprocharles su nefasta actuación gubernamental, los dejan por fuera de los pocos alimentos y medicinas que adquieren con las divisas preferenciales.

No es justo que los profesionales y técnicos del país, es decir, la clase media  no pueda adquirir un vehículo ni una vivienda porque su salario apenas les alcanza para subsistir. La clase política gobernante debe cambiar su modelo económico inmediatamente, de lo contrario el país se ira por un despeñadero, del cual nos toque agrandar las calamidades por la soberbia de imponer una filosofía que el pueblo no quiere, porque está convencido que por  ahí no queda el futuro. Y recuérdese que un país sin una clase media fuerte, no va para ningún lado.

Para mala fortuna las necesidades de la gente son, como nunca antes, aún más considerables. En tanto, las empresas y fábricas que aún no se han ido del país o que no han cerrado trabajan a un tercio de su capacidad porque no disponen de los insumos ni de las facilidades para producir. Cada vez observan que sus ventas disminuyen por falta de compradores para sus productos y servicios. Esta es la tragedia de la pobreza en medio de una potencial riqueza de la que dispone el país y que ha sido dilapidada y malversada por quienes han dirigido a la nación por el peor camino que se conozca.

Después de todo, los mercados están compuestos por personas con necesidades y poder adquisitivo, pero este último en Venezuela es muy escaso. Ante la situación descrita es necesario comprender que la solución es ofrecer más a cambio de menos en lugar que más a cambio de más. Los empresarios, la elite gubernamental  y en general los que más tienen deberían ser más solidarios, ¨no es justo que el sacrificio recaiga en quien menos tiene¨ y los empresarios por favor olvídense - aunque sea mientras nos recuperamos y capeamos la mala gestión gubernamental - de las elevadas ganancias a las que han estado acostumbrados. Para nadie es un secreto, que los márgenes de ganancias en este país, especialmente los que provienen de la distribución comercial, son muy superiores a los de otros países de la región.

Desde el punto de vista social, más humano se vive un período de desmembramiento familiar, donde especialmente los más jóvenes ante la imposibilidad de tener un trabajo con una compensación adecuada que les permita adquirir una vivienda y al menos un pequeño vehículo, optan por emigrar a costa de abandonar sus núcleos familiares y someterse a sacrificios de los cuales nunca se imaginaron. ¨Acabar con sus sueños¨