Entre Venezuela y el Mercosur, las cosas no andan bien

Comité de Redacción - 19 Sep '16

Gerencia

Por ALBINSON LINARES 15 de septiembre de 2016

No ha sido una semana fácil para la diplomacia venezolana.

Aunque el país es la sede de la Cumbre de los Países No Alineados, y el presidente Nicolás Maduro asumirá el liderazgo del grupo (que en realidad ha perdido relevancia desde el fin de la Guerra Fría), la reunión se desarrolla en medio de protestas por la crisis política y económica que atraviesa el país.

Pero esta semana el gobierno venezolano sumó un revés en el escenario internacional más serio: no presidirá el Mercosur.

El martes los cancilleres del organismo decidieron prorrogar, hasta el 1 de diciembre, el tiempo que se le otorgó a Venezuela para ajustar sus leyes y reglamentos a las normativas del bloque regional.

La decisión se da en un contexto de enfrentamientos entre Luis Almagro, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y el presidente Maduro, que desencadenaron la invocación de la Carta Democrática por la “alteración del orden constitucional” en Venezuela.

Entre las exigencias de los países del Mercosur resalta la implementación del Protocolo de Promoción y Protección de Derechos Humanos, sobre todo luego de las reiteradas denuncias de organizaciones como el Foro Penal Venezolano que establece la cifra de presos políticos en 95.

Además está el informe elaborado por Amnistía Internacional que resalta el caso del dirigente opositor, Leopoldo López, quien fue sentenciado a una pena de 13 años y nueve meses de prisión, a pesar de que “no existían pruebas fehacientes que respaldaran las acusaciones y las declaraciones públicas realizadas por las autoridades antes de su condena”, dice el documento.

Venezuela ha tratado por mucho tiempo de presidir el Mercosur, un bloque que busca abrirse a nuevos mercados y establecer negociaciones con el resto del mundo. Pero el gobierno de Maduro se aísla cada vez más del espectro geopolítico regional por la honda crisis del país.

Una silla vacía es la imagen recurrente cuando se habla de la presidencia pro tempore de Venezuela en el Mercosur. El 13 de septiembre la cancillería brasileña publicó un comunicado en el que los cancilleres de los miembros fundadores del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) le niegan al gobierno venezolano el derecho a presidir el organismo regional por el “incumplimiento de los compromisos adquiridos en el Protocolo de Adhesión al Mercosur”.

La decisión llega en un momento álgido para el gobierno venezolano, que enfrenta la posibilidad de un referendo revocatorio con el fin de remover a Maduro y convocar a nuevas elecciones presidenciales.

En agosto pasado, la cancillería venezolana emitió un comunicado en el que aseguraba que Venezuela “no solo ha incorporado gran parte del compendio normativo del Mercosur a su fuero interno”, sino que incluso había superado a la mayoría de los otros miembros del organismo.

Emilio Nouel, experto venezolano en relaciones internacionales, opina lo contrario: “Por ignorancia, desconocimiento e incompetencia no discutieron más de 800 reglas y protocolos. Ahora el gobierno de Maduro tendrá que reconocer la Asamblea Nacional y pedirle que haga ese trabajo, pero dudo que eso sea viable en tan poco tiempo”.

Delcy Rodríguez, la canciller de Venezuela, condenó categóricamente la reciente decisión de sus homólogos diplomáticos a través de su cuenta de Twitter: “Esta declaración de la Triple Alianza del gobierno de Argentina, Paraguay y de facto de Brasil, vulnera la legalidad de la organización”. También comentó que las decisiones del bloque regional deben tomarse por consenso, y agregó: “Pretender destruir Mercosur mediante artimañas antijurídicas es reflejo de la intolerancia política y desesperación de burócratas”.

Según los estatutos internos del Mercosur, la presidencia debe rotar cada seis meses en orden alfabético. Pero el vacío de poder en el grupo regional se inició el 24 de julio, cuando la mayoría de los países miembro bloquearon la asunción de la presidencia por parte de Venezuela, a pesar de que Uruguay —que entonces tenía la presidencia— emitiera un comunicado afirmando que no existían argumentos jurídicos que impidieran el traspaso de la Presidencia Pro Tempore a Venezuela.

El 3 de agosto, Maduro afirmó que su gobierno era perseguido por los “torturadores de Suramérica” y agregó: “Somos presidentes del Mercosur y lo vamos a ejercer plenamente”.

Pese a esa proclamación pública, los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay no reconocieron la posición del mandatario venezolano. En el caso paraguayo, las relaciones entre ambos países están congeladas y el embajador Enrique Jara no ha regresado a Caracas.

 

 

Mariano de Alba, abogado especializado en derecho internacional, señala que si Venezuela es suspendida por no adoptar toda la normativa de Mercosur en el ordenamiento jurídico, el gobierno podría “tratar de vender la idea de que su suspensión es meramente por una razón técnica y administrativa”. Pero si se suspende por la aplicación del protocolo de compromiso democrático del Mercosur eso demostraría, según De Alba, el rechazo de cuatro de los países más influyentes de la región, lo que pondría en duda la existencia de un gobierno democrático en Venezuela.

Las cuentas no cuadran

En diciembre de 2015, la canciller Rodríguez afirmó que “más allá de las deficiencias y de los errores” la balanza comercial de Venezuela con el Mercosur había superado los 32 mil millones de dólares en los cinco años anteriores. Sin embargo, investigadores como Isaac Guillén han admitido públicamente que la balanza comercial es negativa con el Mercosur: “Importamos muchísimo más de lo que exportamos. Aunque se aumenta el PIB del bloque, el de Venezuela está cayendo estrepitosamente”.

Antes de entrar al Mercosur, Venezuela se desprendió de la Comunidad Andina de Naciones en 2006, organismo al que pertenecía desde 1973.

Para economistas como Alejandro Oliveros esa decisión fue “un suicidio comercial” porque era el mercado natural del país al estar integrado por naciones como Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia: “Como país no obtuvimos un beneficio económico importante del Mercosur, solo algunos grandes negocios entre empresas privadas que se beneficiaron de esa alianza. Y países como Brasil, Argentina y Uruguay aprovecharon el auge importador venezolano para dinamizar sus economías”.

Para el investigador de la Universidad de los Andes (ULA) Alejandro Gutiérrez, la situación económica de Venezuela se sintetiza fácilmente: “Simplemente no tenemos los dólares suficientes para importar como antes. Además nos convertimos en un socio que no paga las cuentas a tiempo y solo ofrece petróleo a cambio. En 2008 le pagamos 5800 millones de dólares a Brasil, por solo poner un ejemplo que demuestra que siempre fuimos grandes compradores pero no grandes exportadores de productos distintos al crudo”.

 

Un nuevo panorama político

Cuando a mediados de la década del 2000 el presidente Hugo Chávez inició el proceso de acercamiento al Mercosur, el bloque estaba dominado por gobernantes progresistas como Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Lula y Dilma Rousseff en Brasil y José Mujica en Uruguay. Después del reciente ascenso de Mauricio Macri en Argentina, el de Michel Temer en Brasil —luego de que Rousseff fuese removida del cargo por un polémico juicio político— y los roces diplomáticos con Paraguay, la posición venezolana es débil en el organismo, que inicia un viraje hacia la derecha.

“Muchos países del continente se preguntan cómo un gobierno que no puede controlar la crisis económica y política de su nación pretende presidir al Mercosur”, explica el exdiplomático venezolano Leandro Area. “Ese órgano era visto como un trampolín para el socialismo pero ahora son otros tiempos históricos. Si nos suspenden quedaríamos más aislados internacionalmente y seguiríamos el ejemplo de Cuba que el chavismo siempre ha imitado”.

No es la primera vez que un país del bloque suramericano experimenta un proceso se suspensión. Eso ya sucedió en junio de 2012 cuando se suspendió a Paraguay debido al juicio político que destituyó a Fernando Lugo, momento político en que se aprobó el ingreso de Venezuela como miembro pleno.

Emilio Nouel lleva más de tres décadas analizando los procesos internacionales de Venezuela y admite sentirse asombrado ante la vehemencia con que el gobierno de Maduro pelea por seguir en el organismo hoy en día.

Explica que es un sinsentido, un enigma que se parece mucho a un capricho: “El gobierno de Venezuela es enemigo de las políticas de libre mercado que están consagradas en el Mercosur, se excluyó de las negociaciones con la Unión Europea porque no las apoya, tampoco ha suscrito los acuerdos de comercio con Israel e India, ni siquiera ha completado el protocolo de adhesión y está a punto de ser suspendido. Lo que me queda claro es que no le interesa estar allí, pero siguen peleando”.