2017: ¿un año de expectativas? (*)

Chichí Páez - 18 Ene '17

Economía y Finanzas

Política

“Cuando se piensa y se habla de expectativa se hace con un estado de ánimo positivo, porque se asume como sinónimo de esperanza -y la esperanza es teológica e intrínsecamente positiva-, de aliento”.

R. Bossiere P

 

Como es costumbre mi primer articulo en cada año se basa en una visión prospectiva de los posibles escenarios del acontecer nacional. Además, que este 2017 nada fácil va a ser en los contextos políticos-económicos-sociales para la población venezolana.

Expectativa significa “posibilidad razonable de que algo suceda.”, y ese algo puede ser bueno o malo; es decir: que, como posibilidad, la expectativa supone estar consciente de un razonable y aceptable grado de incertidumbre sobre el futuro, sobre lo que realmente terminará por ocurrir, pues no está siempre en las manos de las personas hacer que lo que va a suceder sea bueno o no, lo que se espera. Sin embargo, por esa natural tendencia del ser humano a alcanzar un mejor estándar de vida que le proporcione bienestar, seguridad y supervivencia, se suele asociar y emplear el término con estas acepciones: “Esperanza de realizar o conseguir algo.”, usualmente algo bueno, positivo, y “Posibilidad de conseguir un derecho, una herencia, un empleo u otra cosa, al ocurrir un suceso (favorable, propiciatorio) que se prevé.”

Pero, lamentablemente, no es esperanza ni aliento lo que se insufla en la historia vivida desde 1999 hasta el presente, y muy particularmente lo acontecido en 2016, ni menos aun los indicadores que se tienen a la vista. Lo que se tiene por delante son malos augurios, porque todos los indicios -no precisamente fundados en la interpretación supersticiosa del canto o el vuelo de un ave con una serpiente que cuelga en su pico ni de la ocurrencia de algún fenómeno meteorológico, sino derivados de cifras, observaciones de hechos acontecidos y datos registrados y aportados por prestigiosos analistas y organismos nacionales e internacionales de absoluta credibilidad y, en algunos casos, hasta por los propios entes gubernamentales- no anuncian expectativas (posibilidades, ni mucho menos esperanza o aliento), sino que, muy por el contrario, presagian una realidad más dramática, calamitosa y explosiva que la de los años 2002 y 2003, 2014 y 2016.

Los indicadores en todas las manifestaciones de la vida de la Nación son negativos y alarmantes: el no acatamiento estricto de lo estipulado en la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; política interior (gobierno y oposición, y muy específicamente la Mesa de la Unidad Democrática y la Asamblea Nacional), política exterior (relaciones internacionales, soberanía, política fronteriza y la relacionada con territorios y áreas en reclamación; posicionamiento e imagen ante los organismos mundiales; acatamiento y aplicación de tratados, acuerdos y decisiones de instancias internacionales), economía, en lo social (civil y militar), educación y cultura, salud y sanidad, en lo moral y espiritual, justicia, seguridad jurídica (nacional, económica y ciudadana), servicios e infraestructura, instituciones (públicas, privadas y mixtas, en general), con muy contadas excepciones (Iglesia Católica Venezolana y otros credos religiosos que hacen vida en el País, las diversas organizaciones democráticas del movimiento estudiantil, las academias, los gremios que agrupan a los profesionales, comunicadores sociales, docentes universitarios, profesores y maestros, técnicos y demás, las organizaciones no gubernamentales…), por lo que, en este momento, teniendo presente dichos indicadores y cuando en el horizonte no se vislumbra alguna propuesta ni cambios significativos y alentadores en el discurso político y ejecutorias del gobierno, de la oposición “mudista” ni de la A.N., parece ilusorio, irresponsable y hasta irónico hablar o plantearse expectativas favorables.

Pero, ¡ojo!, no se trata de una postura derrotista ni de un llamado a la claudicación y al abandono de la lucha por la democracia, una sociedad civilista y la dignidad nacional y ciudadana, se trata simplemente de manifestar la visión y convicción sobre lo que está por venir en el año que recién comienza, fundamentándose en el registro objetivo y en la lectura e interpretación de los indicadores que se tienen a la mano, salvo que alguien presente datos y cifras creíbles y confiables que prueben lo contrario.

No se está haciendo un llamado al pesimismo, sino a asumir una visión realista y objetiva de lo que hay y de lo que vendrá, un llamado a asumir una conducta ajena a salidas por los caminos verdes, soluciones mágicas e intervencionismos foráneos, pues honestamente –el autor de este espacio como columnista de este diario, como docente universitario y como cristiano que es- tiene el deber de expresar, de buena fe, con la verdad por delante, por más cruda y difícil que ésta resulte de digerir, al menos con esa verdad avalada por los hechos y por la información de la cual se dispone hasta el momento, información seria y de fuentes fiables, divulgada por los medios de comunicación nacionales e internacionales que, valiente y responsablemente, se han atrevido a hacer proyecciones sobre la realidad venezolana para el presente año.

Ante las irrespetuosas y volátiles promesas de los dirigentes “mudistas”, ante sus repetitivas, vergonzosas y nada convincentes declaraciones, huérfanas, por lo demás, de creatividad y de altura política, y ante la inoperante, infructuosa y frustrante gestión de la A.N., responsablemente a proponerles patrones conductuales realistas, necesarios y factibles que, conjuntamente con este llamado de alerta sobre el futuro inmediato, constituyen el propósito central de este escrito:

- Convocada por la Conferencia Episcopal Venezolana, Federación de Centros Universitarios y demás organizaciones del movimiento estudiantil democrático, academias y universidades nacionales autónomas, Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela, Colegio de Profesores de Venezuela, Federación Venezolana de Maestros y Colegio Nacional de Periodistas, organizar, a la brevedad posible, una protesta civilizada, con propuestas y argumentos muy concretos, pero no para presentarlos ante esta dictadura “castro-comunista-madurista” (una tiranía oclocrática), sino para exigirle a la dirigencia opositora que actúe con seriedad, coherencia, honestidad de propósitos, poniendo los intereses y urgencias nacionales por delante de las ambiciones y diferencias personales y grupales, así como para reclamarle contundencia y factibilidad en el accionar político y en las estrategias para la movilización ciudadana y para el incremento y fortalecimiento de la presión internacional.

 

- En virtud de la agudización de los indicadores económicos negativos (particularmente el desabastecimiento y la escasez de alimentos y medicinas), urge organizar grupos y estrategias solidarias y de mutua ayuda inter-familiar e inter-vecinal, para el intercambio de información sobre la adquisición y aprovisionamiento de alimentos y medicamentos absolutamente indispensables e insustituibles, evitando caer en el egoísmo, la viveza y en prácticas indeseables como el bachaqueo y la especulación, porque ello termina minando la solidaridad y la confianza entre los integrantes del grupo y, finalmente, destruyendo el propósito para el que éste fue creado.

- Racionalizar el uso de las redes, evitando darle curso a informaciones y noticias no confirmadas ni verificables, ni tampoco a especulaciones sobre el acontecer nacional que tiendan a aumentar los niveles de angustia, de ansiedad y de depresión de la población.

- Prepararse mentalmente para lo peor, asumiendo la realidad tal cual es, y equiparse intelectual, espiritual y moralmente para no darse por vencidos y, en consecuencia, desarrollar las conductas individuales y colectivas orientadas a confrontar y a minimizar los efectos negativos y nefastos de la crisis.

El País soñado está lejos…está en la manos de los venezolanos demócratas acortar el tiempo y la distancia para hacerlo realidad.

 

(*) Las ideas y conceptos básicos de este escrito han sido el producto de conversaciones entre los miembros de la II Promoción de Licenciados en Educación de la UC y el Prof. René Bossiere P., Padrino de dicha promoción.