Como lo han planteado Ernesto Londoño, Pascale Bonnefoy y Daniel Politi en un artículo reciente para el New York Times, el giro de América Latina luce evidente ante el fracaso de las políticas utilizadas por la izquierda en los países donde ha gobernado.

Este hecho se da, como resultado de la caída de los precios de la materia primas y el uso administrativo inadecuado de los recursos, lo cual forzó a los gobiernos a recortar gastos; pero que, junto a la revelación de casos de corrupción le ha estropeado la reputación a los líderes de izquierda que alcanzaron el poder con la promesa de trabajar en contra de la injusta distribución de la riqueza que caracteriza a sus países.

Casos como el de Lula y Dilma Rousseff en Brasil, el triunfo de Macri en Argentina en las elecciones legislativas que dejaron el peronismo dividido y a la deriva, que históricamente ha tenido una alta influencia. Y recientemente la victoria de Andrés Piñera en Chile, donde parece confirmarse la desaparición de la última esperanza de la izquierda por mantenerse en el poder de uno de los países con mayor peso económico y diplomático en la región. Es más, basados en estos hechos, hay quienes afirman que los días del Foro de Sao Paulo, también están contados, debido a que la población latinoamericana está enviando un claro mensaje tras los sucesivos fracasos de la izquierda.

En referencia a los líderes de izquierda que siguen en el poder, los dos con mayor prominencia son Nicolás Maduro en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, pero que han sido acusados de recurrir a prácticas antidemocráticas para mantenerse en sus cargos. El presidente venezolano Nicolás Maduro, quien en agosto convocó la Asamblea Nacional Constituyente para suplantar a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, ha sido considerado, uno de los pasos más agresivos del chavismo para consolidarse en el poder y, muy cuestionado a nivel internacional.

Evo Morales, presidente de Bolivia, también fue criticado por intentar postularse para un cuarto mandato en 2019, en contravención de la constitución del país y del rechazo expresado por los votantes en un referendo de 2016.

Como resultados de esos avatares, la realidad es que América Latina enfrenta retos considerables por una desaceleración económica y una polarización cada vez mayor de la sociedad. Los líderes de izquierda están sufriendo las consecuencias por las políticas y expectativas que ellos mismos establecieron. Mientras que, las actuales medidas de austeridad promovidas por los gobiernos de Brasil y Argentina con la intención de reducir la inflación o los déficits han molestado a un importante sector de la población que llegaron a considerar como derechos básicos el acceso a una educación gratuita o a una buena jubilación, pero que dichos recursos han sido malversados por los gobiernos de izquierda.

En honor a la verdad, son muchos los votantes que se desencantaron de algunos líderes de la izquierda por los escándalos de corrupción de los personajes ya mencionados. No obstante, como justificación se ha argüido que la izquierda comenzó a flaquear después de que la crisis financiera de 2007-2008 en Estados Unidos desatara un período de incertidumbre económica global obligando a los gobiernos a efectuar recortes presupuestarios y, que además, los políticos de la derecha han utilizado el argumento de que los gobiernos de izquierda eran irresponsables en materia fiscal.

A pesar de la defensa formulada por la gente de izquierda, Juan Cruz Díaz, analista político que dirige la consultoría Cefeidas en Buenos Aires, dijo que los votantes han gravitado hacia la derecha debido a un rechazo al estilo de gobierno de los políticos que ahora cayeron en desgracia.

“Los votantes están rechazando a gobiernos que estuvieron en el poder por mucho tiempo y que se asociaron con corrupción y ciertas actitudes autoritarias que se convirtieron en su forma de ejercer el poder”, indicó.

Aunque se ha disminuido el poder de los líderes de izquierda en la región, su influencia no ha sido aniquilada. Por ejemplo, Lula, pese a los cargos criminales, sigue siendo la opción más popular en los sondeos de cara a las elecciones en Brasil; mientras que, en Ecuador, Lenin Moreno derrotó a un candidato de centroderecha en abril. Y en el caso de Venezuela, si la oposición no se reorganiza al efecto de enfrentar unida la próxima contienda electoral, podría ser derrotada por Nicolás Maduro en las próximas elecciones, dando pie al alargamiento de las penurias que sufre la mayoría de la población.

Corresponde entonces, ver qué pasará en el futuro no muy lejano, pero pareciera que a la izquierda le costará restablecer su credibilidad ante unos votantes que miran hacia la derecha, ante el incremento de la pobreza, especialmente en Venezuela y Brasil. Según el último informe de la Cepal acerca del incremento de la pobreza en América Latina, se advierte que los más perjudicados son los niños y adolescentes de los dos países señalados, lo que en otras palabras significa, que se estaría comprometiendo el futuro de las nuevas generaciones y eso por decir lo menos, es ¨terrible¨ para nuestras sociedades.