“Se requiere una unidad política de Estadistas que interpreten los signos de los tiempos para pasar de la patria mítica a la patria posible y soñada por las nuevas generaciones de venezolanos.” Neuro J. Villalobos Rincón

Resulta muy temerario hacer pronósticos para el año 2018 en Venezuela. A los índices de escasez y de pobreza, se suma la escasez de estadísticas de los organismos oficiales a quienes se les prohíbe suministrarlas, sin antes ser maquilladas y manipuladas por el régimen. De allí la necesidad de recurrir a fuentes externas de reconocida seriedad.

Un reportaje del diario El Tiempo de Bogotá, Colombia, del día domingo diecisiete de diciembre pasado, coloca a Venezuela como noticia internacional del año, y concluye que en el 2017, Nicolás Maduro consolidó la dictadura en nuestro país. Lo resume políticamente de la siguiente manera: ¨con una represión sistemática, el gobierno logró apagar las protestas, ahogar a la oposición, resistir la presión internacional y acaparar todos los poderes públicos del país¨, esto resulta incomprensible si tomamos en cuenta los resultados de la encuesta del mes de diciembre de este año de la empresa Datanálisis, según la cual la evaluación de la situación del país se considera negativa por un 89.5% de la población y sólo el 10.2% la considera positiva. Igualmente, resulta negativa la evaluación de la gestión de Maduro en un 74.9% y sólo 21.7% cree que ha sido positiva.



Económicamente no deja de ser más preocupante la percepción, ya que se estima que la inflación al cierre del año 2017 sobrepase el 2000%, con un índice de escasez, conservadoramente, en 68% y un índice de pobreza de 30%. En tanto se calcula una caída del Producto Interno Bruto de -12% según el Fondo Monetario Internacional. Una verdadera tragedia que arroja mayor incertidumbre sobre el comportamiento político de la población para el año próximo.

Para el año 2018 no está previsto que el régimen cambie su orientación en términos de su política económica, de modo que la hiperinflación seguirá su demoledor proceso, haciendo estragos en la capacidad de compra de la gente y en los presupuestos oficiales que exigirá que siga en funcionamiento la maquinita de producir dinero inorgánico para cubrir el déficit fiscal, lo cual alimentará la espiral inflacionaria en más de 3000%, de mantenerse tan dañina práctica.



Sin estímulos para producir bienes y prestar servicios internamente, con severas dificultades para importarlos, y con un elevado peso en el servicio de la deuda, es previsible un aumento en los índices de escasez y de pobreza. Aún cuando el FMI prevé una desaceleración en la caída del PIB para el próximo año ubicándolo en -6%, existen otros elementos internos como la escasez de efectivo,, la especulación, el contrabando de extracción y la corrupción, con incidencia sobre variables microeconómicas, que sumados a las expectativas de elecciones presidenciales, auguran un año 2018 terrible, aunque la manipulación irresponsable del régimen pretenda mantener una ilusión de normalidad, sobrevendrá  un incremento en la represión y mayor restricción de las libertades.

El año 2018 parece ser el año de la definición histórica del país, más dictadura o el rescate de la democracia y la libertad.