Brasil: ¡Milagros y sorpresas!

MAXIM ROSS |  EL UNIVERSAL 25 de julio de 2013. Quizás se pueda decir que una de las grandes noticias de estos tiempos, no suficientemente tratada en los medios de comunicación, es el tema de cómo Brasil pasó del milagro económico y social a  la sorpresa de que, en muy pocos años, esa situación cambió radicalmente, poniendo en tela de juicio los logros a los cuales muchos líderes políticos elogiaron hasta la saciedad. El modelo brasileño se convirtió en el paradigma a imitar y a seguir y ahora la pregunta válida es ¿Qué sucedió?  Dejamos unos datos que ayudan a comprender esta breve trayectoria.

Una introducción necesaria
Creo conveniente, antes de examinar el caso del Brasil, escribir unas palabras sobre la experiencia latinoamericana de largo plazo, en cuanto a los saltos que se han producido en el crecimiento económico y en la inflación, dos de las principales variables que dan cuenta de cómo se enfocan y resuelven los problemas económicos, más todavía si recordamos los impactos sociales, políticos e institucionales que han tenido en la región. No está demás recordar el gran salto que va de la hiperinflación a la "caja de conversión" en Argentina y, de esta, de nuevo a la inestabilidad o de la "década perdida" a la apertura de los noventa, para regresar, en la mayoría de los países a los socialismos de todo tinte. Brasil era, parecía, el modelo a seguir, estable, continuo, orientado mitad y mitad hacia adentro y hacia fuera. ¿Qué pasó?
  
El milagro brasileño
Dos cosas caracterizaron el modelo brasileño en los últimos años, crecimiento económico relevante, sin inflación y logros sociales importantes, entre ellos, considerable éxito en reducir la pobreza, pero antes de ese período otro, menos publicitado, la estabilidad económica que inauguró Cardozo, un economista perteneciente a las viejas y olvidadas escuelas izquierdistas latinoamericanas, que dio el "salto cuántico" y se fue por el camino de los equilibrios macroeconómico, buenas políticas públicas, y puso al Brasil en la era de la moderna economía. Como dato relevante de esa época no olvidemos que el real se revaluó y se mantuvo parejo al dólar durante muchos años.
En la era de Lula y Dilma los resultados económicos fueron significativos. Entre 2010 y 2011 la economía creció 7,5 y 2,7%. El consumo y los salarios 7 y 4%, 9 y 9,7%, respectivamente. El balance externo fue positivo, el saldo comercial creció, pero fue debilitado por egresos no comerciales que daban señales de alerta. El saldo en cuentacorriente nunca pudo ser financiado con las ventas externas, aun cuando se acumularon en esos años crecientes reservas internacionales, las que alcanzaron a la astronómica suma de US$ 377 mil millones a finales del 2012. Sorprendentemente Brasil mantuvo superávits fiscales durante ese período del orden de un 2  a 3% del PIB.

Los resultados sociales
Mantenida la inflación bajo control y con una tasa de desempleo en descenso los salarios reales apuntalaron los logros sociales. El ingreso por persona del brasileño saltó en pocos años de US$ 4.599 a 5.873 del 2005 al 2011. El índice de pobreza ya había comenzado un progresivo descenso desde el 48% en 1990 hasta un 30% en 2007 y de allí en adelante una acelerada reducción hasta cerrar 2011 con 18%. Un dato interesante el empleo creció principalmente en el sector privado y mantuvo su peso en el sector público. Ciertamente hubo cambios bien significativos que mucho tuvieron que ver con el salto del 2010 y el 2011. Ahora toca preguntarse sobre la continuidad y sostenibilidad de estos resultados,  a juzgar por las protestas recién aparecidas en el ámbito social.

¿Cambios de signo?
Un frenazo equivalente al que aplicaría uno de esos trenes de altísima velocidad registró la economía brasileña en el 2012, pasando, recuerdan de un crecimiento de 7,5% en 2011 a 0,9 en el 2012, incluyendo un "cambio de signo" en el patrón inflacionario, variable que estuvo bajo control hasta esa fecha y que era uno de los iconos de la política económica. Las explicaciones, según distintas fuentes  van en dos grandes direcciones. El consumo privado lideró el crecimiento, apuntalado en el crédito, el cual llegó a límites excesivos y también. Al aumento de los salarios reales. Estos últimos dañaron la competitividad externa al no ser acompañados por un incremento sostenido de la productividad lo que, a su vez, generó deterioros relevantes en las cuentas externas. Eso, por un lado, por el otro un excesivo intervencionismo público frenó el aumento de las inversiones, nacionales y extranjeras, que habían motorizado el salto del 2011. Ahora Brasil se enfrenta a la típica receta de reestablecer equilibrios y tiene dos salidas: o se apuntala en las inversiones deportivas próximas o llama al regreso a Fernando Henrique Cardozo. ¡Interesante!

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