En este país uno no sale del permanente asombro en el día a día. Los acontecimientos nos están atropellando a una velocidad inusitada. Algún conocido recientemente nos decía: “Apenas estamos comenzando el segundo mes del año y ya parece como que si estamos en el tercer trimestre del año”, como consecuencia de la gran cantidad de noticias que se están produciendo en el país.

Como es dominio público, no había terminado la navidad y se presentaron los escándalos financieros con los bancos intervenidos por el Estado a sus amigos boliburgueses, en el cual cientos de ahorristas quedaron sin cobrar sus dineros depositados en esos bancos. Luego de manera súbita comenzando el año nuevo, nos sorprendieron con la crisis de los servicios públicos (colapso de energía eléctrica y el agua). Eso sin tocar las crisis de la salud, educación, seguridad, telecomunicaciones, entre otras. Posteriormente, un día de después de la fiesta de los Reyes Magos, y de manera siligiosa y sin mucha bulla, lanzaron lo de la devaluación cambiaria o como la llama el régimen: “rectificación cambiaria”, donde ahora se tienen tres tipo de cambios Bs. 2,60 el preferencial, Bs. 4,30 el petrolero y el dólar permuta; que antes era el innombrable. Y que fue aplaudida por el Fondo Monetario Internacional.

No cabe ninguna duda, que con esta devaluación el Gobierno va a obtener más bolívares no del sudor de su frente, sino del sudor de los bolsillos de los venezolanos, para enjugar el gasto público y encarar el compromiso de las elecciones del próximo 26 de septiembre del año en curso y, al mismo tiempo, con esta nueva paridad cambiaria, será más combustible para ese nefasto impuesto como es la inflación. Además que será tierra abonada para la corrupción, el compadrazgo y la genuflexión política.



Pero volvamos a reflexión de esta oportunidad, que está relacionada con la crisis de los servicios públicos y, en particular, el problema de la luz eléctrica. Tengo la impresión de que el Gobierno no le está hablando con claridad al país sobre las implicaciones de la energía. No son el fenómeno climático del niño, el crecimiento excesivo de la demanda y el consumo de energía, los responsables de la crisis eléctrica. Esa es una mentira piadosa que el Gobierno intenta hacer ver a los venezolanos. Hacer apuesta que la crisis se acabará cuando vengan las lluvia en mayo, es no decir la verdad.

Ahora bien, la verdadera realidad sobre lo que está ocurriendo en materia de electricidad, obedece a que en el país no se invirtieron los recursos necesarios, ni se construyeron las obras que se requerían y, al mismo tiempo, los mantenimientos efectuados fueron, por lo demás, insuficientes para mejorar el déficit de energía. Y aunado a todo lo anterior, se produjo la sustitución de profesionales por personas sin la debida experticia en una área tan delicada del conocimiento como lo es la electricidad y, por ende, allí están los resultados a la vista de todos. Y en consecuencia, los que están llevando la peor parte, es la población en general, la cual está siendo perjudicada con su calidad de vida.



Por otro lado, el sector productivo de la economía nacional, las grandes empresas, la pequeña y mediana industria; aquellos que producen riqueza y empleo para el país, se encuentran en los actuales momentos, padeciendo y siendo victimas de sucesivos apagones y, además, de continuos racionamientos, cuya duración sólo la conocen la mente de los advenedizos e improvisados funcionarios gubernamentales, que tienen la misión de aplicar cronogramas de cortes, racionamientos y suspensiones del servicio eléctrico, lo que se ocasiona grandes pérdidas significativas a la economía venezolana y la población en general, produce daños parciales o totales en los aparatos eléctricos y equipos electrodomésticos.

Según Lara (2010), recordó:”Que en 1998 la demanda en el sistema interconectado era 10.854 MW y había una capacidad disponible para satisfacer de 14.600 MW. Actualmente la generación es de 14.900 MW. No es la culpa de El Niño que tengamos la misma capacidad de hace 12 años, mientras iba creciendo la demanda” (Tal Cual).

Finalmente, sino se toman las medidas y se hacen los correctivos necesarios, los venezolanos estamos al borde de un colapso eléctrico, el cual será inevitable en el año 2011. Seguramente está crisis no tiene solución con medidas en el corto plazo. La solución pudiera estar en el mediano y largo plazo, es decir que llevará algunos años tomar nuevamente el ritmo de crecimiento; eso, si contando con una gerencia que tenga columna de hierro y muralla de bronce, que sea capaz de tomar las decisiones, tener independencia, contar con los recursos para invertir y la voluntad de ejecutar los trabajos pendientes.