Miguel Salazar – Editor en Las Verdades de Miguel – migueleditor@lasverdadesdemiguel.net 

I

Apreciado camarada Presidente, desde la última vez que nos vimos (2001) han pasado varios años, casi el tiempo que lleva el socialismo bolivariano. A pesar de siempre soñar con la utopía, hace 30 años para nuestra generación era impensable una revolución en Venezuela, por ello para mí son eternos todos los recuerdos de la época. Quienes nos antecedieron fueron derrotados durante la lucha armada de los años sesenta; en cambio a nosotros no nos quedó otra alternativa que armarnos con la fuerza del espíritu. En estos días hablaba con un chavista convencido, quien, para referirse al Socialismo Siglo XXI, con cierto dejo de tristeza me comentó: “Ojalá y éste no termine siendo un cuento de camino”. Sería muy lastimero que su gobierno terminara siendo el más chambón que ha tenido Venezuela en toda su historia.

II

Compañero Presidente, si una pérdida me ha dolido en la vida fue la partida de Chávez. Como también me han afligido las circunstancias que rodearon su final. Soy uno más de esos venezolanos que nos sentimos burlados con el tratamiento informativo que desde el Gobierno se le dio al desarrollo de su enfermedad y más sobre sus últimos días. Le confieso que sospecho que nos mintieron, que montaron una trama para justificar no sé qué cosa; tengo también la impresión de que a raíz de ello se conformó un marco de complicidades, permitiendo que elementos nunca identificados como revolucionarios, por conocer los intríngulis de la muerte de Chávez ascendieran a altos cargos.

III

Soy de los que piensa que la alegría no se puede decretar, mucho menos ahora cuando vemos grandes cantidades de ciudadanos buscando cómo comprar los productos que aparecen intempestivamente en los anaqueles; muchos de ellos se consiguen siempre y cuando se paguen precios irreales. Cada día que pasa, la alegría oficial no se refleja en el ánimo de la gente. Uno termina creyendo que estamos metidos en la más execrable torpeza económica conocida en mucho tiempo.

IV

Nosotros, compañero, estamos para decirnos las verdades, y si hay algo que percibo en el ambiente es la creciente impopularidad del Gobierno, sobre todo entre los más jóvenes. Pareciera que la gente de a pie se percatara de que el socialismo no puede remediar la grave situación que vive la República. No hace falta ser un buen observador para constatar el descontento… y no todo lo que salta a la vista puede atribuirse a la guerra económica. En las bases de la militancia las críticas son rigurosas. Particularmente, creo que el estudio de la situación hecho por el Gobierno se ha apoyado en una hipótesis incorrecta, que se trata de un capítulo más de una dilatada confabulación: estimo que se ha perdido el tiempo apelando a recursos fantásticos para demostrarla.

V

Estimado camarada, no hay revolución si no se extirpa la doble moral. La corrupción ha alcanzado inclusive hasta los estratos populares, incluyendo a las comunas. No hay un sector de la población que esté exento de actividades censurables. El enriquecimiento ilícito es una constante. Se conoce de individualidades inescrupulosas, que uniformadas como las vanguardias de la revolución hacen todo tipo de negociados a expensas del Estado. De la corrupción hay tantos cuentos que darían para un compendio de nunca jamás. De sumas exorbitantes de dinero, de amantes, de lujos, de yates, de regalos sólo imaginables en un rey saudita, de delirios bancarios y desafueros. Pareciera que uno se estuviera paseando por lo más decadente de la Rusia zarista.

VI

La procesión va por dentro. El pueblo sabe que la impunidad protege a quienes saquearon más de 126 mil millones de dólares a través de Cadivi. Hoy ese funcionariado que hizo posible tal defalco, sonríe, presumiendo de la prerrogativa que le da la inmunidad, esa que los pone a buen resguardo de las leyes. Son actitudes indignas e indignantes. Usted, camarada Presidente, si se lo propone puede echar a los corruptos.                     

VII

Para nadie es un secreto que la revolución bolivariana ha estado a merced de la política informativa de los reaccionarios. Se trata de una histeria mediática sin precedentes; de una prensa, hablada, televisada y escrita que no hace otra cosa que desearnos una aniquilación planetaria. La negligencia está bien dosificada; si el Gobierno no hubiera escondido, ni escondiera la verdad como lo hace, no hubiera sido tan fácil distorsionarla. Eso demuestra que mucho más peligroso que una mala información es la falta absoluta de la misma. La violencia que vivimos durante los primeros meses de 2014, fue ampliamente difundida a través del mundo de una manera perversa y tendenciosa. ¡Qué mentiras no se dijeron sobre Venezuela!

VIII

Compañero Presidente, me ha llamado la atención que el antinorteamericanismo de estos días (bien sustentado por demás, tras el decreto de Washington de declararnos como una amenaza continental), vaya también acompañado con buena dosis de rechazo a extranjeros de otras latitudes y a cualquier conducta que huela a intervencionismo. Aprecio que más allá de lo esperado por su Gobierno, el sentimiento nacionalista arrastra consigo también la amargura por cómo, cada día que pasa, la vida se va haciendo más dura y cómo esos extranjeros se llevan cuanto encuentran en Venezuela.

IX

Camarada Presidente, a propósito de la actual tirantez diplomática venezolana-estadounidense, usted solicitó una Ley Habilitante para enfrentarla. Hago votos porque no ocurra lo mismo que sucedió con la Ley Habilitante que le antecedió, cuyo argumento principal fue el combate a la corrupción; sin embargo, le recuerdo que su tesis se hizo sal y agua. ¿Por cierto, no le parece extraña la formidable (por lo dispendiosa) campaña publicitaria antinorteamericana? Habría que preguntarse quién está detrás de ese negocio que significa una fuerte erogación del presupuesto nacional. ¡Cuántos sindicatos, ONG y colectivos inventados en su mayoría desplegando grandes avisos, inclusive en medios de oposición! ¿Quién paga? ¿Quién se lucra?

X

Camarada Presidente, se habla del socialismo como manera de superar las taras del capitalismo, pero es notable la ausencia del proletariado como clase social de vanguardia en el proceso, y lo que es más grave, ésta ha sido sustituida por un grupo que intenta imponer una forma de gobierno que salvaguarde los privilegios que ha logrado en el usufructo del poder. No se puede negar que amplios sectores del pueblo han ganado ciertas conquistas mejorando su calidad de vida, como tampoco se puede ocultar que buena parte de estos carecen de conciencia política. Hoy ese mismo pueblo comienza a notar que debe trabajar el doble (en tareas ajenas a su empleo) para poder comprar un par de zapatos. ¿Usted se ha preguntado, compañero Presidente, sobre el efecto devastador de la última devaluación del bolívar? Dirán que se trata de una óptica consumista para analizar las cosas, pero, ¿cómo explicarles a nuestros trabajadores que en el capitalismo de la metrópolis los obreros tienen mejores condiciones de vida? Definitivamente, no se ha hecho un trabajo ideológico donde más debe hacerse. La desvinculación de los dirigentes con el pueblo es cada vez más infranqueable. No hay socialismo posible cuando desde cualquier rincón de la administración pública, hasta la cocina de cualquier vivienda, existe una inconformidad razonable e irrefrenable.

XI

Si uno de los problemas fundamentales del país es el económico, ¿por qué el objetivo más importante para el Gobierno es el político, cuyo fin es permanecer en el poder por encima de lo que sea? ¿Quiere que le diga, camarada Presidente, cuál en mi impresión global de lo que está pasando?, pues nada, simplemente nuestro sistema está muy lejos del socialismo que idealizamos cuando teníamos 20 años. Estamos hoy frente a una amarga realidad, cuya tensión interna ha de estallar tarde o temprano si no se corrige a tiempo. Todas estas reflexiones las hago públicas a sabiendas de que los reproches de los extremistas no se harán esperar, inclusive no faltará quien me considere un agente del imperialismo. Creo tener la razón, aunque una razón indeseable, pero es necesario asumir que el país se encuentra atascado en un callejón. La crisis se agudiza y le escribo porque sé que en usted descansa una responsabilidad histórica, que no es otra que la suerte de la patria. Siempre existe el riesgo de que los acontecimientos desborden a sus propios protagonistas y algo de esto parece estar ocurriendo. No sé si el Gobierno estará consciente de cuánto le compete, y de qué modo tan directo, el quebranto de Venezuela. Son verdades que duelen, pero hay que decirlas, lo contrario sería dejar al país en manos de los partidarios de una dictadura criminal, los reaccionarios de siempre.

XII

Hace unos días usted leía una carta de Fidel Castro, en la cual éste afirmaba que los gringos no le perdonaban a Chávez haber compartido las riquezas de Venezuela con sus vecinos caribeños. Como venezolano me importa poco lo que piensen los extranjeros sobre nuestra actuación, pero no avalo que los recursos de nuestro país se compartan cuando padecemos penurias, pues entonces sería una realidad el viejo adagio: Claridad para afuera y oscuridad para la casa. No es un secreto que Chávez le ofreció a Cuba lo que no le pertenece, como en el pasado Juan Vicente Gómez le entregó a los gringos lo que tampoco era de su propiedad. Para finalizar, camarada Presidente, el Gobierno no puede negar que el terrorismo oficial (si existiere) es tan ominoso como el terrorismo opositor. Es tiempo de enmendar la plana y quitarle la razón a quienes sostienen que este es el peor gobierno de nuestra historia republicana. Usted tiene la palabra. Su compatriota, Miguel Salazar.

Fuente: http://www.lasverdadesdemiguel.net/edicion-525-hacia-donde-vamos-proceso-al-proceso/