Fumándose el sueldo

ROSSENDDOMÈNECH. ROMA (Tomado de El Periódico.com/Internacional)

La ley contra el tabaco en los lugares públicos, que entró en vigor en el 2005, se está insinuando en algunas empresas italianas de una manera especialmente drástica: con recortes del salario de los fumadores de acuerdo con el número de horas dedicadas al cigarrillo. Según las asociaciones de fumadores, la nueva tendencia no prosperará, o provocará los conflictos sociales, laborales y políticos que, en un país indisciplinado como Italia, no provocó la prohibición de fumar en los lugares públicos.

«Empezamos a aplicar los recortes unos años después del referendo que hicimos en el 2000 entre los trabajadores de la empresa para saber si querían fumar o no», explica Umberto Signorini, presidente de Antex, una sociedad de Milán que emplea a unas 730 personas. Otras industrias han empezado a seguir el mismo camino, pero no existe una estadística nacional sobre cuántas aplican esta norma, que no está prevista por ninguna ley.

11 minutos por pitillo.

La idea fue lanzada el pasado noviembre por Paolo Citterio, fumador y presidente del GIDP, asociación que agrupa a los directores de personal de 1.850 empresas con más de 250 empleados. «Fue una provocación intelectual», dice.

La asociación investigó en 149 pequeñas y medianas empresas y constató que el tiempo necesario para fumar un pitillo es de 11 minutos (3 para ir, 5 para fumar y 3 para volver). «Un tiempo enorme, perdido», subraya Citterio, según el cual estos 11 minutos deben multiplicarse por las, al menos, seis veces que el empleado abandona su puesto en una jornada laboral. «Ese tiempo no puede ir en menoscabo de los beneficios de la empresa, por lo que debe ser descontado a los interesados», puntualiza.

Signorini explica por su parte que en el referendo en Antex el 83% de los empleados se declararon dispuestos a aceptar que no se fumase en ningún ambiente, lo que significa que el 17% se declaró contrario. «No se trataba de imponer nada a nadie, sino de convencer», añade. Así, la empresa apostó por mentalizar a los trabajadores, a través de encuentros con responsables de la sanidad pública y con expertos del Instituto del Cáncer

Al cabo de siete años, solo el 5% o el 6% de los empleados siguen fumando en horario laboral, y para hacerlo salen de la industria, fichan, fuman y registran la nueva entrada. El ejemplo de Antex ha sido seguido ya por seis de las 149 pequeñas y medianas empresas analizadas por el GIDP. No son muchas, pero esto acaba de empezar.

Los que protestan son las asociaciones de fumadores (200.000 socios) y de defensa de los derechos individuales. Los responsables de una de ellas, Forces, definen la propuesta de Citterio, como «un farol propagandístico» en la línea de las ideas represivas procedentes de EEUU, para castigar el tabaco, llegando incluso al despido. «Es una discriminación», afirman, y denuncian que sólo el 1% de los restaurantes, han creado una zona de fumadores y sólo el 20% de las empresas, han preparado salas adecuadas.

En una carta a los tres principales sindicatos del país, Forces acusa de «racismo», a las empresas que recortan el salario y ha recordado que una ley de 1994 prevé una pausa de 15 minutos cada dos horas para ciertos empleos, entre ellos los de quienes operan frente a una pantalla. «Hasta ahora no habéis dado ninguna señal de vida», reprocha a los sindicatos.
«Las pausas están previstas sólo para algunos trabajos y, en todo caso, tomar un café dentro de la empresa no requiere el mismo tiempo que salir a fumar y volver», replica el presidente de Antex.

Menos fumadores

Según el centro de análisis Doxa, desde el 2001 hasta diciembre del 2005, dos millones y medio de italianos han dejado de fumar, y con la ley antitabaco del 2005, ha bajado un 1,3% el número de fumadores. Restaurantes y bares se adaptaron inmediatamente a la prohibición y son muy pocos los que han dispuesto salas en las que se pueda fumar. Una guía nacional de locales que lo admiten, publicada por el diario comunista Il Manifesto, agota la lista en menos de dos docenas de páginas.

Aunque a veces la picaresca ayuda a resolver los conflictos. Si hay aglomeración en la puerta de un restaurante casi nunca es indicio de cola para entrar, sino de clientes que están haciendo una pausa, reunidos en torno a una mesa, unas sillas… y un cenicero. Otra alternativa es que, pasada la medianoche, el titular del local cierre la puerta, pregunte a las mesas que hayan quedado y reparta ceniceros. Pero lo del salario ya será otro cantar, aseguran en Forces.

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