Hay varias circunstancias que están haciendo que actualmente los empresarios venezolanos miren con creciente interés la posibilidad de exportar. Los controles de precios y la caída del mercado interno llevan a que el exportar se convierta casi en una tabla de salvación que les permita elevar su rentabilidad promedio y evitar así el cierre de la empresa. También el exportar parte de la producción se convierte casi en la única vía para obtener dólares, que son imprescindibles para mantener la actividad productiva global de la empresa. Sin embargo, les asalta a todos la duda sobre hacia donde exportar.

Se piensa que hay que comerciar con los países vecinos, pues los costos de flete son menores y el conocimiento reciproco es mayor. En ese sentido, Colombia y Brasil son mercados de condiciones económicas y demográficas atrayentes, pero no lo son en la misma forma los múltiples países del Caribe, que aun cuando cercanos, son países con un mercado interno muy pequeño y muy abiertos a los intercambios con Europa y/o con Estados Unidos.

Otro aspecto importante a considerar es la existencia o no, entre Venezuela y un eventual país de destino, de acuerdos o tratados comerciales que permitan que los productos venezolanos gocen de alguna ventaja arancelaria con respecto a los productos provenientes de otras zonas del planeta. Venezuela se ha quedado bastante rezagada en materia de esos acuerdos, pero, aun así, en el ámbito latinoamericano, por obra y gracia de los acuerdos firmados en el contexto de la Asociación Latinoamericana de Integración, ALADI, gruesa parte del comercio intrarregional se encuentra liberado de aranceles y ya en el año 2018 se completará ese proceso. La experiencia en esta materia parece indicar que los acuerdos y tratados comerciales son importantes, pero tienen que ir acompañados de una intensa actividad de promoción de exportaciones, sin la cual las oportunidades que se abren con los acuerdos o tratados no llegan a ser conocidas ni aprovechadas por los agentes económicos que eventualmente podrían comerciar entre si.

En síntesis, podríamos decir que los países que se elijan como países de destino tienen que ser países donde se visualice la existencia de un mercado comprador cuantitativamente atrayente para las mercancías venezolanas y donde se pueda llegar con las mismas en condiciones competitivas. Para analizar cuáles son esos países no hay recetas universales. Depende desde luego del producto que se desee vender. Pero en todo caso, hay que hacer estudios de mercado suficientemente serios antes de dar pasos en el campo de las exportaciones, pues los tropiezos o caídas iniciales pueden inhibir durante varios años más la actividad exportadora que se supone Venezuela necesita, con urgencia, llevar adelante.