La agorafobia y el comportamiento del venezolano

La agorafobia es un trastorno psicológico que  está fuertemente unido a la crisis de angustia”.  www.Amadag.com

Para entender qué significa agorafobia, se necesitan dos palabras. Agora + Fobia: Agora viene del griego que significa plaza pública, lugar de reunión o discusión; y Fobia viene del griego phóbos que simboliza temor, miedo mórbido sobretodo por su carácter obsesivo. Y nada mejor que juntar estas dos palabras y crear una sola para definir lo que hoy conocemos por Agorafobia, que según la DSM IV-TR (Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales, por sus siglas en inglés) es la “ansiedad por encontrarse en lugares o situaciones en los cuales la fuga pueda ser difícil (o embarazosa) o en los cuales pueda no tener ayuda disponible en caso de tener un ataque de pánico inesperado o situacionalmiente predispuesto o escenarios semejantes al pánico. Las situaciones más comunes incluyen estar solo en casa; estar en una multitud o esperar en una fila; cruzar un puente y viajar en coche, autobús, tren o avión.”

Aunque puede existir agorafobia sin historia previa de trastorno de angustia o ansiedad, lo más común es que ambas psicopatologías vayan de la mano. Por esta razón, es necesario definir ambos conceptos y situarse en un marco conceptual más completo. Así, a través de él, el(a) lector(a) podrá comprender mejor en qué consiste la agorafobia.

La crisis de angustia, también denominada en la literatura científica como ataque de pánico o ansiedad, conlleva la aparición súbita, de forma aislada y temporal, de miedo o malestar intensos. Suele venir acompañada de algunos síntomas característicos, tanto fisiológicos (palpitaciones o sacudidas en el corazón, sudoración, temblores, sensación de ahogo o de atragantamiento, opresión torácica, náuseas o molestias abdominales, mareos) como cognitivos (sensación de irrealidad, también llamada desrealización, alteración de la percepción de uno mismo o despersonalización, creer que uno va a perder el control o va a volverse loco o bien pensar que va a morir).

La crisis cambió el comportamiento de los venezolanos. Los escenarios nacionales actuales están totalmente llenos de componentes agorafobilos. Los siguientes casos reafirman estos inimaginables contextos. María por no conseguir la leche y los pañales para su hijo, la preocupación de Arturo por no hallar el tratamiento para su padre enfermo de cáncer, la desdicha de Eloina porque un delincuente le arrebató la vida a su esposo. En Venezuela, cualquiera es María, Arturo o Eloina. Nadie escapa del drama que implica vivir en un país en el que no se garantizan derechos humanos básicos como la alimentación, la salud y la seguridad. Las dificultades diarias que enfrenta el venezolano parecen interminables.

Además de las colas para adquirir comida, es necesario ¿estirar? el dinero por una hiperinflación disparada. La nueva y continua devaluación de la moneda han incrementado los precios en todos los ámbitos que, según economistas, dudosamente pueden ser soportados por un aumento de salario de 50%. Ahora, súmele bañarse usando un tobo gracias al racionamiento de agua y esperar a que no se dañen los electrodomésticos por los apagones. Ante un panorama desolador, psicólogos sostienen que el venezolano ha cambiado.

Angustia, miedo, ansiedad, depresión, indignación, enfermedades psicosomáticas, inseguridad ante el futuro, agresividad, desesperanza, apatía, repliegue individual y reducción de actividades en espacios compartidos, son algunas de las emociones y reacciones que vive la población venezolana como consecuencia de la crisis económica, social y política, de acuerdo con el análisis de la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV) y la Red de Apoyo Psicológico (RAP). La frecuencia e intensidad de estas emociones y reacciones están produciendo cambios dramáticos en el comportamiento del venezolano.

La FPV y la RAP, en un documento emitido el pasado marzo,  manifiestan preocupación por “la frecuencia e intensidad de estas emociones están produciendo cambios en el comportamiento del venezolano, donde la integridad del otro o la propia está siendo afectada”.

Consideran que la aguda polarización que se vive en el país, más la inflación que merma la cantidad y la calidad de lo que puede comprarse con los ingresos , las largas horas de cola para adquirir alimentos y medicamentos, el aumento de la inseguridad pública, la corrupción e impunidad y la censura han desencadenado una serie de afecciones “alarmantes” entre los ciudadanos.

Venezuela, que fue un país receptor de inmigrantes de distintas partes del mundo, enfrenta en la actualidad un duro proceso de emigración que no se había visto antes. En los últimos quince años, casi cinco millones de venezolanos se han ido a otras naciones en busca de una mejor calidad de vida.

Los venezolanos que sufren de este padecimiento, suelen ser personas con un locus de control externo. Con esto se refiere a personas que tienen la sensación de que no pueden hacer algo para reducir sus sensaciones. Si uno cree que tiene algo que hacer para manejar la ansiedad, es menos frecuente que termine desarrollando una agorafobia. Ya que ésta es vivida más como una maldición que como un problema a resolver.

En AMADAG (Asociación Madrileña de Agorafobia) tiene como misión dinamizar terapias de grupo donde hay la posibilidad no sólo de conocer a personas con el mismo trastorno en diferentes niveles de evolución y con diferentes modos de afrontar sus miedos, sino también tomar conciencia de lo que realmente le pasa a nivel interno y encontrar herramientas para afrontar el problema hasta la disminución/extinción de lo mismo.

Según el punto de vista de la institución antes citada, la intervención más eficaz tiene como base la perspectiva cognitivo-conductual, donde a través de técnicas especificas se trabajan los miedos que la agorafobia conlleva, bien como herramientas para prevenir, extinguir los ataques de pánico cuando es el caso. Sin embargo, y los profesionales de esta organización se han dado  cuenta que este planteamiento debe ser complementado con otras corrientes más psicodinámicas, que permitan trabajar con más profundidad, la actitud de la persona hacia el trastorno, siendo éste un punto clave en la recuperación de la persona.

Sería interesante y para el bien de la sociedad venezolana que tanto la FPV como  la RAP, establezcan una alianza estratégica  con esa institución española y, muchos de esos conocimientos y estrategias se pongan en práctica aquí en Venezuela.

 

 

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