La importancia de la Madurez

Los más valiosos son, sin duda,
los que tienen el más claro propósito…
y le salen al encuentro”
Tucidades.

Su alforja de buenas acciones realizadas estará casi llena o simplemente con su discernimiento y autoanálisis de esa constante reflexión que realiza mientras permanece en este plano, habrá descubierto qué tan auténtico es, cuáles son sus imperfecciones, qué ha estado haciendo con respecto a ellas, cuánto realmente ha crecido, còmo ha enfrentado al encanto aparente de los estímulos externos, que al no sabérselos identificar podemos quedar atrapados en ellos, en las redes del malla (ilusión). Concretamente, cuánto ha madurado.

Lo cierto, que a través de estas inquietudes lo invitamos a reflexionar, indagar, mientras permanezca en esta dimensión, la importancia de la madurez, especialmente cuando hay hechos permiten evaluarla. Al respecto, el profesor Leo Buscaglia, nos comenta, que jamás ha podido comprender el motivo de que, puesta a elegir entre la alegría y la tristeza, la gente escoja por lo general la tristeza.

Nos agrega además, que de acuerdo a su experiencia y trato con las personas, ha descubierto que la mayor parte tienen una absoluta falta de respeto por sí mismos como personas, probablemente usted ya lo ha comprobado. No nos extrañe el oír quejas, que están en disgustos consigo mismos y con sus circunstancias, a escaparse de la realidad y atribuir que sus desgracias, es mala suerte o todo ese tipo de mecanismos de defensa que la psicología ha tratado ampliamente, dejando entredicho lo que se ha madurado.
De aquí que no nos debe sorprender, que no confíen en nadie e, incluso, ni de sí mismos, lo que seguramente ni siquiera quieren reconocer sus fallas, confesarse con su Yo interno, a pesar de la dolorosa conciencia de si. Por tanto, la afirmación de Buscaglia es válida, de que estas personas -que no es su caso- le temen a los riesgos, carecen de fe y se burlan de la esperanza como si fuera una tontería romántica. Parecería que les gusta vivir en constante angustia, temor y rendimiento. Les atemoriza vivir en el presente, y se sienten casi desvastados por el pasado, de aquí que no nos debe de sorprender el que hay quienes se quedan también en ese pasado, viviendo de recuerdos o tratando de emular a quienes triunfaron en esos escenarios.

También los hay quienes se tornan demasiado cínicos como para confiar, y demasiados suspicaces como para amar. No debe extrañarnos que nos encontremos con personas que murmuran negativas y amargas acusaciones, agregando además, que constantemente se quejan de su mala suerte, de que no son comprendidas, y como se comenta, el que culpan a un Dios indiferente o bien, se lo atribuyen a su karma, a sus padres, que quizás los califican de neuróticos fracasados, o a una sociedad alienante, enferma de haberlos colocado en un infierno irremediable en el cual se sienten impotentes, defraudados, aprovechados, explotados.

Simplemente no quiere o no pueden aceptar su potencial, y de ahí a que se refugian en sus limitaciones.

Es interesante con respecto a esto, lo que Buscaglia indica: Hay quienes viven matando el tiempo, como si dispusieran de todo el del mundo, se olvida, que somos transitorios y que cada minuto que vivimos es una ganancia que debemos optimizar en función de nuestro crecimiento. Son muchos los que nos se preocupan por carencia de madurez, el de alimentar sus actitudes para enfrentar las penosas situaciones, buscar soluciones que les permita incrementar sus conocimientos y dar respuestas a sus inquietudes.

Las personas maduras poseen el sincero deseo de ser productivas, y de serlos a favor de los demás. Desean compartir sus experiencias, aceptan su trabajo con optimismo y buscan ser los más productivos, éticos, morales y justos. Son tolerantes, flexible, comprensivos, receptivos, autónomos y se concentran en los procesos de invención de su propia vida.

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