La ineficiencia Venezolana

De una manera continua y proliferante, se ha acuñado la culpa de nuestros males económicos, sociales, políticos y otras índoles, a un mal balanceo de estructuras, además de una falta de liderazgo.

Se nos ha inculcado desde pequeño, que en este país no ha existido nunca un proyecto de nación, que nuestros líderes no tienen una visión de la Venezuela que necesitamos, y que eso, es la causal de la mayoría de nuestros problemas. Ahora bien, los venezolanos: ¿Sabemos lo que queremos? ¿Qué hacemos para acercarnos a la visión de país que queremos y podemos ser? ¿Por qué ese temor tan arraigado a medirnos con el resto del mundo? ¿Es que no nos damos cuenta de que nos vamos quedando atrás en todo lo que en verdad importa?

Nuestro enemigo a vencer

Más allá de lo convulsionado de nuestro actual mundo político, si hay algo que tristemente nunca ha sido prioritario para nuestro país, es la necesidad impostergable de un cambio fundamental en la mentalidad de cada uno de los que conformamos a nuestra sociedad. NUESTRO ENEMIGO A VENCER ES LA INEFICIENCIA. Esa es la batalla individual y colectiva que debemos acometer. Y que no se mal interprete y se magnifique este planteamiento. No hablo de administración, producción y distribución en el orden industrial, vayamos a las cosas más cotidianas y démonos cuenta de cuán ineficientes somos. Observemos el tráfico de la mayoría de las ciudades en Venezuela; lo que más impacta no es su volumen, sino su desorden: nadie respeta las filas, los colectivos ocupan dos canales para subir pasajeros, los carros se estacionan mal, los conductores se comen los semáforos, los peatones caminan por todos lados, menos por las aceras. Pero no sólo eso. Recordemos como se toman las decisiones en este país. En las empresas públicas y privadas (y éstas últimas son muchas más de las que se creen), lo hacemos de dos maneras: O un jefe tiene que tomarlas todas, o se monta un sistema de comités, con un proceso invariable de toma de decisiones como en la Asamblea Nacional o los Consejos Legislativos; es decir, deficiente. Todo comité comienza tarde, perdiendo tiempo en la antesala; todo comité dura el doble del tiempo que debería y, al final, difiere la decisión a una próxima reuniòn.

Ni hablemos de pagar las compras o cobrar cheques en los bancos, o hacer trámites en las oficinas públicas. Las colas innecesarias, los malos tratos, el tener que volver, porque las computadoras “se cayeron”; todos calvarios dignos de una serie televisiva. ¿Y los trabajos que se contratan desde las reparaciones hasta el mantenimiento ordinario? Nunca comienzan el día prometido, siempre toman el doble de tiempo y es rara la ocasión en que no hay que volver, al día siguiente, con la misma queja.

El defecto a corregir

Vamos a decirlo en forma clara de una buena vez: EN VENEZUELA NO HAY MÍSTICA DE TRABAJO. Eso va más allá del desinterés: Es como si nuestra sociedad tratara de funcionar con sistemas diseñados sólo a medias, sin darnos cuenta del enorme costo social en tiempo perdido y desgaste, que eso nos trae. Es importante que entendamos que la competencia con los otros países, no es sólo la de productos individuales; no, allí está compitiendo también la sociedad.

Este es el tipo de defecto que hay que corregir en el hogar, en la escuela, en la mente de cada cual. Esa es una condición colectiva no atribuible al gobierno ni a los partidos, sino a nosotros mismos. De allí que es un compromiso, que debe ser asumido por todos, en especial los jóvenes, pues son ellos (y no es crudeza, sino realidad) lo que están por heredar al país, y con él: Sus problemas, sus responsabilidades, sus privilegios… sus oportunidades para organizar una mejor sociedad democrática.

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