Preocupados por los actos de corrupción que a diario publican los principales diarios a nivel mundial, en especial los referidos a los países de Latinoamérica y atendiendo a los comentarios formulados por la Economista Kristalina Georgieva, directora del Banco Mundial en la reciente Conferencia Internacional contra la Corrupción realizada en Copenhague, traemos a la reflexión este fenómeno que está desmoronando nuestras sociedades.

La señora Georgieva afirma en su escrito divulgado por el Banco Mundial, que la falta de transparencia o precariedad del control de la función pública alimenta la corrupción, una fuerza corrosiva que afecta especialmente a los pobres y a los más vulnerables. Sus efectos son muy reales y perversos.

La corrupción impide el acceso a la satisfacción de las necesidades más básicas como la alimentación de los más necesitados, que los medicamentos y drogas lleguen a los enfermos, imposibilita la construcción y reparación de escuelas y la atención de otras necesidades. Por supuesto, que en la medida que esas situaciones se agraven, la corrupción socava la labor encaminada a lograr la estabilidad o a impedir el arraigo de la violencia y el extremismo.

Pero la cosa no termina ahí, la corrupción lesiona gravemente la imagen de un país, ahuyentando la inversión. Si en un país las leyes no garantizan una seguridad mínima y una competencia justa a las empresas, hace que muchas compañías, por razones éticas y de seguridad en sus propios negocios, decidan no operar en países con entornos corruptos.

En otras palabras, los principales efectos de la corrupción los podemos resumir, en que: i) disminuye el crecimiento y el desarrollo económico del país afectado; ii) desestabiliza la gobernabilidad democrática y es causa de conflictos sociales y políticos; iii) afecta la prestación de los servicios públicos mas importantes, como: salud, educación, seguridad y justicia y; iv) vulnera los derechos fundamentales más importantes, especialmente los de las personas con menos recursos económicos.

Y lo más dañino, es que la corrupción quebranta la confianza entre los ciudadanos y el Estado, confianza que es fundamental para que el desarrollo produzca buenos resultados. Un mal gobierno es uno de los cuatro factores que ocasionan la pobreza junto con los conflictos y la violencia, el crecimiento incontrolado de la población y los efectos del cambio climático y los desastres naturales.

En la lucha contra este perverso flagelo, es indispensable que los líderes pongan voluntad política y den visibilidad al problema y lo complementen con una buena dosis de conocimientos técnicos, buena regulación y deseos de trabajar arduamente en contra de esa fea actividad. Pero también, que la solución pase por la transparencia y controles en las cuentas públicas y la educación de los ciudadanos – que desde el seno de las familias se estimulen – valores que les enseñe a repudiar la corrupción.

En este sentido, sería positivo que las instituciones educativas formasen a los estudiantes para actuar de manera ética en la vida y en los negocios. Quizás el mayor obstáculo radica en que muchos países no están interesados en instrumentar dichas prácticas educativas.

Por otra parte, desde el punto de vista de la empresa privada sería muy positivo contar con un código ético bien definido, y hacer que este se cumpla y no quede en papeles ocultos o borrosos. Sería importante que toda empresa cuente con un equipo de especialistas y directivos que sean vigilantes en la prevención y detección de negocios indebidos en el seno de las organizaciones empresariales.

Todo esto ayudaría a que los países sean más transparentes y con mejores garantías para sus ciudadanos, elevando la confianza en sus administradores o gobernantes.

La directora del banco mundial, ha dicho que para que las iniciativas de transparencias sean eficaces debe existir la capacidad de procesar datos como una manera de mejorar la capacidad de los países de entender y usar la información eficazmente, de otro modo se corre el riesgo de que, los ciudadanos podrían ser ricos en datos y pobres en información.

También señala, que en cuanto al acopio de datos las nuevas tecnologías pueden ser de gran ayuda y esto nos puede proporcionar una nueva ventaja  en la lucha contra la corrupción. Como ejemplo, en el Banco Mundial están trabajando con una empresa mundial de tecnología, valiéndose de la inteligencia artificial para encontrar los patrones ocultos y los riegos en los datos sobre las adquisiciones.

Y como estrategia para estimular la afluencia de capital privado a los mercados emergentes y las economías en desarrollo, se debe prestar suma atención a los riesgos de la corrupción que encaran los inversores. Es decir, se trata de allanar el camino para las empresas grandes y pequeñas estableciendo marcos regulatorios adecuados e incentivando la integridad. Así mismo, prestar atención a los flujos financieros ilícitos e impedir que puedan ocultarse los fondos provenientes de la corrupción.

En fin, son diversas y complejas  las formas en que se manifiesta la corrupción. Combatirla no será fácil, pero  los llamados a controlarla no lo pueden dejar para después, si algo es indispensable por el bien de la humanidad, es luchar contra esta hasta llevarla a una mínima expresión.