La NSA y el TTIP

El diario británico The Guardian informó que en el año 2006 la NSA tuvo capacidad para vigilar las comunicaciones de 35 gobernantes mundiales, entre ellos, Merkel y el Elíseo, con lo que la cumbre europea de Otoño de la Unión Europea quedó marcada por el estigma del affaire del espionaje de EEUU a Francia y Alemania y podría finalizar con la aprobación de nueva reglas de protección de datos, para reforzar el blindaje de la UE ante EEUU.

Sospechosamente, el escándalo del espionaje habría estallado en plena negociación de un acuerdo comercial sin precedentes entre la UE y Estados Unidos y que podría sufrir los daños colaterales. Así, Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo y firme defensor del Tratado de Libre Comercio con EEUU, aconsejó que “se detuvieran esas negociaciones hasta que se aclarase la situación, pues este episodio está fortaleciendo los argumentos de aquellos que se oponen al Tratado de Libre Comercio con EEUU”, postura no asumida de momento por los líderes europeos, ya que la creación de un área de libertad comercial entre EEUU y la Unión Europea es uno de los proyectos estrella de ambas potencias.

Recordar que un acuerdo de libre comercio tiene como objetivo eliminar todos los obstáculos al comercio de bienes y de servicios, tanto si se trata de aranceles como impedimentos normativos.

Las relaciones comerciales EEUU-UE han estado salpicadas por frecuentes contenciosos que han terminando con el arbitrio de la Organización Mundial del Comercio (OMC), “un escenario político que permite salidas negociadas sin llegar a un proceso contencioso de solución de diferencias” en palabras de Jorge Argüello. Así, tanto EEUU como la UE serían en teoría economías defensoras del libre comercio, pero de facto están estigmatizadas por endémicas medidas proteccionistas agrícolas (PAC y Farm Bill) que “perpetúan un sistema de comercio multilateral desequilibrado y que constituyen una prueba más del doble estándar existente entre países desarrollados y en desarrollo en materia de comercio internacional” según Argüello.

 Tanto la PAC como las Farm Bill surgieron con el propósito de lograr que los ingresos de los agricultores y ganaderos se mantuvieran en un nivel similar al de las poblaciones urbanas, pero progresivamente se fueron transformando en una herramienta de los gobiernos para desarrollar sus programas ideológicos y contentar a los lobbies de presión (la UE destina anualmente cerca de €50.000 millones (47% de su presupuesto) para subsidiar la agricultura y en EEUU, la Ley Agrícola “Farm Bill” 2008-2013”, nació con una dotación de US$ 300.000 millones).

La cronología de los desencuentros comerciales EEUU-UE empieza en el año 2000, cuando la UE estableció una moratoria de facto sobre la aprobación de nuevas variedades de plantas obtenidas mediante ingeniería genética (OMG), decisión que fue recurrida por EEUU en el 2005 ante la OMC. Asimismo, en el 2005, asistimos a la disputa entre ambos Estados por sus respectivas ayudas públicas a los fabricantes de aviones Airbus y Boeing, (inmersos en una lucha enconada por encaramarse al primer puesto de la construcción aeronáutica) y en el 2008, la OMC estimó que la Unión Europea (UE) violaba las normas comerciales con su régimen de importación de plátanos y en particular lesionaba los intereses estadounidenses.

Sin embargo, la disputa originada en 1988 por el veto comunitario a la carne con hormonas, ha sido uno de los principales contenciosos comerciales entre la Unión Europea y Estados Unidos-Canadá. En consecuencia, siguiendo el principio “acción-reacción”, EEUU y Canadá llevaron el caso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1966 obteniendo el fallo favorable, lo que dio lugar a la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos y Canadá a una lista de productos europeos (carne de vacuno y porcino, el jamón, el queso, las cebollas, las trufas o los zumos). Finalmente, en el 2012, los Estados miembros de la Unión Europea aprobaron cambios en la legislación que regula la importación de carne de vacuno de Estados Unidos y Canadá, permitiendo el aumento de las importaciones de carne de vacuno sin hormonas desde dichos países, (aunque la procedente de animales criados con hormonas seguirá vetada en el mercado europeo) y tanto EEUU como Canadá, eliminaron las sanciones a los productos comunitarios, con lo que se puso fin al más largo litigio comercial entre la UEE y EEUU-Canadá.

Recientemente, la UE y Canadá han logrado tras cuatro años de negociaciones, un tratado de libre comercio para eliminar el mayor número de aranceles y obstáculos normativos para la compra de bienes y servicios y su entrada en vigor significará, según los datos de la Comisión Europea, un aumento del 23% del comercio que significará 12.000 millones anuales de más para la UE, acuerdo que sería tan sólo la antesala de un proyecto gigante de ingeniería comercial todavía embrionario, el Tratado Comercial Transatlántico (TTIP en inglés), pues EEUU y la UE representan casi el 50% del PIB mundial y el 40% del poder adquisitivo del mundo; y en caso de concretarse su aplicación, asistiríamos a la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo con 800 millones de habitantes, aunque en la actualidad la balanza de pagos sería favorable a la UE con un excedente comercial de 86.000 millones de euros.

Según el instituto alemán IFO,  dicho Tratado supondría unos beneficios de 119.000 millones de euros para la UE y de 95.000 millones de euros para EEUU así como un incremento estimado del 0,75% del PIB europeo y la generación de 400.000 nuevos empleos en Europa  Sin embargo, aunque todos los países apoyan políticamente unas negociaciones que deberían finalizar para el 2016 y que en teoría tan sólo implican la eliminación de aranceles, la normativa innecesaria y las barreras burocráticas, en la práctica estarían plagada de escollos, como la normativa alimentaria y fitosanitaria.

Así, según la ‘informacion.com’, entre los principales escollos para conseguir un acuerdo satisfactorio para las dos partes, estaría la normativa de la UE que prohíbe la utilización de hormonas y limita las autorizaciones de organismos genéticamente modificados (OMG) amén de las reglas de trazabilidad y etiquetado, las tarifas agrícolas y las denominaciones de origen en el sector agroalimentario. A ello se sumaría el sector financiero (la FED ha pedido expresamente que no se incluya dicho sector en la ronda de negociaciones), el gas natural (la UE quiere eliminar todo tipo de restricciones a su libre exportación) y finalmente el escollo del ‘Buy American Act’, barrera proteccionista impuesta en 1933 en EEUU que blinda “de facto” los mercados públicos estadounidenses a los inversores extranjeros, para las contrataciones públicas (se estima que los mercados de EE.UU. únicamente están abiertos en un 32%, mientras que en Europa lo están en un 85%).

En consecuencia, la negociación para implementar la ATCI será ardua, dilatada en los plazos y podría verse condicionada por el posible desapego afectivo de Francia y Alemania respecto a EEUU, tras el escándalo del espionaje de la NSA, por lo que en caso de no llegarse a un acuerdo en el próximo quinquenio, podríamos asistir a la implementación por EEUU y la UE de medidas proteccionistas (Fomento del Consumo de Productos nacionales) en forma de ayudas, para evitar la deslocalización de empresas y subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados. 

A ello se sumaría la elevación de los Parámetros de Calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes, para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

(*) Analista

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