La Partidocracia

El 10% de los más ricos obtienen entre el 42% y el 47% de los ingresos. Tenemos bajos índices de desarrollo y altos niveles de desigualdad. En Chile logramos altos índices de desarrollo, pero con la misma desigual distribución. En Venezuela, logramos menor desigualdad, pero mantenemos bajo niveles de desarrollo, con 12.156 dólares de ingreso per cápita, mientras Chile tiene 13.880 y Noruega 53.443. Esos 12.156 dólares son calculados a dólar oficial: 2,15 Bs.F./US$, pero todos saben que su valor real es, en el mejor de los casos, superior a los 430 por dólar, lo que rebajaría nuestro ingreso per cápita a sólo 6.078 dólares.

En los países del primer mundo, se tienen altos ingresos per cápita y hay menor desigualdad. En Estados Unidos, por ejemplo, el 10% más rico obtiene el 31% de los ingresos y en Venezuela; el mejor, en este renglón, de la región; el 10% obtiene el 32,7% de los ingresos.

Tenemos un modelo económico, caracterizado por un fuerte estatismo, que faculta a los políticos, en funciones de gobierno, a otorgar privilegios económicos a una élite, para hacer negocios sin competencia alguna.

Los partidos políticos han sido, por su parte, los garantes del sistema de privilegios que predomina entre nosotros, y los ciudadanos lo perciben. Y los culpan, con razón, de su poca participación en los asuntos públicos y la pobreza general. Vemos además, cómo en los partidos se encumbran, en los primeros lugares, los aduladores e incompetentes, que garantizan el mantenimiento del estado de cosas, actuando como diques de contención de los reclamos populares. Y como gestores de ciertas mafias empresariales, dominantes. Las formas de asensos sociales y económicos principales, entre nosotros, son la política y las Fuerzas Armadas, y ambas pasan por el compromiso de combatir los intentos de cambio.

Un reto que tenemos, es establecer en la región, una economía de mercado, altamente competitiva, donde el protagonismo económico esté en manos de nuestros más talentosos y competente empresarios, comprometidos con el país y que garanticen la mejor calidad y precio.

El otro reto es, construir partidos políticos democráticos, con elecciones primarias, para que los ciudadanos participen y decidan. Sin tribunales disciplinarios, que sólo sirven de mecanismo represivo contra quienes se atreven a pensar y actuar diferentes. Y donde los dirigentes puedan opinar y votar según su propia conciencia o la opinión de sus electores y no según la línea que le imponga la cúpula partidista.

Sólo así, podremos superar la actual crisis económica y política; si no, los comunistas se fortalecerán en nuestro continente.

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