El actual gobierno español, presidido por el socialista Pedro Sánchez, enfrentado al problema de si vender o no armas – fragatas en este caso concreto – a Arabia Saudita – país altamente condenado internacionalmente  por el asesinato de un periodista saudí en el Consulado en Turquía – decidió cortar por lo sano: el interés nacional de España pasa por potenciar sus exportaciones, incluidas las de armas, y no por supeditar las ventas a principios morales o al grado en que cada eventual comprador respete los derechos humanos.

En América Latina nos encontramos con situaciones que responden, más o menos, a consideraciones de la misma naturaleza, en lo que dice relación con la venta de mercancías a Venezuela por parte de los países con los cuales nuestro país tiene pésimas relaciones diplomáticas y políticas.

En el caso de Brasil, las exportaciones hacia Venezuela en el primer semestre del 2018 alcanzaron a 643 millones de dólares, en circunstancias que en el mismo período del año anterior habían alcanzado solo a 535 millones de dólares.

Las ventas de México a Venezuela pasaron de 240 millones de dólares en el primer semestre del 2017 a 341 millones de dólares en el primer semestre del presente año.

Chile vendió mercancías a Venezuela por un valor de29 millones de dólares en la primera mitad del 2017 y esa cantidad subió a 43 millones de dólares en el mismo período del 2018.

Colombia, país sobre el cual no tenemos las cifras sobre el primer semestre de este año, aumento en el primer trimestre sus ventas a Venezuela de 70 a 88 millones de dólares.

Ya en artículos anteriores hemos mostrado como Estados Unidos también es un país que ha abastecido crecientemente a Venezuela en el año 2018, incluso de petróleo.

Todos estos antecedentes ponen de manifiesto una cosa: los países de América y del mundo están dispuestos a condenar a Venezuela en muchos foros internacionales y a congelar sus relaciones diplomáticas a un nivel que no implique la designación de embajadores, pero no están dispuestos a dejar de venderle a este país todo lo que puedan. Es muy difícil encontrar hoy en día en el concierto internacional países que elijan a sus socios comerciales por el grado en que estos respeten las reglas de la democracia, o por la ausencia o no de represión política, o por el imperio o no de los derechos humanos.

Para bien o para mal, así funciona el mundo de hoy. Esas reglas no escritas que presiden de hecho las relaciones comerciales internacionales no solo son licitas, sino que son positivas para países que enfrentan situaciones como las de Venezuela. Es bueno – y eso que hay que decirlo sin ningún n complejo – que los países amigos de las fuerzas democráticas venezolanas no rompan relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro, y que mantengan activas sus relaciones comerciales. Eso le hace bien al pueblo venezolano y a sus fuerzas democráticas. El aislamiento comercial y el eventual rompimiento de relaciones diplomáticas solo favorece al gobierno actual.