Medicamentos para el rendimiento intelectual

(Redacción) – Mónica G. Salomone – ¿Tomaría usted un neurofármaco capaz de mejorar su rendimiento intelectual, su atención y su concentración aunque no se conocieran sus efectos secundarios a largo plazo? ¿Se los daría a sus hijos adolescentes que compiten por una plaza en la universidad, si supiera que otros chicos los toman? Los expertos no sólo constatan un importante aumento del uso entre personas sanas -estudiantes, científicos, empresarios- de este tipo de fármacos, sino que advierten de que el fenómeno crecerá aún más y exigen una regulación específica.

Para el TDAH

(Imagen: Mateusz Kapciak)

El fenómeno no es nuevo. El debate lleva años cociéndose en EE.UU. con la administración de metilfenidato, comercializado en España como Rubifén, a niños diagnosticados de trastorno de hiperactividad, (TDAH). Esta alteración hereditaria se caracteriza por generar déficit de atención y un comportamiento impulsivo e hiperactivo, síntomas con efectos potenciales sobre la calidad de vida: el trastorno de hiperactividad está estadísticamente asociado con el fracaso escolar y laboral, la drogadicción y con otras enfermedades mentales.

No es una enfermedad rara, más bien lo contrario. Se cree que afecta entre el 4% y el 10% de la población infantil en todo el mundo y según Barbara Sahakian y Sharon Morein-Zamir, del departamento de Neurociencias de la Universidad de Cambridge, (EEUU), «es el desorden neurosiquiátrico más frecuente en la infancia». El tratamiento farmacológico a largo plazo «parece ser beneficioso en muchos casos», afirman estas expertas, aunque también recuerdan en un reciente artículo publicado en ‘Nature’ que su uso como medicación crónica en niños y adolescentes es controvertido.

Se estima que un 10% de estudiantes de instituto y un 20% de universitarios han usado estimulantes ilegalmente

El metilfenidato actúa aumentando los niveles en el cerebro del neurotransmisor noradrenalina. Si su administración a niños diagnosticados es polémico, más lo es su consumo por parte de personas sanas. En España, se vende en farmacias sólo con recetas, pero el acceso por Internet dificulta el control. En EE.UU. las cifras de ventas de este fármaco sugieren claramente que no son sólo los niños hiperactivos los que recurren a él, señala Martha Farah, directora del centro de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Pensilvania, (EE.UU.), y experta en Neuroética, en una publicación para la Fundación DANA de neurociencias. «Las encuestas estiman que un 10% de estudiantes de instituto y un 20% de universitarios han usado estimulantes como ritalin ilegalmente», explica Farah.

También con Modafinil

Algo similar ocurre con otro psicofármaco llamado modafinil, comercializado en España como Modiodal, (con receta médica), en el mercado desde hace nueve años y conocido como la píldora antisueño. Se emplea para tratar la narcolepsia pero, como en el caso del metilfenidato, cada vez más personas sanas recurren a él simplemente para rendir más. «En el mundo académico», escriben en ‘Nature’ Sahakian y Morein-Zamir, «sabemos que un cierto número de nuestros colegas científicos en EE.UU. y el Reino Unido ya usan modafinil para contrarrestar los efectos del jetlag, para aumentar la productividad o la energía mental o para hacer frente a desafíos intelectuales exigentes e importantes».

No se trata de convertirse de repente en un ‘superman’, pero el modafinil, cuyo mecanismo de acción aún no se conoce bien, pero que se sabe que actúa sobre los sistemas de varios neurotransmisores, permitiría reducir las horas de sueño a menos de cinco y sentirse mentalmente alerta y muy activo. Como explican Sahakian y Morein-Zamir, «se ha visto que una dosis alta de modafinil mejora el estado de alerta, la memoria y la capacidad de planificación en adultos jóvenes». Desde que salió al mercado en 1998, sus ventas han pasado de los 25 millones de dólares en 1999 a alrededor de 575 millones en 2005, informa la revista ‘NewScientist’.

Todo apunta a que habrá muchos más de estos fármacos disponibles en breve. La propia compañía fabricante de modafinil, Cepholon, tiene ya compuestos similares en ensayo. También otros fármacos, en principio destinados a enfermos de Alzheimer o con deterioro cognitivo, podrían aparecer indicados para afecciones mucho menos severas.

Efectos secundarios desconocidos

(Imagen: LFMI)

La primera pregunta que surge es: ¿qué efectos secundarios tiene su uso? Aunque en apariencia son escasas, no se puede respirar aliviados: «Los efectos secundarios de los fármacos crónicos podrían resultar aparentes sólo a largo plazo, por ejemplo, con una reducción en el ritmo de crecimiento normal de niños con trastorno de hiperactividad que toman medicación», señalan Sahakian y Morein-Zamir, de la Universidad de Cambridge, (EEUU). «De hecho, para muchos fármacos la información sobre los efectos a largo plazo es escasa, y en muchas áreas los hallazgos son inconsistentes».

En especial, los efectos sobre personas sanas de modafinil y otros fármacos accesibles por Internet no han sido estudiados. Varias voces han señalado que eliminar el sueño no significa eliminar la necesidad del cuerpo de dormir, lo mismo que un fármaco que quita el apetito no hace que comer sea innecesario. Y en una respuesta en ‘Nature’ al artículo de Sahakian y Morein-Zamir, Nora D. Volkow y James Swanson, del Instituto Nacional de Drogas de Abuso estadounidense y la Universidad de California respectivamente, señalan que el modafinil y otros fármacos similares pueden ser adictivos.

Los efectos secundarios a largo plazo de estos psicofármacos sobre personas sanas no han sido estudiados

Su argumento es que estos compuestos «hacen las tareas cognitivas y las actividades cotidianas más interesantes y placenteras», lo que acabaría creando dependencia y uso compulsivo en personas vulnerables. «El mayor conocimiento de cómo funciona nuestro cerebro tal vez nos lleve algún día a tener métodos seguros de mejorar las funciones cognitivas. Pero mientras tanto necesitamos aprender de la historia y evitar su uso innecesario», opinan estos autores.

Urgente regularlos

Sahakian y Morein-Zamir no llegan a esa conclusión, pero lanzan una advertencia: es urgente regular específicamente el uso de estos fármacos no sólo para tratar enfermedades, sino como ‘mejoradores’ de la actividad cerebral. Una regulación así ayudaría a evitar los riesgos del acceso incontrolado de los fármacos vía la Red. «En vez de que las personas compraran estas sustancias en Internet, creemos que sería mejor garantizar un acceso supervisado a fármacos para la mejora cognitiva seguros y efectivos, en particular debido a los efectos potencialmente peligrosos de las interacciones entre fármacos».

Inciden en los efectos a largo plazo sobre los cerebros en desarrollo de niños y adolescentes sanos

Sahakian añade, además, que «toda regulación debe estar basada en la evidencia, y debe ser el producto de un diálogo activo entre científicos, médicos, expertos en ética, legisladores y el público en general». Por ejemplo, hoy por hoy, las dos autoras se declaran totalmente a favor del uso de estos fármacos en pacientes diagnosticados -obviamente, como se hace en todo tratamiento, tras valorar los pros y contras de cada fármaco por posibles efectos secundarios-, pero no defienden en ningún caso la automedicación, sobre todo si se trata de niños y adolescentes.

Reacción de la sociedad

(Imagen: Flora Braz)

Tal vez el acceso a los fármacos ‘mejoradores’ no sea lo único que haya que regular. Lo que muchos expertos vaticinan es que, con los mejores conocimientos de la genómica y la acción personalizada de los fármacos sobre cada individuo, cabe esperar nuevas y mejores generaciones de este tipo de compuestos. «En el futuro, como los efectos sobre los individuos variarán en función de su perfil genético, la eficacia de los fármacos mejorará y se reducirán los efectos secundarios», dicen Barbara Sahakian y Sharon Morein-Zamir, del departamento de Neurociencias de la Universidad de Cambridge, (EE.UU.). Además, añaden que en el futuro serán realidad los fármacos verdaderamente inteligentes, con efectos sobre la cognición entre moderados y altos.

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