Minoría privilegiada…

Las personas debidamente capacitadas, vale decir, profesionales, postgraduados, doctorandos, Phd, etc. Son una minoría, posiblemente en el mundo lleguen al 1% y si lo llevamos a nuestro país, posiblemente sea un 0,2% quienes se encuentren en ese rango.

La sociedad hoy día, exige que esa minoría lideren y asuman responsabilidades en la conducción adecuada del país. La tarea titánica de hoy sería echar las bases de una ideología que nos lleve a resolver en forma sostenible la pobreza e inequidad en que vive gran parte de la población. Y es que, reorganizar un país es más fácil que encontrar un Mesías. Contar con adultos y jóvenes que puedan conducir a cantidad de pequeños líderes, sería lo ideal para abrir el camino. Sería necesario que todas esas personas capacitadas, quienes se encuentran laborando dentro de; universidades, empresas, instituciones del gobierno y cualquier tipo de negocios, se comprometan con su ejemplo, a orientar, guiar, planificar y esencialmente a actuar y actuar con responsabilidad, ya que en buena medida, la irresponsabilidad ha traído como resultado el desmoronamiento de la ética en la gerencia.

La descripción de ética, seguramente la encontramos en el diccionario, pero que diferente es en la vida real, y que difícil seguirla, cuando se presentan negocios fáciles. Y es que, hay empresarios que deciden entre ser ético o ganador, hay muchos que apuestan a saborear el triunfo a como de lugar. Pero a largo plazo se pierde el liderazgo y mucho más, la credibilidad, el respeto, algunas veces el negocio y se socava la solvencia moral del país.

Las metas de ventas o las proyecciones financieras exigidas a los ejecutivos, también conllevan a comprometerlos en el desempeño de sus funciones, es así, como se violan normas, con el fin de cumplir las metas, para la competitividad, para obtener mejores cargos, mejores salarios. No importa cual sea el método, para llegar al fin.

La conducta y el ejemplo de un ejecutivo, deben convertirse en un efecto multiplicador en el negocio, en la vida de los empleados, en el hogar, en el país mismo. Una empresa no solo genera dinero, contribuye a la conducta de sus empleados y a mejorar el aparato productivo. Esa minoría capacitada, que está allí, es la que debe canalizar el producto que viene, un volumen de la población importante que está despertando y espera unirse a un área productiva del país que está a la espera de ellos.

Fuente: Discurso Dra. Imelda Cisneros en el IESA.

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