Para salir de un gobierno tan malo es indispensable que los
ciudadanos cuenten con una alternativa clara y definida a la que sea posible
entregarle la confianza para la alternabilidad.
He dedicado mis últimos artículos a comentar acerca de la
responsabilidad del gobierno en la tragedia que ha acompañado a los venezolanos
en este comienzo de siglo XXI.
Hoy me propongo hacer un ejercicio de autocrítica. Los adversarios a este gobierno hemos cometido muchos errores.
Hay uno sin embargo que los incluye a todos: No hemos sido
capaces de construir una verdadera Alternativa Democrática.
Para salir de un gobierno tan malo es indispensable que los
ciudadanos cuenten con una alternativa clara y definida a la que sea posible
entregarle la confianza para la alternabilidad.
Una alternativa supone un mensaje claro e ilusionante. Hasta
ahora los mensajes emitidos por los voceros de las oposiciones se han limitado
a denunciar los errores del gobierno. Hemos adolecido de un mensaje positivo y
constructivo.
Se han hecho esfuerzos encomiables por elaborar un “Plan
País”. Hasta ahora esos esfuerzos permanecen ignorados por la mayoría de los
venezolanos. Necesitamos “ideas-fuerza” que sean capaces de movilizar a los
ciudadanos.
También es necesario, para que exista una Alternativa
Democrática, tener una dirección política unida, coherente y esclarecida. Hasta
ahora, lo más que hemos podido lograr, es una coordinación precaria de fuerzas
políticas poco representativas. Nos ha faltado una gran dirección política
capaz de interpretar la voluntad de cambio de la mayoría de los ciudadanos.
En tercer lugar, la Alternativa Democrática supone una
eficiente organización geográfica y sectorial. Es decir, una organización
presente en todos los rincones del país y en todos los sectores sociales.
A veces da la impresión de que la oposición estuviera mejor
organizada en Miami, en Bogotá o en Madrid que en Cumaná, en Maracaibo o en San
Cristóbal.
Necesitamos una organización para lograr que el mensaje
llegue a toda la geografía nacional. Necesitamos esa organización a la hora en
que tengamos que defender el voto y derrotar las trampas y las maniobras.
Por último, la existencia de una Alternativa Democrática
supone la definición de una línea estratégica inteligente y capaz de lograr el
objetivo de cambiar al gobierno.
No se trata de seguir apostando a soluciones mágicas: golpes
militares o invasiones extranjeras. Soluciones poco probables y nada deseables.
Se trata más bien de construir una Alternativa con un mensaje atractivo, con una organización eficiente, con una estrategia inteligente y con una dirección política coherente.
Seguiremos conversando.
Eduardo Fernández
@EFernandezVE



