La confianza no se decreta

La confianza no se decreta, más podemos construirla en el día a día, sea cual sea el rol y el contexto. Demanda primero que nos fijemos en nosotros mismos antes que en los demás. Los discursos inspiran menos confianza que las acciones. “Aristóteles”

Cuando se tiene claro lo que se va hacer en una semana, resulta indispensable llevar a la realidad aquello que anhelamos. Por una parte, ¿qué aprendizajes tenemos de lo vivido?, ¿con qué nos sentimos orgullosos? Y por la otra, ¿qué queremos construir?, ¿cómo queremos que sea esa familia, organización, sociedad o comunidad, con quienes la compartimos?

Para llevar a cabo cualquier proyecto requerimos; relacionarnos, intercambiar, acordar, hacer peticiones, también ofertas, y de manera especial cumplir con los acuerdos. Para ello, es indispensable contar con el otro, en toda su íntegra dimensión, es decir, con sus capacidades y su actitud para llevar, con calidad y de manera oportuna, aquello que se acuerda llevar a cabo.

La confianza no se decreta, más podemos construirla, sea cual sea el rol y el contexto. Demanda que nos fijemos en nosotros mismos antes que en los demás. Requiere un trabajo amplio de auto-observación, estar atento a nuestras conductas y a la congruencia que el pensar, sentir y decir, tienen con nuestra cotidianidad. Exige una conciencia y capacidad reflexiva para con nosotros mismos.
Nos amplía las oportunidades de relacionarnos con el otro, de construir confianza, no sólo con personas parecidas a nosotros, sino en especial con personas distintas, que ven el mundo en forma diferente, y forman parte de ese amplio entramado social. En familia sentimos la confianza para dar el ejemplo, sembrar aquello que consideramos valioso y trascendente.

En la cotidianidad laboral, construir confianza amplía tanto las posibilidades como los aprendizajes. Contribuye a que los colaboradores quieran comunicarse de manera amplia y franca con su supervisor o gerente. Promueve un sentido de cooperación en toda la unidad o el departamento. Auspicia un clima organizacional para que provoque estar allí.

Por ejemplo, la confidencialidad al compartir con otro algo reservado o íntimo, el reconocimiento al respaldar comportamientos provechosos. Al momento de acercarnos al otro y comunicarnos; al dar o recibir un feedback que puede ser vital para el desarrollo conjunto de un proyecto o tarea. A la hora de celebrar, por haber tenido la confianza a lo largo del proceso y al lograr las metas, sin importar su tamaño.

FUENTE: Héctor Caldera Tosta. Director de Imago Consultores
www.imagoconsultores.com