Nuestros datos personales son cada vez más digitales e interconectados y deben protegerse.
El 28 de enero, por primera vez,
el Grupo Banco Mundial celebró el Día de la Privacidad de la Información, con
que se recuerda la firma en 1981 del primer acuerdo internacional jurídicamente
vinculante sobre la privacidad y la protección de los datos personales.
El objetivo del evento fue crear
conciencia dentro del Grupo Banco Mundial acerca de la importancia de la
privacidad de los datos. También marcó un hito en nuestro camino para poner en
práctica la nueva Política sobre la Privacidad de los Datos Personales del
Grupo Banco Mundial (i). Tras su adopción en mayo de 2018, la política de
privacidad entrará en vigor en mayo de 2020.
En el mundo digital de hoy,
tendemos a pensar que las preocupaciones respecto de la privacidad son nuevas,
pero sin duda no lo son. Aunque la palabra “privacidad” en sí misma es un
concepto relativamente nuevo —solo adquirió su significado moderno a principios
del siglo XIX—, la idea es tan antigua como la historia humana.
En tiempos históricos, las
fuentes de muchas ciudades árabes eran los lugares que se utilizaban para
sostener conversaciones privadas, ya que el sonido del agua evitaba que los
curiosos pudiesen escuchar. Y, en el Occidente, debido a que los instintos de
privacidad iban en contra de las exigencias eclesiásticas de admitir los
pecados, las confesiones han gozado desde hace mucho tiempo de protecciones
jurídicas especiales, incluso cuando entrañan violaciones a la ley, para que el
penitente no deje de confesarse, algo que iría en detrimento de su alma.
De modo que la idea de que
algunas cosas deberían ser privadas y estar protegidas no es nueva, ni tampoco
el hecho de que la privacidad tiene que ponderarse respecto de otras
preocupaciones. Pero lo que sí es nuevo, en relación con la privacidad, es que
la velocidad del cambio tecnológico ha sobrepasado tanto nuestras normas
culturales como nuestras leyes: la tecnología ha transformado el significado
del término “información pública”. En un mundo de datos digitales, la cantidad
tiene una calidad propia.
Déjeme darle un ejemplo:imagínese que hace un siglo que vive en un pueblito, y un día va caminando por
la calle principal. Si el oficial de policía local estuviera parado en la
esquina, él podría reconocerlo. Y usted podría reconocerlo a él. Si fuera un día
tranquilo, ambos podrían intercambiar saludos amistosos. Sin embargo, si a
usted lo estuvieran buscando por un crimen, él lo perseguiría para capturarlo.
Quizás esta sería una situación desagradable para usted, pero no sería lo que
hoy en día consideramos una violación de la privacidad.
¿En qué
se distingue esto de manera sustancial de una versión a pequeña escala de la
actual tecnología de reconocimiento facial? La diferencia, por supuesto, es esa
escala.
Hoy, los computadores pueden
reconocer a todas las personas en un país de la misma manera que la policía
local podía reconocer a un vecino hace un siglo. En otras palabras, lo que una
vez fue un oficial de policía parado en una esquina es ahora ese mismo oficial
de policía parado en todas las esquinas. Además, sus memorias son casi
infinitas, y se comunican instantáneamente con todos los demás oficiales de
policía. ¡Oh!, y ellos también tienen acceso instantáneo a los registros de
impuestos que alguna vez se guardaron en un archivo en el sótano de los
edificios municipales. ¿Y mencioné que ahora los computadores son de vez en
cuando unos “chismosos”, dispuestos a compartir toda esa información a veces
—posiblemente incluso con criminales—sin que nadie lo sepa?
Los datos recopilados por
diversos grupos del sector privado no son diferentes. El contenido no es
necesariamente nuevo, y a menudo consiste en lo que durante mucho tiempo se ha
considerado “información pública”. Pero lo que es nuevo es el número de datos
recabados y la capacidad de acceder a ellos y combinarlos de maneras que nunca
habían sido posibles. Las empresas juntan enormes cantidades de información
acerca de las personas y monetizan esos datos.
Y no sin cierto riesgo. Es frecuente ver hoy titulares en los medios de
comunicación sobre violaciones a la privacidad y filtraciones de datos en
compañías de renombre.
El Grupo Banco Mundial no
monetiza los datos que recopila, pero sí recabamos y procesamos enormes
cantidades de datos personales para llevar a cabo nuestro mandato de desarrollo
y cumplir con nuestros objetivos de poner fin a la pobreza extrema y promover
la prosperidad compartida. Los datos personales que juntamos abarcan una amplia
gama de información de nuestros asociados, clientes, proveedores y otras partes
interesadas para fines de integridad, diligencia debida, servicios de asesoría,
evaluaciones de impacto ambiental y social, investigaciones, encuestas,
conferencias y seminarios.
Por eso estamos tomando medidas
para gestionar y proteger mejor la información que está en nuestro poder,
focalizándonos en la manera en que los datos personales se deberían recopilar,
usar, almacenar y compartir. Con la adopción de nuestra nueva Política sobre la
Privacidad de los Datos Personales, estamos mostrando que respetamos la
privacidad de dicha información. Al
implementar la política, buscaremos equilibrar las mejores prácticas
internacionales con el cumplimiento del mandato de desarrollo del Grupo Banco
Mundial.
El Grupo Banco Mundial se compromete a aplicar esta política y a abordar los enormes desafíos y los beneficios conexos de esta nueva era de la privacidad de la información.
Ethiopis Tafara, febrero 2020 . Vice President and Chief Risk, Legal and Administrative Officer & Acting Vice President, Integrity Vice Presidency



