Practicando la Justicia

Justicia (Del lat. iustitia).
Extraído del Diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.).

1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
7. f. Rel. Atributo de Dios por el cual ordena todas las cosas en número, peso o medida. Ordinariamente se entiende por la divina disposición con que castiga o premia, según merece cada uno.

Decía el filósofo griego Aristóteles, (384-322 a.C.): «Dar a cada uno lo que se merece o le pertenece».

¿Cumplimos con el precepto anterior? ¿Somos justos? ¿Es la vida justa con nosotros?

Personalmente pienso que sí, la vida es justa con cada uno de nosotros. Somos sembradores de acciones y obras; y siempre, siempre recogemos el fruto de lo sembrado.

Ahora, lo que no puedo asegurar es que siempre les demos a los demás lo que se merecen o les pertenece. Muchas veces, la envidia o la soberbia, no nos permite reconocer los logros de las demás personas. Incluso en ocasiones llegamos a sabotear lo que otros hacen con tal de que no reciban su merecida recompensa.

Para ser justos, debemos de apegarnos fielmente a nuestros valores; y no permitir que nada ni nadie, nos aleje de la justicia.

En las empresas, practicar la justicia significa pagar salarios de acuerdo a las funciones realizadas por los empleados; pagar horas extras cuando se trabaje más del tiempo establecido; mantener condiciones apropiadas para el desempeño de las labores, etc.

Por parte de los empleados, la justicia se demuestra cuando se trabaja el tiempo por el cual se les paga, cuando se llega y se sale a la hora estipulada, según el horario de trabajo. Cuando se trata a todos por igual, tanto a compañeros como a clientes.

Si nuestros hijos, nuestra pareja o algún amigo, compañero o conocido, incluso hasta algún desconocido, realiza un acto digno de ser reconocido, no dudemos en hacérselo saber; seamos los primeros en aplaudir ante las obras que merezcan ser aplaudidas, y también seamos los primeros en manifestarnos cuando estemos ante cualquier tipo de injusticia. No nos quedemos callados, no hagamos lo que hacen muchas personas, al pensar o al decir «no es asunto mío», o «no me incumbe».

Practiquemos la justicia. De esta manera, podremos vivir tranquilos. El mayor juez que tenemos se llama “conciencia” y es la que nos dice -día a día- cual ha sido nuestro comportamiento. Aunque muchas veces deseamos callarla, o nos hacemos como que no la tuviéramos, ella está ahí. Vive dentro de nosotros.

La conciencia nace cuando en nuestra niñez, nuestros padres nos siembran en el corazón las semillas de frutos llamados “valores”. Esas semillas son como campanitas, las cuales siempre suenan cuando estamos ante alguna injusticia. Y entre menos queramos escucharlas, más fuerte sonarán.

Recordemos: «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
«La justicia del perfecto enderezará su camino, mas el impío por su impiedad caerá» (Proverbios 11:5).

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