¡¡Qué cretinos!!

¿Por qué los venezolanos seis meses después del referéndum de diciembre de 2007 no tenemos el resultado definitivo? ¿En qué democracia puede continuar en el cargo un Ministro de la Defensa que llama cobardes y burros a la mayoría de sus colegas militares por identificarse con la institucionalidad de la Fuerza Armada exigida por la Constitución Bolivariana? ¿Cómo puede ser demócrata sincero quien desde la Presidencia afirma y exige a sus seguidores: ‘repitan que quien vote por la oposición quiere la guerra’? Tan mentira, como ‘el que vote por la oposición lo hará por el plan de partir a Venezuela en pedazos’ y regalárselo a Colombia o al Imperio. Son esfuerzos desesperados para polarizar al país con irresponsables inventos calumniosos.

Más grave es la decisión del Contralor que prohibió ser elegidos y elegir a unas cuatrocientas personas, violando expresamente el artículo 42 de la Constitución que dice: ‘El ejercicio de la ciudadanía o de alguno de los derechos políticos sólo puede ser suspendido por sentencia judicial firme en los casos que determine la ley’.

Si el Contralor está ocioso y no sabe qué hacer, ahí tiene decenas de miles de millones de dólares que el Gobierno ha dispuesto y gastado contra la ley e incluso contra la Constitución, dentro y fuera del país. ¿A quién obedece el Contralor al violar así la Constitución? ¿Por qué callan el Tribunal Supremo de Justicia y el CNE? ¿Dónde se esconden los demócratas de la Oposición y del Gobierno? Nos informan que en Bielorrusia, (Irán también tiene sus métodos), inhabilitaciones análogas han sido la vía para apuntalar la dictadura.

Ante esta canallada, sorprende el silencio en los lados del Gobierno, e indigna en la Oposición; pareciera que algunos torpes y sin visión están haciendo cálculos mezquinos para ver cómo se pueden beneficiar de la inhabilitación anticonstitucional que afecta a compañeros suyos. Así estaban algunos partidos de la oposición en septiembre del año pasado ante la terrible amenaza de aprobación de una Constitución totalitaria. Entonces nos pareció cínica, pero muy probable, la explicación que nos dieron: ninguno de ellos se la juega contra esa Constitución autoritaria que acabará con la democracia, porque no quieren pagar el precio de la derrota de diciembre.

Como los estudiantes no temían pagar el precio, y sí perder la democracia y la libertad, dieron la batalla a la que luego se sumaron todos para lograr el triunfo.
La mayoría de los demócratas venezolanos no se entusiasma con ciertos líderes opositores, porque no los ve revolverse contra flagrantes violaciones de la Constitución, sino haciendo cálculos indignos. Parece que el árbol de la pequeña elección les impide ver el bosque de la democracia. Los venezolanos quieren ver líderes decididos contra la mala gestión y la corrupción e identificados con los temas de justicia social en democracia.

Venezuela tiene esperanza y futuro, pero le falta un sólido proyecto democrático, con organizaciones y partidos decididos a dar la cara. No importa de qué color político sean los inhabilitados; se trata de un principio innegociable. Si el dedo supremo logra paralizar todas las instancias legales, la democracia tendrá que ser defendida en la calle.

Sin coraje, ni unidad para defender la Constitución en este asunto de los inhabilitados, los demócratas no esperen ganar la confianza del país. No hay ‘sentencia firme’ de ningún juez contra estos cuatrocientos y, de acuerdo a la Constitución, ellos no están inhabilitados. Además, los que violan la Constitución impidiendo su elección ‘incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa según los casos’.

Grave torpeza política si los partidos, movimientos ciudadanos y estudiantiles permitimos que a un buen número de candidatos se les arrebate el triunfo electoral porque un señor contralor irresponsablemente mandó violar la Constitución.

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