¿Quién nos representa?

En palabras de Arturo Uslar Pietri, ilustre escritor y político con una posición más realista que pesimista, con ocasión a la necesidad de reformar el Estado venezolano, reseñó: “…la idea de la reforma del Estado es tan vieja como el Estado mismo…ni el elector tiene quien lo represente, ni a quien reclamar el cumplimiento de las promesas electorales…” Entonces, advierte: “…si los partidos políticos no tienen la suficiente decisión para encarar a fondo este grave problema, todas las reformas que se intenten para mejorar el funcionamiento del Estado serán ineficaces..”.

En efecto, como dice el Presidente Chávez, estamos en momentos de crisis “…lo que ha de morir no ha muerto y lo que ha de nacer, no ha nacido…”; es decir, se resiste a morir la democracia social y participativa para darle entrada al Socialismo del siglo XXI. Pero ¿porqué se ha negado a morir la democracia social? ¿porqué no le ha dado la sociedad luz verde al tan vendido y publicitado socialismo? ¿no será que el modelo a imponer por la fuerza es, una mala copia de la democracia cogollérica de antes? Con lo cual los representantes no nacen de la voluntad popular, sino, del partido. Con ello la lealtad no es para quien los eligió, sino, para el partido que los postuló.

Este secuestro de la voluntad electoral queda patentado con el proyecto de la Ley Orgánica de Procesos Electorales, el cual busca cambiar el “sistema de representación proporcional”, presente en el Artículo 63 de la Constitución de la República, por el “sistema nominal”, (impuesto por vía de los hechos a través de “las Morochas”). Realmente el sistema “proporcional” que es garantía constitucional para que las minorías no quedaran fuera del escenario político, ha sido siempre letra muerta. Tanto ahora como antes del 99, la representación de las minorías no se ha hecho efectiva en la práctica. Quedando éste sector fuera del panorama electoral por vía de las componendas y acuerdos de los partidos, apostando a un sólo candidato con cuya suma de votos, (mayoría), aplasta cualquier otra representación. La proporcionalidad es característica de un sistema electoral de democracia plural.
Esta pluralidad es la llamada a incluir a la minoría, con lo cual se obtiene una representación proporcional. Esta legalización de las “morochas revolucionarias”, garantizará que “el que gana arrasa”, como buena expresión revolucionaria: “no democrática”.

Esta ley debe pasar por la Asamblea Nacional, porque las fuerzas políticas que se oponen al Gobierno están en minoría. Para esta revolución las minorías no cuentan, sólo cuenta su mayoría abusadora y anárquica.

¿Cómo obtiene la mayoría este Gobierno? Con trampa. Pero, como dice el dicho: ¡la tramposería sale! ¿qué pasaría si es la oposición la que al fin reflexiona, se une y lleva también sus morochas como fórmula electoral?

El problema es consolidar una perversión antidemocrática, cuya reversión le costará a las futuras generaciones subsanar, a los fines de profundizar la democracia participativa, social, pluralista, tolerante y alternativa.

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