¿Quién soy? (IV)

“La filosofía y su vigencia: vamos a filosofar”
Manuel García Morente
(Lecciones preliminares de filosofía,
1948, Buenos Aires).

En “¿Quién soy? (I, II y III)” se trató de la persona, del personaje y de la personalidad -conceptos que orbitan entorno de lo individual- citándose sus implicaciones en lo organizacional, lo cual suscitó comentarios y preguntas que impulsaron esta cuarta entrega, cuyo contexto se ubica en lo filosófico y lo cuántico, pues allí es desde donde puede satisfacerse perfectamente lo anhelado.

La filosofía es el esfuerzo sistemático por develar el eterno enigma que hostiga la insaciable curiosidad del hombre: ella se refiere a cuestiones propias de la vida, siendo la vida misma la que se compromete en sus preguntas (aparentemente sencillas) y en las perentorias respuestas (no necesariamente breves) que deben darse. Vale adentrarse aquí, sin revisar teorías profundas ni caer en complicadas dificultades casi insuperables: el pragmatismo así lo pide, paseándose por lo propio del ser y del conocer, pues lo contrario iría en quebranto de la claridad del asunto existente entre lo realista y lo idealista. Por otro lado, lo cuántico es el ámbito de lo universal dinámico que parte de lo sub-atómico y que se extiende al todo cósmico teniendo como magma unificador lo energético y su relación con lo material.

¿Qué se ha escrito acerca de las ideas ofrecidas en los tres artículos citados al inicio? Lo pertinente a las parejas de conceptos “forma-materia” y “materia-sustancia”, pues no todos convienen en admitir que la persona no es el cuerpo que se ve en el espejo o una foto, (argumentando que Aristóteles postuló que la materia y la forma constituyen una unidad llamada “sustancia”). A continuación se aclaran las ideas ofrecidas, empezando por pedir a quien lee estas líneas que -por un momento- eche a un lado, (en una mesa de trabajo), los pre-juicios y las pre-disposiciones que pueden indisponerle y entorpecer la admisión de lo que se aquí se explica, lo cual puede ser de sumo provecho para modificar los paradigmas imperantes en cada quien. No se está pidiendo que se boten los prejuicios y las predisposiciones en un pipote de basura: eso sería un absurdo.

Aristóteles descompuso la pareja “forma”-y-“materia”, enunciando que no puede creerse en modo alguno que la materia corresponde a la existencia y que la forma pertenece a la esencia. Él postuló que la materia y la forma -que es lo que conviene ir precisando- constituyen una unidad absolutamente indivisible denominada “sustancia”: en esto hay acuerdo; sin embargo: ¿qué significa “unidad”?; acaso, ¿es, (o no), una voz que deriva de “unión” y ésta -a su vez- es sinónimo de amalgama o aleación? Téngase presente que en química una cosa es “mezcla”, (como la del agua y arena, que -al dejarse reposar- ambos elementos se separan quedando la arena en el fondo del envase), y otra cosa es “combinación”, (fenómeno que origina una sustancia diferente a los elementos que participan en la reacción y que es absolutamente indivisible, porque si se divide deja de “ser” en cualquier sentido de la palabra).

Entonces, forma sin materia “no es”. La forma, pues, sin materia no tiene existencialidad real. Pero la materia tampoco puede carecer de forma, no puede concebirse una materia sin tamaño, sin presencia, sin forma, (incluso la amorfa -sin forma- tiene esa forma sin forma, pues alguna forma tiene que tener, porque la materia sin forma tampoco “es”, tampoco tiene ser), y ha de ser activa o pasiva. Entonces, de acuerdo con Aristóteles, “materia” y “forma” no pueden dividirse porque pierden todo sentido ontológico si se separan uno de otro, siendo también así en cuanto a “materia-sustancia”.

Ahora bien, en el ámbito de lo que se estima es la vida humana y el ser humano en sí, una cosa es la materia (su forma) y otra es lo substancial: una cosa es el cuerpo, otra la persona, y otras el personaje y la personalidad. René Descarte en “El discurso del método” pidió el análisis (la separación de todas las partes del todo) para poder formarse una idea individual perfecta respecto de cada constituyente a fin de poder simplificar lo estudiado y facilitar su comprensión para luego poder hacer la síntesis, (la reconstrucción), del todo y poderlo conocer y dominar a plenitud. En lo tocante a lo tratado: la existencia individual, ante lo cual Aristóteles precisó el error platónico que consiste en conferirle existencia a la forma, cuando que esto ha de hacerse respecto de la esencia; o sea, de la idea: la individualidad, la persona, (que es la esencia), aunque lo que se ve mover, respirar, latir, actuar, etc. es el humano que se encarna en un ente que se muestra como unión sintética de forma-materia-sustancia. El lenguaje corporal y lo que entraña es ese tipo de forma que adopta la materia y muestra el ánimo de la sustancia, (la personalidad individualidad de la persona que desempeña el personaje); de aquí que se deba admitir la unidad del ser.

Admitido lo anterior, puede afirmarse que esta otra trilogía, (forma-materia-sustancia), representa exactamente la respuesta más pura a lo comentado y preguntado, pues -sin dudas- la esencia, (cuando ya no está en combinación con la díada “forma-materia”), es un sujeto de juicio, como en el presente lo es Simón Bolívar, “El Libertador”: un ente que ha trascendido a manera de “sustancia segunda”, (término recogido por santo Tomás y por eso puede hacerse un uso perfectamente legítimo y profundo), y de lo cual puede afirmarse que el ser humano es esto, lo otro y lo demás.

Expresado esto, nacido de la consideración respetuosa de lo comentado y preguntado por quienes han leído “¿Quién soy? (I, II y III)”, puede decirse que han nacido otros argumentos respecto de lo valioso que es la persona que desempeña el rol del personaje que le toca cumplir en una organización poniendo a prueba su personalidad, pues la teoría de las organizaciones pide que en estos escenarios impere “la personalidad de la impersonalidad”, la que brota de abandonar lo propio en beneficio de lo común, (que a la final, por razón del éxito que debe alcanzarse, ha de ser provechoso para todos).

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