Hasta el año 2015 Brasil era un país interesado en que el Mercosur desdibujara su perfil proteccionista y se abriera hacia otros mercados, fundamentalmente – por lo menos en primera instancia – hacia la Unión Europea, con la cual el Mercosur ha gastado ya varios años de infructuosas negociaciones en aras de un eventual acuerdo de libre comercio.  Argentina lucía, a su vez, como un país que tenía poco interés y poco apuro en lograr resultados concretos en esa negociación, pues toda su política económica estaba marcada con un claro tinte proteccionista y poco abierto a la competencia internacional, lo cual por lo demás, era enteramente cónsono con el carácter clientelista de sus gobiernos.

Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. Por un lado, el triunfo de Macri en Argentina, ha generado un viraje en la posición ya tradicional de ese país, y la negociación con Europa se coloca como una cuestión que es posible de alcanzar en un futuro cercano. Por lo menos las negociaciones vuelven a estar presididas por el optimismo y no son una mera pérdida de tiempo. Es dable suponer que la nueva actitud argentina no denota solo una posición favorable  hacia Europa, sino que es expresión de una  política general que apunta hacia una mayor apertura hacia los mercados internacionales contemporáneos, lo cual puede significar un gran viraje en los relacionamientos externos de Argentina y del Mercosur.

Brasil, por su lado, después de la salida de la Presidente Roussef, ha quedado encabezado en sus niveles ejecutivos por un equipo que no ha exhibido en el pasado reciente una evaluación positiva de lo que Mercosur ha significado para Brasil. El canciller Serra, quien fue dos veces candidato presidencial, derrotado por el PT, decía en sus campañas políticas, con toda claridad, que el  Mercosur era una limitante para el desarrollo y la apertura internacional de Brasil y que era necesario introducir en ese organismo reformas profundas y  sustantivas. Ahora, en su nuevo cargo, tendrá la oportunidad no solo de apartar a Brasil de sus coqueteos con el bolivarianismo, sino también de promover mayores  grados de libertad para efectos de la apertura comercial de Brasil, actualmente limitada por la  unión aduanera imperante en el Mercosur. Sin embargo, la posición crítica de Serra con respecto al Mercosur era en alta medida una crítica a las posiciones proteccionistas y cerradas de Argentina. Ahora las posiciones de ambos países tienden a  converger, y es posible que sumen esfuerzos para darle al Mercosur un gran salto hacia adelante, sobre todo en lo que dice relación con las negociaciones y las aperturas comerciales hacia nuevos socios internacionales. Es dable en ese  sentido, no solo que se concrete el acuerdo con la Unión Europea, sino que se consolide en nuestra América un mayor acercamiento entre el  Mercosur y la Alianza del Pacífico. Obviamente, Venezuela podría acompañar estos virajes o quedarse a un lado, pero no se visualiza como posible que Venezuela pueda tener fuerza económica ni política como para detener el curso de los acontecimientos.

Las exportaciones brasileñas a Argentina alcanzaron en el año 2014 la suma de 14.283 millones de dólares. Al año siguiente esas exportaciones se redujeron a 12.800 millones de dólares, lo cual es la cifra más baja que esas exportaciones han presentado en la presente década.

Las ventas de Argentina a Brasil, a su vez, que en el 2014 habían sido de 13.881 millones de dólares, bajaron a 10.082 millones de dólares en el año 2015.

Las exportaciones totales de ambos países han venido bajando en el transcurso del año 2015, pues las materias primas y commodities han bajado de precios en el mercado internacional. Pero las cifras que mencionamos más arriba indican que el comercio bilateral baja también en función de los ciclos internacionales y no es, por lo tanto,  el coto seguro con el cual cada país pueda contar, precisamente para protegerse de los vaivenes del comercio internacional. La baja en el  comercio entre Argentina y Brasil no puede explicarse por la baja en el precio de la soya o de la carne, pues entre ellos no se compran ni se venden esas mercancías que ambos venden en gran cantidad al resto de la comunidad internacional. Es decir, el Mercosur no solo no ha sido un instrumento eficaz para ampliar los relacionamientos con el resto del mundo, sino que ha sido un instrumento limitado para potenciar y preservar los intercambios bilaterales. Se imponen cambios sustantivos, sobre todo en lo que respecta a la unión  aduanera, que se convierte de hecho en el elemento de impide que los países integrantes – individual o colectivamente- puedan avanzar en negociaciones con terceros países.

Venezuela, que tanto esperó para entrar al Mercosur, y que tanto énfasis pone en sus definiciones doctrinarias, en materia de comercio exterior, en las transacciones de  gobierno a gobierno – que no quedan por lo general sujetos a las condiciones y las trasparencias propias del mercado – verá en el futuro cercano que sus socios del Mercosur se alejan cada vez mas de sus puntos de vista y se acercan a una mayor valoración de la apertura comercial internacional. Es más, es altamente probable que sus socios del Alba, particularmente Ecuador y Bolivia – y hasta Nicaragua y Cuba – se vayan acercando cada vez más hacia las aperturas y las negociaciones de tratados comerciales, y se alejen de las políticas proteccionistas y de los transacciones de gobierno a gobierno, a menos que estas sigan siendo acuerdos que implican condiciones generosas para ellos, pero muy poco rentables para Venezuela. Pero Venezuela ya no está para esas generosidades, aun cuando quisiera.