
En el banco (Para L.H.B., in memoriam)
¿Qué cuanto tiempo permanecí sentada en el banco? Ni el padre tiempo podría decirlo. Horas, semanas, no sé. El único recuerdo es el rato sereno que tuve, para revisar con paciencia de entomólogo toda la sarta de desdichas que llevaba entre la espalda y el descotado busto: la muerte repentina del viejo, mis cuatro hermanos pequeños, la enfermedad de mi madre, el pago de la residencia, la poca comida que lograba engullir como una sombra de mediodía.









