“Frente al 2015, la situación se agrava, pues la diferencia
 que obtenemos en nuestras mediciones entre la
inflación medida por el BCV y la subyacente es más

del doble, mostrando que el peso de las

distorsiones se está incrementando”.

A. Oliveros y G. Villamizar

Usar diariamente cajeros automáticos, cambiar hábitos de consumo, invertir horas en filas y sacrificar tiempo libre buscando productos básicos: la inflación y la escasez golpean cada vez más a los venezolanos.

Cada madrugada, en supermercados, tiendas de electrodomésticos y farmacias, comienza a crecer la hilera de personas en procura de artículos de primera necesidad cuya presencia en el mercado es intermitente.

Según Datanálisis, la escasez -de uno de cada cuatro productos básicos- ha llevado al venezolano a dedicar más cantidad de tiempo en recorrer comercios: a la semana se invierten 8 horas -una jornada de trabajo- en hacer las compras habituales.

Leche, jabón, pañales desechables para niños y adultos, ciertos medicamentos, desodorante y harina de maíz -materia prima para cocinar las arepas, que son fundamentales en la mesa venezolana-, son algunos de los productos que escasean.

Mauricio Tancredi, Presidente de Consecomercio, declaró a una radio, que le preocupa el deterioro de la calidad de vida: “Nunca habíamos visto tantos negocios cerrando temprano o abriendo tarde por temor a la inseguridad y porque no tienen mercancía que ofrecer”.

Propietarios de restaurantes en Caracas aseguran que tienen en su plantilla a un empleado contratado exclusivamente para recorrer supermercados y tiendas en busca de los productos necesarios para sus menús.

Acá, el trueque se ha convertido en una práctica común, que utilizan redes sociales y chats para establecer comunidades virtuales y compartir información sobre la existencia y localización de algún producto básico.

Datanálisis advierte que se ha perdido la fidelidad por las marcas y, en algunos casos, se recurre a productos sustitutos no concebidos para tales funciones.

En un país con 63% de inflación anual, un mercado de cambios controlado desde 2003 y un dólar paralelo treinta veces más caro que el oficial, los economistas se muestran partidarios -desde hace meses- de una devaluación y de flexibilizar el control cambiario para reactivar la economía.

“La inflación va erosionando de manera feroz el salario de los venezolanos”, apunta el economista Francisco Faraco. Considera que las colas se han convertido en un medio de supervivencia, no sólo contra la escasez, sino también contra la inflación.

Los expertos en esta área del conocimiento calculan que la inflación en Venezuela cerrará 2015 superando el 110% por falta de divisas.

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