
Oscura Felpa
<i>a otro niño aventado al horror en guanare, edo. portuguesa</i>
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<i>a otro niño aventado al horror en guanare, edo. portuguesa</i>

La anciana, cerrada de un negro barato descorre sus penas frente a las dos urnas. La humilde vivienda es un horno de reverbero, aún en la noche. Un aire caliente y amargo invade la sala con su gangosa lentitud, sofocando en angustias a la gente que la rodea.

¿Qué cuanto tiempo permanecí sentada en el banco? Ni el padre tiempo podría decirlo. Horas, semanas, no sé. El único recuerdo es el rato sereno que tuve, para revisar con paciencia de entomólogo toda la sarta de desdichas que llevaba entre la espalda y el descotado busto: la muerte repentina del viejo, mis cuatro hermanos pequeños, la enfermedad de mi madre, el pago de la residencia, la poca comida que lograba engullir como una sombra de mediodía.

Un niño mira por una ventana y el amanecer se le clavetea en los ojos como una ofrenda de luz. Él nada sabe de ventanas. Sólo mira todo lo que pasa a su alrededor. Y lo hace suyo con la frescura con la que toma una flor. No sabe ni se plantea la existencia de otras ventanas, y mucho menos de ventanas cerradas.

Publicaciones Ekaré presentan al púbico lector, la nueva obra <b>Los tres erizos</b> de Javier Sáez Castán. Es un libro presentado a manera de pantomima (representación teatral hecha sólo con movimientos y gestos). Posee, por ende, elementos que lo acercan al teatro: presentación de los personajes y separación de la trama en actos.

Venía de otro pueblo. Cuando Llegó a Guanapito tendría yo unos catorce años. Al cruzar la plaza me llamó la atención de un sólo impacto de retina. Era alto, barbado y de un color aceituna, que le recorría como una venda el esquelético cuerpo. Recuerdo, que traía a cuestas un caballete viejo y un raído morral, en el que (supe luego) guardaba los colores, esos mismos colores que inundaron como langostas hambrientas la tela que rápidamente tensó en la plaza.

Un consecuente colaborador de nuestra revista digital, nos remitió este artículo el cual vale la pena difundirlo, por ser tan importante y de palpable actualidad, escrito por nuestro inolvidable maestro de las letras venezolanas, don Arturo Uslar Pietri, el sábado 1° de marzo de 1997, y que ofrecemos a nuestros asiduos lectores.

Este 05 de octubre se cumplieron 76 años del asesinato de José Pío Tamayo. Un joven tocuyano que empuñó su idealidad avanzada para trabajar en dirección a lograr algo fundamental: introducir una nueva perspectiva histórica para la comprensión e interpretación de la vida de aquella y esta Venezuela.

Las sólidas y ancestrales barreras que separaban a los escritores de Brasil y Venezuela comienzan a ser erosionadas por una iniciativa editorial muy singular que se ha propuesto el trabajo de publicar a los nuevos narradores de ambos países en ediciones bilingües.

Identificarlos permite saber más sobre los productos y envases, cómo reciclarlos y concienciarse de la importancia de este hábito.

<b>Mery Sananes - </b> La piedra que hizo girar el agua finalmente se detuvo para regalarte el espejo donde habrías de mirarte y allí en ese intervalo de silencios te fuiste sin naufragio al sitial de las presencias que se adhieren a la vida como la piel de árboles milenarios

Armando Córdova se fue silente por los caminos manzanares en los que sembró, al lado de la poesía y la canción, estudios, cálculos, análisis, consideraciones teóricas e investigaciones sobre la apremiante y dura realidad que le tocó vivir.