
El Viaje de Lucía
Lucía, vio como se disipaba la ingenuidad cuando los primeros avances de una terca tristeza, comenzaron a instalarse en sus ojos de lluvia. Ya las redes de estrellas no lograban retener sus sueños de niña y una fría estela de congoja le arropaba los pies en las anchas noches de vigilia. Son las tres de la tarde y por decreto Lucía debe acostarse hasta el alba.










