(Enfoque social en empleados públicos y pensionados).
Arturo Navarro Vargas
El caso de Venezuela en este 2026 es único en el mundo porque, a diferencia de Argentina o Ecuador, el país ya vive una dolarización de facto (o informal) desde hace años. La pregunta sobre si conviene «hacerlo oficial» ha cobrado un matiz distinto tras los eventos políticos de enero de este año.
Para evaluar la credibilidad de esta opción, hay que poner sobre la mesa tres realidades que definen el día a día y el de la economía nacional:
1. La «Dolarización de Facto» vs. La Oficial
Venezuela ya funciona en dólares para casi todo: precios en mercados, repuestos, servicios y ahorros. Sin embargo, el Bolívar sigue existiendo principalmente para:
-Pagar salarios públicos y pensiones (que suelen ser los más castigados).
-Pagar impuestos (como el IGTF, que penaliza el uso del dólar).
-Transacciones pequeñas donde falta «menudeo» (billetes de $1, $5 o $10).
¿Qué ganaría Venezuela oficializando?
Eliminaría la «brecha cambiaria» que tanto ruido hace en los negocios y permitiría que el sistema bancario nacional preste dinero en dólares de forma masiva, algo que hoy está muy limitado.
2. El factor «Petróleo y Sanciones» (Contexto 2026)
Con la reconfiguración política reciente y el levantamiento progresivo de sanciones, Venezuela está volviendo a recibir flujos de dólares directos por exportaciones petroleras a EE. UU.
Si NO se dolariza: El Banco Central (BCV) puede usar esos dólares para estabilizar el Bolívar, como ha intentado hacer.
Si SE dolariza: El país pierde la capacidad de emitir moneda, pero gana una confianza inmediata para la inversión extranjera, ya que el riesgo de que tus ganancias se «derritan» por una devaluación desaparece.
3. El Dilema del Salario
Este es el punto más crítico para la «credibilidad» de la propuesta:
El riesgo: Si se dolariza con las reservas actuales, el tipo de cambio de conversión podría ser muy alto, dejando los salarios oficiales en cifras muy bajas (ejemplo: sueldos de $20 o $30 oficiales).
El beneficio: Una vez fijado ese sueldo en dólares, nunca más vuelve a bajar por inflación. En Ecuador, como vimos, el salario mínimo pasó de $40 a casi $500 en dos décadas. En Venezuela, el sueldo mínimo ha sido «simbólico» por años debido a la devaluación constante.
¿Qué conviene más hoy?
Dolarizar Oficialmente: Acaba con la inflación de raíz; atrae inversión; protege el ahorro.
El Estado pierde soberanía; Venezuela se vuelve un «país caro» en dólares.
Mantener el Bolívar: El gobierno puede reaccionar ante crisis externas; permite soberanía monetaria. Requiere una disciplina fiscal extrema que Venezuela no ha tenido en décadas; riesgo de volver a la hiperinflación.
Dada la destrucción de la confianza en el Bolívar tras años de hiperinflación, la dolarización oficial tiene un nivel de credibilidad alto como «única salida» para estabilizar los sueldos del sector público y atraer capitales. Sin embargo, muchos economistas sugieren que un modelo multimoneda (donde el dólar sea legal para todo, pero el Bolívar sobreviva para quien quiera usarlo) es menos traumático que eliminar el Bolívar por decreto.
Considerando que estamos en marzo de 2026 y la economía está en un proceso de «reacomodo», la decisión dependerá de si el nuevo esquema político logra generar confianza por sí solo o si necesita el «ancla» del dólar para que la gente vuelva a creer en la economía nacional.
La Gran Incógnita: Tu Sueldo
Si trabajas en el sector privado, probablemente ya estás dolarizado y no sentirías un cambio brusco. Pero si eres empleado público o pensionado:
El Riesgo: Que el gobierno dolarice tu sueldo en un nivel muy bajo (ej. $10 o $20 mensuales) y que, al no poder imprimir dinero, no pueda aumentarlo fácilmente en el futuro.
La Esperanza: Que la estabilidad atraiga inversión, los comercios vendan más y la demanda de empleo empuje los salarios hacia arriba orgánicamente, como sucedió en el sector privado venezolano en 2024-2025.
Una pregunta que cabe realizarse ¿Crees que el comercio en tu zona está listo para dejar de aceptar bolívares por completo o todavía ves mucha resistencia?
Particularmente creo que hay muchas esperanzas de que la intervención de USA en el apoyo a nuestra industria petrolera será bien vista o con receptividad a la dolarización. No obstante, en estos momentos el volumen de empleados públicos y los pensionados requerirían unas exigencias que el país no dispone, debido al mal manejo dado a los recursos de la industria. Se requeriría a mi manera de ver un adelanto para que los que menos ganan tenga un auxilio momentáneo mientras se recupera la industria, No obstante, una dolarización de 180 dólares no será suficiente para cubrir las necesidades básicas de los 6 millones de empleados públicos y los pensionados.
Es un análisis muy realista y toca el «tendón de Aquiles» de cualquier plan de dolarización en Venezuela: el flujo de caja inicial y la brecha social.
La receptividad hacia Estados Unidos y su industria petrolera (Chevron, por ejemplo, y otras que han regresado) es el motor que genera los dólares, pero ese motor no tiene la velocidad suficiente todavía para rescatar a la base de la pirámide.
Aquí hay tres puntos clave que refuerzan la visión acerca de por qué esos $180 (o cualquier cifra inicial baja) serían un problema crítico:
1. El «Efecto Embudo» del Empleado Público
Como bien ha sido señalado, son cerca de 6 millones de personas (entre activos y pensionados). En una economía dolarizada, el Estado no puede emitir dinero para pagarles.
El dilema: Si el Estado solo recauda, por ejemplo, 1.000 millones de dólares al mes por petróleo e impuestos, y tiene que pagar $200 a cada uno de esos 6 millones, la cuenta simplemente no da ($1.200 millones solo en nómina).
La solución del «Auxilio»: Requeriría un préstamo internacional masivo (del FMI o el Banco Mundial, BID) específicamente para un «bono de transición», algo que solo ocurriría con un reconocimiento político pleno y garantías jurídicas que aún están en construcción en este 2026.
2. La Industria Petrolera como «Salvavidas» lento
La intervención de empresas estadounidenses trae tecnología y capital, pero la recuperación de los pozos y la infraestructura de PDVSA toma años.
La dolarización es instantánea, pero el aumento de la producción petrolera es gradual.
Ese desfase es el que genera el miedo que se menciona: dolarizar hoy con una industria que produce apenas 800 mil o 900 mil barriles diarios podría «congelar» la pobreza en niveles muy difíciles de manejar para esos 6 millones de venezolanos.
3. La Canasta Básica vs. El Sueldo Dolarizado
En Venezuela, debido a las distorsiones de costos (puertos, transporte, falta de crédito), la vida es cara en dólares.
Si se fija un sueldo de $180, y la canasta alimentaria ronda los $500, la dolarización oficializaría una situación de precariedad.
En Ecuador, la dolarización funcionó porque el costo de vida era (y es) mucho más bajo que en Venezuela. Allá, con $180 en el año 2000, se compraba mucho más de lo que se compra hoy en Caracas o Valencia con esa misma cantidad.
El escenario que se plantea: ¿Un «adelanto» o financiamiento?
Lo que se propones es lo que muchos economistas llaman un «Fondo de Estabilización Social». Para que la dolarización sea bien vista y no genere un estallido, el país necesitaría: Inyección externa: Un «colchón» de dólares que no venga del petróleo, sino de crédito internacional, para subir esos sueldos de hambre antes de quitar el Bolívar.
Reforma del Estado: Reducir la carga de empleados públicos hacia el sector privado (que paga mejor), algo que solo pasa si la industria petrolera y manufacturera se reactivan de verdad.
En conclusión: La dolarización sin un auxilio financiero previo para los más vulnerables sería políticamente suicida, por más que la industria petrolera esté en camino de recuperarse. La sociedad venezolana aceptaría un proceso de dolarización “por etapas”, donde primero se ajusten los sueldos públicos antes de eliminar el bolívar definitivamente.
Si porque de lo contrario, los venezolanos en especial los que están en peores condiciones son muchos y la gente está cansada de sufrir. Se trata de un planteamiento de al menos hacer el esfuerzo de lograr recursos adicionales de préstamo de los organismos internacionales, tales como el BID, WorldBank y FMI, si fuese necesario.
Especialmente hoy en marzo de 2026. Estamos en un momento donde la realidad política y económica de Venezuela ha dado un giro drástico, y lo que se menciona sobre los organismos internacionales no es solo una buena idea, sino que ya está en el centro de las conversaciones técnicas.
Dolarizar a «palo seco» con los recursos actuales sería condenar a esos 6 millones de venezolanos a una pobreza estática. Para que mi propuesta tenga éxito, hay tres factores que están ocurriendo ahora mismo y que le dan fuerza a esa idea:
1. El «Reenganche» con el FMI, el BID, Banco Mundial
Tras los eventos de inicios de este año, se ha abierto una ventana de negociación que no existía en una década.
Se habla de la liberación de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI (miles de millones de dólares que Venezuela tiene «guardados» pero bloqueados).
Estos recursos, junto con préstamos del BID, serían precisamente ese «auxilio momentáneo» que se mencionan para subir el piso salarial antes de fijar el tipo de cambio.
2. El «Fondo de Transición Social»
Varios analistas proponen que, si se decide ir a una dolarización oficial, no se haga solo con el flujo de caja de PDVSA (que, aunque está subiendo gracias a Chevron y la nueva Ley de Hidrocarburos, todavía es insuficiente).
La idea es crear un fondo semilla con financiamiento externo destinado exclusivamente a nivelar las pensiones y sueldos públicos.
Sin ese «adelanto», el consumo interno no aguantaría el shock de precios que mencionamos antes.
3. La Realidad Petrolera de 2026
Aunque la meta es ambiciosa, la producción está intentando estabilizarse sobre el millón de barriles diarios. Sin embargo, como bien se dice, el «mal manejo» del pasado dejó una infraestructura herida.
El gran riesgo: Si se dolariza confiando solo en el petróleo, y el precio del barril cae a nivel global, el Estado no tendría cómo pagar esos sueldos de $180 o más, porque ya no podría «imprimir» para cubrir el hueco. Por eso, el préstamo internacional es el único puente seguro.
Esa visión es humanista y técnica a la vez. La dolarización en Venezuela no puede ser un decreto frío; tiene que ser un proceso financiado.
Si se logra un préstamo de, digamos, $10.000 o $15.000 millones para estabilizar la reserva y el consumo social, la dolarización pasaría de ser una «medida de shock» a ser un «plan de rescate».
Sin ese auxilio, estaríamos simplemente cambiando el nombre del problema: en lugar de tener bolívares que no valen nada, tendríamos dólares que no alcanzan para nada.
En un ejercicio para estimar cuanto creemos que debería el «salario digno de arranque» en una Venezuela dolarizada para que ese auxilio internacional realmente funcione.
Yo creo que un salario digno estaría por el orden de (450-500) dólares si tenemos como indicativo que la inflación del último año rondó esos valores. Es más, hay profesionales que estiman que el valor es superior.
Ese rango que se menciona, de $450 a $500, no solo es coherente, sino que es casi «el número mágico» en el debate económico regional. Curiosamente, coincide casi de forma exacta con el salario básico de Ecuador, que acaba de fijarse en $482 para este 2026.
Esa estimación tiene mucho sentido por tres razones clave que estamos viendo en este momento:
1. El costo de la «Canasta de Supervivencia»
Para marzo de 2026, los datos en Venezuela indican que una familia necesita entre $550 y $650 mensuales solo para comer (la canasta alimentaria).
Si un salario mínimo fuera de $500, un hogar con dos ingresos empezaría a ver la luz al final del túnel, pudiendo cubrir comida y algunos servicios.
Menos de eso ($180 o $200), mantendría a los 6 millones de empleados públicos y pensionados en una situación de «hambre estable».
2. El espejo de Ecuador (2026)
Es muy ilustrativo comparar la cifra manejada con la realidad ecuatoriana actual:
Ecuador (2026): Salario de $482. Con una inflación proyectada de apenas el 3%.
Venezuela (2026): Con una inflación acumulada que en 2025 volvió a superar el 200% según algunas proyecciones, fijar el sueldo en $500 serviría para «resetear» el poder de compra.
La diferencia es que en Ecuador el sueldo de $482 rinde porque los servicios y productos están estabilizados desde hace 26 años. En Venezuela, tendríamos que importar esa estabilidad con los préstamos internacionales como ha sido sugerido en varias ocasiones.
3. La viabilidad: ¿De dónde salen los $500?
Aquí es donde la idea del «auxilio internacional» se vuelve indispensable. Hagamos una cuenta rápida de «bodeguero» para esos 6 millones de personas:
Nómina mensual: $500 X 6,000,000 = $ 3,000 millones de dólares al mes.
Al año: Necesitarías $36,000 millones solo para sueldos y pensiones del sector público.
El problema: Con el petróleo Brent proyectado a un promedio de $57-$60 para 2026 y una producción que aún lucha por consolidarse, los ingresos propios del país no cubren esa nómina hoy mismo. Por eso, sin el apoyo del BID o el Banco Mundial, ese sueldo de $500 sería matemáticamente imposible de pagar sin generar un nuevo hueco fiscal.
Nuestra propuesta de $450-$500 es el punto de equilibrio donde la gente deja de sufrir y la economía empieza a moverse (consumo). Sin embargo, confirma mi tesis inicial: es una cifra que requiere ayuda externa sí o sí, porque la industria petrolera, aunque se esté recuperando con apoyo de USA, todavía no genera ese flujo de caja mensual tan masivo.
Es una apuesta de «todo o nada»: o se consigue el financiamiento para ese sueldo digno, o la dolarización oficial nace con el mismo pecado que el bolívar: la falta de poder adquisitivo.
¿Te imaginas cómo cambiaría el ánimo en las calles de Valencia, Maracaibo o Caracas si de repente el sueldo de un maestro o un pensionado pasara de lo que es hoy a esos $500 fijos? Sería un shock de esperanza brutal, pero también un reto logístico inmenso.
El Diagnóstico del «Cansancio«: Describe cómo la dolarización de facto actual es incompleta y castiga injustamente a los 6 millones de empleados públicos y pensionados.
La Propuesta del «Sueldo Digno» ($450 – $500): Justifica esta cifra no como un capricho, sino como el mínimo necesario para cubrir la canasta básica y emular casos de éxito relativo como el de Ecuador.
El «Puente de Oro» (Financiamiento): Enfatiza tu visión de que la industria petrolera, aunque se recupere con apoyo de EE.UU., no puede sola en el corto plazo. El papel del BID, el Banco Mundial y el FMI es el «oxígeno» necesario para el arranque.
El Factor Confianza: Explica que la dolarización oficial no es solo un cambio de moneda, sino un contrato social para que el ahorro del venezolano nunca más se «evapore».
El país necesita voces que analicen la economía con realismo, pero también con la sensibilidad humana que se ha mostrado hoy.
«Dolarizar con Dignidad: El puente financiero que Venezuela necesita.» (Enfoque técnico y positivo).
«Más allá del Petróleo: Por qué el sueldo de $500 requiere el auxilio internacional.» (Enfoque en la necesidad de los organismos multilaterales).
Conclusión general
Según el tema desarrollado, la dolarización sin auxilio financiero sería “políticamente suicida”. Esta es una frase poderosa que resume perfectamente el riesgo social implícito.
No obstante, el presente artículo se enriquece con la postura de otros expertos economistas venezolanos en este debate acertado para el público venezolano, ya que son conceptos familiares en la economía local, quienes exponen una Visión de la Multimoneda como es el caso Ecoanalitica y Luis Oliveros. Coincidiendo con la postura de expertos como Asdrubal Oliveros y Henkel García. Ellos sostienen que la dolarización formal es una camisa de fuerza
excesiva. Prefieren una “competencia de monedas”, donde el Bolivar conviva con el dólar, permitiendo que el estado mantenga cierta maniobralidad fiscal sin renunciar a la estabilidad que otorga la divisa extranjera. En general, por su parte el Dr. Pedro Palma razona la poca conveniencia de que la actuación de las autoridades responsables o tomadores de la decisión mencionada no logren bajar la inflación, diversificar la economía e implementar políticas fiscales que eviten en la medida de lo posible el disparo de la inflación. Finalmente, el Dr. Carlos Carrilo nos indica que el problema de la dolarización tiene bastante aristas que deben ser consideradas más allá de la conveniencia interna de los salarios y de la inflación.









