1958-2018

La Venezuela colonizada en repuesta a los crecientes conflictos comerciales con la metrópolis, y bajo la influencia de las revoluciones del siglo XVIII en Inglaterra, Estados Unidos y, sobre todo, en Francia, tomó la decisión de independizarse, y promover lo mismo en el contexto latinoamericano, con el liderazgo especial de Bolívar y Miranda. Posteriormente, gente como Páez, Vargas, Michelena y Toro, impulsan el proceso de creación de la república, el cual es interrumpido por la fuerza de los caudillos, como Monagas y Blanco, a quienes no se les ve dignos del Panteón Nacional, igual que otros. Debe anotarse la experiencia de la frustrada Revolución Federal.

El último caudillo fue Gómez, quien fue enfrentado por la Generación del 28, integrada, entre otros, por Villalba, Pio Tamayo, Andrés Eloy Blaco,Betancourt, Leoni, Pocaterra, la cual inicia un proceso que animado, en mayor o menor medida, por López Conteras y Medina, concluye con la gestión de Betancourt, la cual conduce a la Constitución democrática de la República de Venezuela en 1947. Pero esto es interrumpido en 1948 por un nueva onda caudillesca de militares encabezada por Pérez Jiménez, la cual golpea y derroca el gobierno presidido por Rómulo Gallegos, el primer presidente electo directamente por el pueblo.

El burdo intento perezjimenista de eternizarse en el poder se tradujo en los fraudes electorales de 1952 y 1957, los cuales condujeron a la resistencia clandestina de algunas organizaciones partidistas recientemente constituidas, la cual originó cárcel, tortura, exilio y hasta asesinato, como el de Ruiz Pineda, para un importante grupo de venezolanos ;  a la Carta Pastoral de Monseñor Arias Blanco, Obispo de Caracas, reivindicando los derechos elementales del pueblo venezolano; a la creación de la Junta Patriótica en junio de 1957 con Ojeda, Aristeguieta Gramcko, García Ponce, Ortiz Bucaran y otros; a que el movimiento estudiantil encabezara una protesta y una rebeldía significativas contra el régimen; y finalmente a un rápido crecimiento de la resistencia democrática, que dio lugar a que un importante sector militar se rebelara al iniciarse 1958, y luego que una fuerza militar determinante, encabezada por el Contraalmirante Wolfgang Larrazábal, depusiera el 23 de enero de 1958 al dictador Pérez Jiménez y lo hiciera huir a República Dominicana. A este respecto, vale registrar el hecho de que en su carrera de huida, Pérez Jiménez dejó olvidada una maleta repleta de dólares, lo que se ve como un símbolo de la desenfrenada corrupción que caracterizó, entre otros delitos, ese régimen funesto. También se destaca la participación popular en el hecho de que su protesta llevó a la sustitución de los coroneles Casanova y Romero Villate por Eugenio Mendoza y Blas Lamberti como miembros de la Junta Cívico Militar gobernante.

El 23 de enero marca el fin de una década de terror para los venezolanos y el inicio de un período de experiencia democrática, sin duda alguna uno de los más interesantes e importantes de la historia venezolana. Se registra la incorporación de todos los sectores de la vida nacional, con diverso grado de intensidad, al proceso de construcción de la democracia, destacándose la firma del Pacto de Punto Fijo por Betancourt, Villalba y Caldera en representación de AD, URD y COPEI, el cual posibilitó la derrota de los movimientos de derecha encabezados por Castro León, entre otros, y de izquierda, como el Carupanazo y el Porteñazo,  que intentaron derrocar al gobierno democrático, el cual siempre contó con el apoyo del pueblo. Se registra la política de pacificación culminada por el gobierno de Rafael Caldera.

Ese día nació una democracia que llegó a ser vista y reconocida como modelo en América Latina, con separación de poderes, alternancia en el poder, un sistema electoral confiable que llegó a incluir la elección directa de gobernantes y representantes, y una economía que, con defectos normales, le proporcionó a la población un proceso de mejoramiento de sus condiciones de vida y de su libertad. Hoy, sin embargo, debemos registrar también años en los cuales se hizo necesario corregir y superar fallas y deficiencias, mayores y menores, posiblemente nacidas en el sistema que advino ese 23 de enero, posiblemente formadas como consecuencia de la evolución desde entonces, las cuales llegaron a significar un freno a la democratización de Venezuela, tales como el clientelismo partidista, el sectarismo, el caudillismo y el pragmatismo desmedido y el ofrecimiento de promesas no comprometidas, la lucha ambiciosa e interminable por el poder, la corrupción administrativa, la designación de funcionarios no idóneos como “premio” por servicios especiales y el intento de acallar la crítica y la opinión.

Viendo hacia atrás, se ve que estos correctivos no se realizaron, aunque algunos de los responsables no lo quieran admitir, y el freno a la democracia se convirtió en deterioro y descrédito, y la pérdida del apoyo del pueblo que siempre había estado presente, lo que se tradujo en contradicciones muy graves, tales como la indebida destitución del Presidente Carlos Andrés Pérez y el hecho de que la colectividad electoral le encomendó la conducción del país a alguien que no creía en la democracia, y que por el contrario, procuró su destrucción.

Esto se puede ver en una gestión que, no solo no procuró superar los males que agobiaban al país, sino que los ha traído a una condición de destrucción nunca vista en Venezuela, registrándose concentración de todos los poderes públicos en el Presidente de la República, significando que los sistemas de justicia y electoral son instrumentos a su servicio; desconocimiento del Poder Legislativo, pretensión de reelección indefinida, manejo arbitrario del Banco Central de Venezuela y demás instituciones económicas y financieras, con funestas consecuencias que golpean dramáticamente a la población en materia de inflación y abastecimiento;  fallas generalizadas y ausencia en el ámbito de los servicios públicos, y en general, privación y negación de derechos a los ciudadanos. Pero, a la democracia de Venezuela no la han podido destruir, ni lo podrán lograr porque eso lo demuestra la historia de Venezuela, una nación que ha creado democracia.

Hoy enfrentamos un reto parecido, pero en lugar de crear democracia como lo fue en 1958, hoy se trata de rescatar y recuperar el tesoro más valioso que hemos tenido los venezolanos. Pero como no se trata de proclamar deseos, sino de recorrer el camino de la reconstrucción, se debe concluir planteando que tenemos que comunicarnos eficientemente, con inteligencia, sensatez y responsabilidad, y construir, como en 1958,  una unidad integral, de partidos y, fundamentalmente, sociedad civil , con la legítima y debida participación de todos los sectores de la sociedad, universidades, trabajadores, empresas, iglesias, partidos políticos, jóvenes y estudiantes, mujeres, en fin todos nosotros, sin darle a la inevitable relación con el gobierno más importancia y trascendencia que la que realmente nos merece, y subordinando como corresponde en este momento de reconstrucción, todo interés particular o de grupo por muy legítimo que pueda ser. No se cree necesario en este momento hacer referencia a lo que se conoce como programa de gobierno, a pesar de su importancia, porque ya la Venezuela democrática lo ha estudiado y lo conoce, y porque no se trata de un compendio de iniciativas extraordinarias ajenas al sentido común de una sociedad humana y solidaria.

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