20 lecciones de un profesor para formar alumnos exitosos

profesor

mejor que mil días de estudio diligente es un día con un gran maestro

proverbio japonés

Esta frase resume bien por qué es tan determinante en la vida de las personas tener un maestro que estimule la creatividad, inspire el amor por el conocimiento, despierte la curiosidad y el ingenio de sus alumnos, y los conduzca hacia la construcción de un futuro exitoso.

Pero ¿cómo desarrollar estas habilidades y potenciar los talentos de las personas más jóvenes? Al cumplir 35 años como profesor universitario en prestigiosos centros educativos como las universidades de Los Andes, Externado y Cesa, en áreas de ciencias económicas, administrativas y liderazgo, Mauricio Rodríguez Múnera decidió hacer una reflexión sobre cómo enriquecer la labor de los docentes y por este camino impactar positivamente la vida de los jóvenes estudiantes.

Rodríguez, quien fue director y fundador del diario de economía y negocios Portafolio y que hace parte del consejo editorial de Revista Dinero, logró acumular una rica experiencia como docente que le ha permitido identificar aquellas enseñanzas útiles valiosas tanto para otros maestros como para los jóvenes que buscan encontrar el camino hacia la excelencia.

En su opinión, “los jóvenes de hoy tienen un gran potencial para ser mejores ciudadanos, mejores profesionales y mejores seres humanos de lo que hemos sido” y por eso su formación debe ser muy inspiradora y fortalecer áreas de conocimiento y habilidades que se necesitarán hacia futuro. Este profesor compartió en un artículo de la revista Ruta Maestra, que edita Santillana, compartió estos consejos para educar mejor a las nuevas generaciones.

1) Enseñe una materia que lo apasione. Para ser un gran maestro es indispensable amar lo que se enseña. Ese amor se transmite, se contagia. Sirve para compartir lo que se sabe con entusiasmo, y esa energía positiva estimula a los estudiantes a aprender.

2) No les enseñe qué pensar, sino cómo pensar. La misión del maestro no es adoctrinar a sus alumnos sino enseñarles a reflexionar sobre los diversos puntos de vista, las diferentes opciones, y escoger la mejor con buen juicio.

3) Estimule el pensamiento crítico. El sano escepticismo, así como la constante curiosidad permiten a los estudiantes buscar de manera permanente respuestas y soluciones a sus preguntas. Los estudiantes deben cuestionar todo y al mismo tiempo explorar salidas. Incluso en temas que a primera vista no aparecen tan atractivos, explorar puede arrojar lecciones valiosas.

4) Promueva evaluaciones periódicas de su labor. Permitir que los alumnos evalúen su labor docente es clave, pero esta debe estar diseñada para medir la calidad de la educación, no la popularidad del profesor. Esta información le permitirá corregir errores, fortalecer debilidades y para aprovechar al máximo las fortalezas. Y debe complementarse con la evaluación técnica de la propia institución educativa.

5) Conozca bien lo que hacen sus colegas. Conocer a fondo el contenido de los cursos dictados por otros docentes relacionados con la materia que se enseña evita las duplicaciones y los vacíos. Además, las conversaciones con los colegas permiten identificar las necesidades, dificultades y oportunidades de desarrollar mejor el talento de los jóvenes.

6) Exija puntualidad con los requisitos y las tareas. Enseñar es también inculcar buenos hábitos como el cumplimiento de normas, la disciplina y la responsabilidad. No solo estamos formando buenos profesionales, también mejores seres humanos.

7) Sea implacable con la copia y el plagio. Adoptar la política de cero tolerancia con los que no respetan las normas es clave en el periodo de formación de los jóvenes, para que interioricen que es inaceptable incurrir en prácticas deshonestas.

8) No pida datos de memoria. De nada sirve que los estudiantes memoricen datos, fechas y concepto, especialmente en momentos en que el mundo digital pone esta información a la mano. Los alumnos deben pensar, investigar, evaluar y no solo almacenar letras y números.

9) Tareas y lecturas que conecten con la realidad. La forma más fácil de lograr la atención y el interés de los jóvenes es ubicándolos en su país, su región y el mundo. Si bien la teoría es indispensable, al complementarla con ejemplos de la vida real el aprendizaje es mejor y garantiza una comprensión superior.

10) Breve y concreto. Pida exposiciones orales breves, claras y concretas porque cada día es más importante hablar bien en público no solo para lograr el éxito personal sino también para mejorar el trabajo en equipo. El aula de clase es el espacio perfecto para aprender a comunicar eficazmente de manera oral y su continua práctica les da a los jóvenes más confianza.

11) Escribir sobre sus lecturas o lo que ha aprendido en clase. Estimule que los jóvenes expresen sus ideas por escrito, porque resulta clave para su futuro. Como muchos tienen mala ortografía y redacción confusa -porque han leído y escrito poco-, al ejercitarse en la escritura pueden corregir los errores y aprender a desarrollar mejor sus ideas.

12) Enseñar, no atiborrar de contenido. Una sabia reflexión de Plutarco afirma que “educar no es llenar un recipiente, es encender un fuego”. Ese fuego es la curiosidad por saber más del tema, por entenderlo mejor, por actualizarse constantemente y ojalá el resto de la vida.

13) Enseñe con el método socrático. Ese gran filósofo se distinguía por la calidad y cantidad de sus preguntas. En vez de solo transmitir ideas, ponía a las personas a pensar en respuestas a sus interrogantes. Las escuchaba, después presentaba sus propias ideas y luego invitaba al debate. Este método es muy efectivo porque les da protagonismo a los alumnos y es más dinámico y estimulante que el mero traspaso de conceptos.

14) Haga de cada clase un viaje. Convertir la cátedra en una aventura de exploración, con un mapa y un destino, sorpresas y pruebas a bordo, se convierte en la mejor forma de entusiasmar a los jóvenes. No olvide que el aprendizaje debe ser una experiencia lúdica, entretenida e interesante, que pone a prueba la creatividad de los docentes.

15) Exámenes, no horas de pánico. Las evaluaciones deben ser una invitación a reflexionar sobre lo aprendido y no sólo una prueba de qué tanto asimiló el estudiante. Por eso no deben generar ansiedad o miedo, aunque sí ser exigentes.

16) Ponga muchas lecturas de calidad. El promedio de lectura para un estudiante de postgrado a la semana debe ser de 300 a 400, para desarrollar su capacidad creativa y aprender mejor. Leer exige concentración y disciplina, cualidades indispensables para el éxito profesional.

17) Sea más digital. El universo digital facilita la búsqueda de contenidos de calidad a través de plataformas como Youtube, Facebook, Instagram, Twitter o de aplicaciones especializadas. Los jóvenes se sienten mejor en el ámbito digital y por eso complementar las lecturas de libros con las que se encuentran en la red puede ser una buena combinación.

18) Los debates deben ser una herramienta pedagógica. En países desarrollados los estudiantes desde la época escolar y mucho más en la universidad aprenden a debatir porque durante su vida profesional tendrán que poner en práctica el arte y la ciencia de los debates con altura, es decir buenos argumentos, metodología sólida, ingenio y ojalá humor.

19) Cambio de roles. Asignar a los alumnos diferentes roles durante el proceso de aprendizaje les permite desarrollar la empatía, investigar y ser versátiles. Lleve invitados interesantes a sus clases, que enriquezcan la vida de los jóvenes.

20) Sea ejemplo. A veces las acciones dicen mucho más que las palabras, por eso el comportamiento personal y profesional de los profesores debe tener los más altos estándares. Nada supera el orgullo y la satisfacción de ser un maestro ejemplar, un profesor cuya labor siembre en las mentes, los corazones y las almas de sus alumnos las mejores semillas posibles.

Por FinanzasPersonales.co

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