A otros con ese hueso

Ahora resulta que el mismo Jaua, el chico de los mandados, será un «gobernador modelo.»

ANTONIO COVA MADURO | EL UNIVERSAL – Jaua ¡a nosotros, no! Que te conocemos, Jaua, ¡vaya que te conocemos! Esas ofertas, esas de un gobernador normal para un país normal, con las ofertas que todo el mundo ansía no fueran puras ofertas, sino lo que cualquiera que pudiera realmente trabajar por su estado, encararía presto y le dedicaría las 24 horas de cada día de su mandato, no son ni siquiera pensables viniendo de quien vienen, del hombre que, por años, ha estado más cerca de quien ha impedido que esa labor se haga. ¡Por Dios, Jaua!

Nada me pareció más adecuado que hacer pública esta petición después que leí el tan oportuno y buen ar- tículo que escribiera Sergio Dahbar este sábado pasado en El Nacional («Conmigo, no»), sobre un revelador incidente en un programa de la televisión oficialista de Buenos Aires, cuando, ante una «airada» diatriba de uno de esos comentaristas que, de pronto se sienten impelidos a manifestar -cuando les resulta muy conveniente- toda su pasión revolucionaria, la notable intelectual argentina Beatriz Sarlo le espetó, enmudeciéndolo, «Conmigo no, Bertone», que nos conocemos.

Según informaba Dahbar, ese fue el hit de la noche. Una especie del «¿Por qué no te callas» por todos recordado. Los siguientes días miles de franelas lo recordaban por doquier con su eslogan, Conmigo no, estampado en pleno pecho. Es eso, en efecto, lo que quisiera decir hoy. Con nosotros no, Jaua, que nos conocemos, y sabemos varias cosas.

La primera es que quien ha sido el servidor más leal, servicial y por sobre todo, callado ante cualquier loco deseo de Hugo Chávez, no nos puede venir ahora con eso de que será un gobernador modelo. Patrullas policiales equipadas con la última tecnología, conducidas por unos policías que serían la envidia de cualquier ciudad espléndida y bien atendida. ¡Por Dios, Jaua!

Por Dios, que le has servido sin pestañear a quien solo se le pudo ocurrir que, para detener al hampa, nada mejor que ¡una Misión más! Que mientras eso que llaman CICPC luce exhausto, sin una locha para llevar a cabo su oficio, y sin ninguna política que lo oriente ( sin eso que los venezolanos llaman, «voluntad política»), ni decisión que la respaldare, la gran idea fuera la de una misión, tú nos vengas ahora como una especie de Súper Mario de la seguridad ciudadana.

Por Dios, que ni un dedo moviste, no digo ya para garantizar la más mínima seguridad en Miranda, sino en ningún otro rincón del país, y ahora descubres que hasta a los funcionarios policiales leales a la revolución los están matando. Ahora descubres que esa incompetente a quien tu jefe puso a arreglar las cárceles y no ha hecho otra cosa que empoderar a los pranes, entonces nos quieres hacer creer que tú, el más genuino producto de esta revolución, y el más leal servidor de su Jefe, sí lo harás. ¡Por Dios, Jaua!

Pero hay algo peor. ¿De cuándo a dónde ese interés súbito -tuyo y de tu Gobierno- por arreglar los problemas de la gente? ¿Y es que la gente tiene problemas? ¿Podrías decirnos con quién es que los apagones no dan sosiego a Venezuela, ni las carreteras se sostienen (allí está Carayaca para confirmarlo) ni los puentes dejan de caerse, con quién, Jaua? El gobierno «revolucionario» que tú representas y del cual eres la más pura expresión, jamás ha mostrado el más mínimo interés por esto. Digo, interés de verdad, no de boquilla, que en eso somos excelentes todos.

Ahora resulta que el mismo Jaua, el chico de los mandados, será un «gobernador modelo», cuando en la prensa chavista no hace más que cantar loas al futuro «Estado Comunal», mientras con prudencia calla lo que esto esconde cuando sale a cazar votos. Por una vez, ¿podrías decir a lo que en realidad vas cuando intentas cumplir la voluntad del Jefe que a dedo te puso en el compromiso de optar a ser el próximo gobernador de Miranda?

Por eso, no podemos responderte sino con el viejo dicho español, ¡A otro perro con ese hueso! Todos sabemos en la situación en que estamos. La vivimos a diario. Más aún, sabemos que si alguien no quiere -¿o no puede, realmente?- llevar a cabo lo que andas prometiendo, eres tú precisamente. Si todavía ni siquiera sabemos por qué fuiste el escogido para hacer reinar la Nada en el estado Miranda.

Sospechamos, eso sí, que hay más detrás de esa jugada, y que por ello nada haría más feliz a tu antecesor en esa aspiración, el sempiterno Diosdado, que una contundente derrota tuya el próximo 16-D. Se sacaría un clavo y desplazaría a un enemigo potencial en la ya segura sucesión. Tendremos que complacerlo.

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