Argentina

Ortodoxia y Heterodoxia Monetaria

Argentina acaba de tomar medidas encaminadas a permitir que las reservas del Banco Central puedan ser utilizadas por el Ejecutivo para pagar deudas externas o enfrentar otros gastos que éste considere necesarios para la salud económica del país. En este campo, aun cuando con algunas diferencias formales, se sigue el mismo camino que -años atrás- ya había sido señalado por Venezuela.

En ambos casos la decisión obedece a necesidades o dificultades coyunturales, pero es indudable que este tipo de decisión -tomadas ya por dos países de alto peso económico en la región– generan un cambio significativo en la ortodoxia monetaria que se venía respetando en el continente, por lo menos desde la crisis de los años 80.

La idea predominante venía siendo que el Banco Central es una institución con patrimonio propio y con independencia en sus decisiones, y que nadie puede, por lo tanto, imponerle normas respecto a cómo utilizar los dólares o demás divisas que el Banco Central ha comprado y pagado- en el mercado nacional o internacional – y que le pertenecen de pleno derecho. Además, la compra a la venta de esas divisas, de acuerdo al criterio del propio Banco Central, le permiten a éste aumentar o disminuir el nivel de la base y de la liquidez monetaria interna – y en esa medida mantener bajo control el nivel de la inflación dentro del país- que es, según, la ortodoxia monetaria, el único objetivo que debe tener el Banco en sus decisiones monetarias y económicas.

Si el Banco Central -de Venezuela, de Argentina o de cualquier otro país que siga estos pasos- le traspasa dólares al Ejecutivo, y éste a su vez se los vende al propio Banco Central para obtener moneda nacional – y llevar adelante, en esa medida, gastos internos dentro del país – entonces eso es una y la misma cosa que traspasarle directamente moneda nacional, con lo cual la emisión aumenta y se incrementan en alta medida las posibilidades de alcanzar elevadas tasas de inflación. Además, las divisas vuelven rápidamente al Banco Central –o ni siquiera alcanzan a salir de él- con lo cual la entrega de reservas y la consiguiente emisión monetaria se convierten en un fenómeno reiterativo.

Ligeramente distinta es la situación si los dólares que el Banco Central le traspasa al Gobierno se utilizan para efectos de pagar deudas externas y/o para costear importaciones de variada naturaleza.

En ese caso, no se genera en lo inmediato nueva emisión de moneda nacional. La consecuencia de corto plazo es que el Banco Central se queda con menos reservas, como para responder a los requerimientos de divisas que los agentes económicos hacen en forma habitual para efectos de importaciones, pago de deudas y/o constitución de activos en el exterior, lo cual obliga restringir por medio de medidas administrativas el uso de divisas para algunos o todos de estos objetivos. En este terreno juega un rol fundamental el concepto de “nivel adecuado de reservas” –que fija el limite más allá del cual se traspasan reservas al Ejecutivo- que no queda definido en las leyes, ni tiene tampoco carta de ciudadanía en el campo de la ciencia económica, sino que es definido en cada momento por el criterio de las autoridades del Banco Central, sujeto, desde luego, a las presiones correspondientes por parte del Ejecutivo.

La otra consecuencia, más a largo plazo, es que el Ejecutivo se acostumbra a contratar deuda externa, -la cual es altamente probable que incremente en su momento la base y la liquidez monetaria interna- sin acostumbrarse en igual forma a generar los ahorros posteriores que sean necesarios para cancelarla.

Junto con las medidas ya comentadas, la decisión argentina reciente modifica los objetivos del Banco Central, agregando a la mera tarea de regular la estabilidad de la moneda – es decir, de luchar contra la inflación – la tarea adicional de colaborar con el Ejecutivo en la consecución del crecimiento económico del país, lo cual le abre un campo de responsabilidades y de acción prácticamente ilimitado.

Sin perjuicio de analizar los elementos coyunturales que han conducido a Argentina a tomar este tipo de medidas, es indudable que ellas generan la obligación de revisar con serenidad la ortodoxia monetaria que se había venido imponiendo desde la década del 80, y que no genera mucha comodidad a muchos gobiernos de la región.

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