El Estado debe afrontar las causas de la Pobreza

El interés de este escrito, es justamente, analizar si realmente se cumple con el compromiso social de irradicar la pobreza, más cuando el país ha tenido grandes ingresos cuando el precio del petróleo llegó a $194 dólares el barril y fue una gran oportunidad para dar paso a programas que afrontaran este flagelo que por años Venezuela ha vivido.

No obstante, se nota en el territorio nacional un índice de pobreza significativo, en donde no nos extraña ver en las calles de las principales ciudades del país ha muchos indigentes, vendedores de una economía informal cada vez más incrementada, buhoneros que toman por asalto calles céntricas, a niños, guajiros, ancianos pidiendo una limosna, para adquirir un alimento. Se observa también cómo hay muchas colas en las puertas compañías buscando como emplearse, desempeñar una función que les permita adquirir un salario.

Debe el Gobierno nacional centrarse más en buscar las formas de cómo actuar en función de irradicar la pobreza en forma más eficaz, a fin de seguir evitando la inseguridad que cada vez más se incrementa en el país, los robos, secuestros, asesinatos.

Recuérdese como lo destaca el diario La Nación, de Buenos Aires: La pobreza es la situación que dificulta satisfacer necesidades elementales de las personas: la alimentación, el derecho a la vivienda digna, la salud. Si mil millones de personas viven en el mundo con sólo un dólar, se comprenderá que el déficit alcanza proporciones abrumadoras y somete a casi la sexta parte de la humanidad a la inanición.

Ese es el llamado nivel de indigencia, cuya presencia horroriza a cualquier conciencia normal y debe movilizar a los espíritus solidarios, a fin de lograr, con inteligencia y decencia, la superación de los cuadros aberrantes de desigualdad social a que da lugar. Nada se logra con frases retóricas y vacías de contenidos. Es indispensable plantear las preguntas correctas sobre las razones por la cuales, la pobreza y la indigencia, en vez de retroceder o encontrar diques de contención efectiva, tienden a expandirse, sobre todo en regiones como el África profunda y América latina.

El alto costo de la vida es un hecho cierto en el país. Muchos no tienen la capacidad monetaria para adquirir alimentos que cada vez se incrementan en sus costos. La canasta básica pasa ser un lujo para muchas personas de la clase baja y aun para la clase media.

Ir de compra a un supermercado es un lujo para muchos, sobre todo, cuando al depositar la mercancía de los carritos ante las cajas en donde se paga, se observa cómo el costo de lo adquirido es altísimo para quienes cuentan con una familia a quien sustentar.

A todo ello se agrega el alto costo de visitar a un médico, en donde desafortunadamente muchos hacen de su profesión un negocio, y tan sólo por el valor caro de la consulta, discriminan a quienes están imposibilitados a cubrir esos precios, condenándolos a, si se quieren curar, ir a los hospitales públicos, en donde no hay garantía de un buen servicio, atención, que le ayude a resolver su problema. Simplemente, enfermarse es un gran lujo e inaccesible para los pobres, ya no se diga la adquisición de la medicina, que imposibilita a muchos su compra.

También se manifiesta, lo que señala en su editorial el diario La Nación, que la educación está en crisis. Desde luego no sólo en Argentina, sino en la misma Venezuela. Maestros sin vocación y permanentemente predispuestos a la protesta callejera, dejan todos los años sin un porcentaje importante de días escolares a niños de todo el país. Sin estímulos pedagógicos a la creatividad y sin suficiente ilustración general y especializada, es imposible alcanzar funciones laborales que resultan cada vez más exigentes en el mundo moderno.

Las universidades se han tornado para muchos aspirantes, difíciles de acceder por lo que involucra sus costos; aun las públicas, más, cuando los alumnos son de otra región y emigran a otros estados en busca de una oportunidad de estudio, ello involucra un costo en el traslado, vivienda, alimentación. Ya no se diga de las privadas cuyo costo es altísimo, en donde se vislumbra, que la educación es más un negocio que un compromiso de proporcionar los conocimientos, formación que se requiere para capacitar profesionales que el país necesita.

Sin una cultura del trabajo debidamente afianzada, no hay sociedad que progrese. Los planes de asistencia financiera y económica, fundados para resolver cuestiones de emergencia, no pueden eternizarse, y menos desalentar la vocación del hombre y de la mujer por producir y ser de alguna utilidad a sí mismos y al conjunto social.

A todo ello se agrega la malversación de los fondos, del capital que se debe usar en pro de dar paso a la creación de empresas, fuentes de trabajo; así como la dinámica corrupción que se manifiesta y en donde están involucrados funcionarios de Gobierno, personas encargadas de ejecutar planes que favorezcan la erradicación de la pobreza.

Muy bien lo señala el diario mencionado anteriormente en su editorial cuando señala, que la corrupción lo pudre todo. La corrupción introduce el desaliento para avanzar sobre las bases más lentas, pero seguras y recomendables del trabajo y la ocupación honesta de todos los días. La corrupción es, por antonomasia, un elemento contradictorio, con la urgencia de afirmar en el país el concepto de ciudadanía fiscal, por el que todos deberían pagar sus impuestos, a fin de que se atiendan los servicios sin los cuales, cae el orden social y sería imposible el desenvolvimiento del Estado.

El Presidente Hugo Chávez, si quiere aspirar a una nueva reelección, debe prestarle mucha atención al comportamiento de la pobreza que, en el país, todavía se manifiesta y que genera problemas inseguridad. Debe avocarse a erradicarla con empleo, corrigiendo todas aquellas causas que hacen que se manifieste, sancionar a los culpables y garantizarle al venezolano, confiabilidad en su gestión, con programas que beneficien a todos.

Por qué así sea…

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