El Fondo Monetario Internacional ha publicado recientemente sus proyecciones sobre el crecimiento de los países de la América Latina para los años 2016 y 2017. Este organismo no es indudablemente un oráculo infalible, entre otras cosas porque él futuro siempre es incierto y, además, porque el FMI ha acumulado en el pasado una cierta masa crítica de errores, tanto en sus previsiones como en sus recomendaciones de política, lo cual hace que sus proyecciones o previsiones económicas se tomen hoy en día con cierta cautela. Pero aun con todo ello, el FMI es un organismo serio que intenta mostrar una panorámica lo más ajustada posible a las metodológicas usualmente utilizadas internacionalmente para medir el desempeño económico de los países.

A todo lo anterior se suma el hecho de que Venezuela ha dejado de publicar estadísticas económicas que sean oportunas y que sean creíbles, razón por la cual hay que echar mano a lo que exista. Las estadísticas del Banco Central de Venezuela suelen hacerse públicas con uno o dos años de atraso, cuando ya han perdido toda su utilidad como herramientas para la toma de decisiones económicas y, además, se suelen presentar rodeadas de una cuota muy alta de sospechas sobre la seriedad y la veracidad de lo que muestran.

Las estadísticas recientes del FMI muestran, con relación a Venezuela, una realidad que no nos sorprende: no hay ningún país de la región que muestre un desempeño peor que el de nuestro país. Si se toman lo datos disponibles sobre el crecimiento del PIB en el año 2015, más lo que se visualiza que sucederá en el año 2016, y las previsiones sobre el año siguiente, se puede decir que no hay ningún país latinoamericano que sume tres años seguidos de caída de la producción, tal como lo muestra Venezuela. Una caída ya suficientemente consolidada de 6.2 % en el año 2015, una caída posible de 10. % en el año en curso, y una previsión de una nueva caída de 4.5 % en el año próximo. En total, si todo ello resultara cierto – o cercano a la verdad – se terminaría el año 2017 con un PIB menor en un 22 % al PIB del año 2014. En promedio cada venezolano sería un 22 % por pobre que hace tres años atrás. Es difícil que un gobierno exhiba un cuadro económico tan malo como este.

No se le puede echar toda la culpa al petróleo. Países que también hacen del petróleo su principal producto de exportación, tales como Ecuador o Colombia decrecerán poco, o incluso crecerán, a pesar de que sufren las mismas condiciones adversas del mercado internacional petrolero. Ecuador, por ejemplo, creció poco, un 0.3%, en el 2015, se visualiza que caerá en un 2.3 % en el presente año y que volverá a caer en un 2.7 % en el año siguiente. Colombia, en cambio creció en un 3.1 % en el 2015, y crecerá en un 2.2 % en el 2016 y volverá a crecer en un 2.7 en el año 2017. Chile, que ha visto caer los precios del cobre, ha crecido en un 2.3 % y en un 1.7 % en los años 2015 y 2016 y se espera que crezca en un 2.0 % en el año 2017. Toda la América del Sur se espera que decrezca en un 2.0 % en el año en curso, pero que supere su decrecimiento, y vuelva a crecer en el 2017, a una tasa de 1.1 %. Solo Venezuela ha decrecido en el pasado reciente, está decreciendo en el presente y seguirá decreciendo en el futuro cercano.

¿Porque Venezuela presenta una situación tan mala como la que se deduce de las estadísticas mencionadas? La respuesta oficial, que satisface a la fanaticada, es que Venezuela enfrenta una guerra económica que le han declarado el imperio, los países vecinos, el Mercosur, los empresarios internos, la Asamblea Nacional, la banca internacional y media humanidad más. Si esa hipótesis fuera cierta, habría que decir, con la mano en el corazón, que no se están cosechando éxitos en esa guerra, sino todo lo contrario. Pero esa hipótesis es poco convincente. El mundo comercializa con Venezuela todo lo que Venezuela está en condiciones de comprar o de vender. No le venden a precios más caros ni le compran a precios más baratos. Le venden y le compran a precios internacionales. Los negocios son los negocios. Lo que sí ha sucedido es que no es fácil encontrar alguien que le venda a crédito a Venezuela- al gobierno o a las empresas privadas – pues las condiciones de pago no son muy seguras, sino que son un tanto riesgosas, así que prefieren vender al contado, lo cual es una práctica enteramente usual y corriente en el mercado internacional. Tampoco hay muchos agentes financieros internacionales dispuestos a facilitarle fondos a Venezuela, a menos que este país acepte pagar una tasa de riesgo país extraordinariamente elevada. Pero eso es culpa, en última instancia, de la carencia de un presupuesto ordenado y creíble de ingresos y gastos en dólares. El mercado financiero internacional, contrariamente a lo que se cree, no está constituido por agentes osados y atrevidos, sino por ciudadanos sumamente cautelosos, que no corren riesgos en forma gratuita, que gustan de la transparencia y que quieren todo tipo de seguridad en sus inversiones antes de soltar un dólar.

En síntesis, los problemas de Venezuela, que nos llevan a ser la peor economía en toda la región, son consecuencia de lo que este gobierno y el anterior han hecho y de los malos cálculos que hicieron sobre el futuro.