Algo importante está a punto de cambiar en el seno del Mercosur. Los Presidentes de Uruguay y de Brasil se han reunido en la semana recién pasada y han emitido una declaración, en la cual dejan clara su posición en el sentido que el Mercosur tiene que otorgar más libertad a cada uno de sus países miembros como para que lleven adelante negociaciones -y eventualmente acuerdos- con otros países no miembros, en aras de establecer espacios de liberación comercial.  Paraguay hace tiempo que está en esa misma postura, pero hasta ahora solo era apoyado por Uruguay; es decir, por el otro socio “pequeño” de este bloque de países. Los dos grandes, Brasil y Argentina, se resistían a permitir un cambio institucional de esa naturaleza en el seno del Mercosur. Ahora, Brasil ha dado un cambio trascendental en su posición, con lo cual Argentina, y eventualmente Venezuela, aun cuando piensen diferente, tendrán que acatar la decisión que adopten los otros tres países del bloque.

Actualmente la normativa vigente en el seno del Mercosur, prohíbe a los países miembros negociar con países ajenos a dicho bloque sub regional ningún tipo de acuerdo comercial, que implique rebaja parcial o general de aranceles. Los acuerdos arancelarios con terceros países, solo se pueden llevar adelante si se hacen colectivamente. Todos los países que componen el Mercosur participan de un determinado acuerdo arancelario, o no participa ninguno. En la práctica, ese derecho a veto que tiene cada país  sobre las decisiones de los demás, aun cuando estos últimos sean mayoría, se ha traducido en que el Mercosur no se haya abierto a negociar acuerdos de libre comercio con ninguno de los grandes bloques o espacios comerciales, que caracterizan la geografía económica mundial. Eso ha llevado a que el Mercosur, como bloque, no ha podido avanzar en una eventual negociación comercial con la Unión Europea, a pesar de que llevan años en esas conversaciones, pues Argentina no tiene mayor interés en una negociación de esa naturaleza. 

El Mercosur logró consensos internos para llegar a un acuerdo con la Comunidad Andina de Naciones -el Acuerdo de Complementación Económica número 57-  y también tiene como bloque un acuerdo de Complementación Económica con Chile, el ACE 35. Esos acuerdos ya firmados y plenamente vigentes implican, que se avanza en un calendario de desgravación arancelaria que culminará en el año 2018, de modo tal que en el 2019 prácticamente toda la América del Sur será un espacio económico donde las mercancías podrán circular de un país a otro, sin pago de aranceles. Todo ello es indudablemente positivo, pero no es  suficiente; sobre todo para un país de la  proyección política y económica de Brasil.  Esa política de todos o ninguno, ha impedido que ningún país del Mercosur pueda tener acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, con la Unión Europea, con China, con Japón o con otros de los países, que tienen una posición protagónica  en el comercio internacional contemporáneo. 

Es posible que Estados Unidos culmine una negociación comercial, que ya está en curso con la Unión Europea, con lo cual no solo se crearía una zona de libre comercio que abarcaría más de la mitad del comercio y de la producción mundial, sino que las normas y los aspectos regulatorios que se establecerían entre esos dos grandes gigantes, tendría un peso significativo en los aspectos normativos del conjunto del comercio mundial. También Estados Unidos negocia con los más importantes países del Asia Pacífico un acuerdo comercial, sin China, que abriría un inmenso espacio comercial donde fluirían mercancías, en una dirección y en otra, sin pago de aranceles. En esas inmensas transformaciones del comercio internacional que están en curso de realizarse, el Mercosur ha venido quedando hasta este momento al margen y se ha limitado a incrementar el comercio entre los propios países miembros, sin salir al encuentro de terceros. Eso es lo que está en juego en los momentos presentes. A Brasil le ha costado tomar decisiones en esta materia, pero ha llegado finalmente a la conclusión de que tiene que abrirse hacia el mundo contemporáneo, pues no puede seguir dependiendo solo del comercio intra Mercosur, que ya no crece como en los primeros tiempos y que, incluso, tiene que luchar cotidianamente contra los impulsos proteccionistas de Argentina.

El  acuerdo que se busca en el seno del Mercosur, no implica obligar a nadie a negociar con la Unión Europea o con otros bloques comerciales relevantes del mundo contemporáneo. Pero autoriza o permite a los países que así lo deseen, a hacerlo por su cuenta. Eso permite avanzar a los que quieran hacerlo y  quita poder de veto a quienes se oponen a avanzar en este tipo de acuerdos internacionales. Algo parecido sucedió en la Comunidad Andina de Naciones hace ya varios años atrás, en que se autorizó a los países a negociar en forma autónoma, lo cual permitió que Perú firmará un TLC con China y que Colombia firmará sendos acuerdos con Estados Unidos y con la Unión Europea. En la jerga propia de estos acuerdos, se habla de que se  definen velocidades distintas para cada país para llevar adelante los acuerdos con terceros. Velocidades distintas es una forma elegante de decir, que algunos países pueden avanzar rápidamente en esos acuerdos con terceros y otros pueden quedarse exactamente en el lugar en que están; es decir, mostrar una velocidad igual a cero.

¿Y Venezuela, cómo queda en todo este nuevo cuadro que se dibuja en  el seno del Mercosur? Inmersa en sus propios problemas internos, no parece preocupada por estas cuestiones que se discuten entre Uruguay  y Brasil. El resto de los países miembros del Mercosur tampoco parecen preocupados por lo que pueda decir Venezuela. Se asume que no le gustan las negociaciones internacionales de este tipo y que asumirá la soledad y el aislamiento con más entusiasmo incluso que la propia Argentina.

 (*) Profesor de la UCAB y de la UCV

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