El peso del papel

Barack Hussein Obama, Gordon Braun, Cameron, y demás líderes mundiales apuestan a expandirse a la era “2.o”, pero nunca sin dejar de llevar su periódico bajo el brazo, como lo analiza Miguel Ángel Revilla, de El Diario Montañés de España.

Barack Hussein Obama, presidente de Estados Unidos, es un hombre moderno. Siempre colgado de su ‘blackberry’, maneja internet con soltura y supo aprovechar las posibilidades de las redes sociales para allanar su camino hacia la Casa Blanca.

Entre mitin y mitin, utilizaba Twitter para comunicarse con sus muchos seguidores, que pronto lo vieron como un icono del tercer milenio: simpático, accesible y devoto de las nuevas tecnologías. Para colmo, cuando accedió a la presidencia y compareció por primera vez ante la prensa, en lugar de seguir el protocolo y conceder la palabra a los medios más venerables, quiso someterse primero a las preguntas de un redactor del ‘Huffington Post’, una cabecera que no se encuentra en los quioscos y sólo navega por internet. Así que las redes telemáticas se llenaron de encendidos elogios hacia el hombre al que bautizaron, con énfasis un poco pueril, como ‘Presidente 2.0′.

Pero, en septiembre de 2009, el mismo Barack Hussein Obama se sentó en el despacho oval con los directores de dos diarios regionales, el ‘Pittsburgh Post-Gazette’ y el ‘The Blade of Toledo’. En la conversación que mantuvo con ellos se definió como un «adicto a los periódicos en papel», hizo votos encendidos por la continuidad de la prensa y confesó públicamente su temor a que los tentáculos de la blogosfera acabaran asfixiando al verdadero periodismo: «Estoy preocupado -les dijo-. Si ésa es la dirección de las noticias, todo opiniones, sin contrastar los hechos seriamente, sin colocar las cosas en su contexto… Entonces terminaremos con las personas gritándose unas a otras sin hacer un ejercicio de mutua comprensión. La integridad del periodismo es algo fundamental para la salud de nuestra democracia».

Las palabras del presidente americano se clavaron como puñales en algunos blogueros entusiastas, que le acusaron de apostasía, le retiraron la coletilla ‘2.0′ y supusieron que semejante defensa de la prensa tradicional escondía el espanto de un político ante la libertad absoluta de internet. Sin embargo, los que saben algo de esta profesión subrayaron que el hombre más poderoso del mundo sólo recordaba la característica esencial del buen periodismo, sea cual sea su soporte: hechos contrastados, fuentes fidedignas y análisis riguroso.

La imagen de Cameron

En cualquier caso, a Obama le encanta repasar los periódicos en papel y no sólo por razones intelectuales. «Adoro sentir su tacto», dijo en una ocasión. Tampoco los políticos ingleses pueden vivir sin ellos: durante la última campaña electoral, Cameron, Clegg y Brown comparecían siempre con un surtido fajo de diarios bajo el brazo. «Esa imagen me parece muy significativa», asegura Alejandro Muñoz Alonso, catedrático de Opinión Pública y senador del PP. «Los periódicos en papel son todavía el centro del debate político; sólo muy poco a poco los digitales van ocupando su sitio.

Internet y la televisión son medios imperialistas, que amenazan con colonizarlo todo, pero creo que el periódico en papel sigue siendo el rey». El vicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Ángel Arrese, tampoco tiene dudas: «Casi en cualquier ámbito de actividad, los periódicos y las revistas de calidad siguen teniendo un papel de primer orden en la configuración de la opinión pública y en su capacidad para influir en los que toman decisiones».

«Esos medios -advierte- ejercen hoy su función en papel y en internet.
Sólo de forma excepcional se pueden encontrar ‘nuevos medios’ que compitan con ellos en esa tarea y además lo suelen hacer de forma esporádica, en circunstancias especiales».

Acabamos de comprobar cómo un simple artículo en ‘The Wall Street Journal’ puede agravar la presión sobre el euro y todavía perviven en la retina las imágenes de la ministra Salgado tratando de convencer casi desesperadamente a los editores del ‘Financial Times’ de que España no era Grecia.

«En las crisis se deforman y se revelan muchas cosas. La influencia de esas cabeceras siempre ha sido muy grande, pero en estos momentos de incertidumbre y de globalización económica se hace más evidente», subraya Arrese. «Esos medios tienen tanto peso porque no se limitan a ir a la rueda de prensa y a contar lo que quieren oír los políticos», tercia el analista José Sanclemente, autor del blog ‘Entre medios’: «Los periódicos se empeñan en seguir dando mucha información política. Y lo malo no es eso, sino cómo se da. Está demostrado que esos temas interesan poco a los ciudadanos, sobre todo a los más jóvenes. Ése es el problema. Está claro que el periódico tradicional sigue teniendo su influencia, sobre todo en los políticos, pero no sabe cómo atrapar a los lectores jóvenes».

En un escenario convulso, a las puertas de un cambio que se supone formidable, las cifras de difusión atormentan a los editores. Y no sólo en España. En Reino Unido, en un año, ‘The Times’, ‘The Guardian’, ‘The Independent’ y el ‘Daily Telegraph’ han perdido cerca del 10% de sus ventas. Sólo la prensa popular, con ‘The Sun’ a la cabeza, aguanta el tirón y se mantiene en los tres millones de ejemplares con su rentable cóctel de escándalos, sexo, deportes, lenguaje desenfadado y titulares enormes. «En las elecciones inglesas, el factor determinante no está en la prensa de calidad, sino en la popular», reconoce Gilles Tremlett, corresponsal en España del diario ‘The Guardian’. «El ‘Sun’ o el ‘Mail’ quizá no influyan tanto en las élites, pero sí en los votantes».
«Son insustituibles».

Aun así, todavía resuenan los ecos de la ira de Gordon Brown al comprobar que casi ningún medio le daba expresamente su apoyo. Esa costumbre anglosajona de que los diarios pidan el voto para un candidato resulta muy pintoresca en España. «Pero los periódicos están también para aconsejar a sus lectores. Lo contrario me parece hilar demasiado fino», se defiende Tremlett. «Su tradición es muy diferente de la nuestra -reconoce Sanclemente-. Pero sí creo importante que cada cabecera indique con claridad cuál es su postura. Y no sólo sobre el candidato electoral más idóneo, sino con respecto a cualquier cuestión ciudadana».

Como recalca el senador y catedrático Muñoz Alonso, «en la mesa de cualquier político importante hoy están ‘The Economist’, el ‘Wall Street Journal’… y eso seguirá siendo así aunque tengan que cambiar cosas». Nadie sabe muy bien qué deparará el futuro. De momento, y si hacemos caso de las cifras, estamos en plena borrasca. Algunos augures vaticinan la definitiva transformación de la Galaxia Guttemberg en un agujero negro.

Otros se resisten a levantar el certificado de defunción de los diarios tradicionales: «Internet ha traído cosas positivas, al abrir el acceso a los medios. Pero en la red echo en falta profesionalidad y responsabilidad. Por eso creo que los periódicos en papel son insustituibles», asegura Muñoz Alonso, aunque reconoce que no sólo habla como experto en Opinión Pública, sino también como «enamorado» del papel.

José Sanclemente prefiere apuntarse al condicional: «Dependerá de lo que quieran hacer los actores principales de este drama. E incluyo a los periodistas. Si la táctica es reducir el músculo de la redacción, cortar el periodismo de investigación e imposibilitar que haya equipos que trabajen sin estar urgidos por la hora de cierre… Entonces el futuro es malo. Si no, creo que el periodismo en papel tiene aún largo recorrido».

Desde su despacho de la Universidad de Navarra, Ángel Arrese apunta el valor sólido de las «grandes marcas periodísticas». «Creo que es indudable que el papel irá a menos, no a más», pero eso «no significa necesariamente su desaparición» si se obra con inteligencia: «El músculo más importante de una organización periodística, su corazón, son los buenos profesionales del periodismo. Cualquier recorte sustancial de esa fibra es fatal a no muy largo plazo».

Todo esto sucederá mañana. Porque hoy, mientras tomaban el primer café del día y se ajustaban la corbata, José Luis Rodríguez Zapatero, Barack Obama, Nicolas Sarkozy y David Cameron han sonreído, han arrugado el ceño o incluso han soltado un taco mientras echaban un ojo a los principales periódicos de sus respectivos países. En papel.

Fuente: El Diario Montañés – Miguel Ángel Revilla – 21 de mayo de 2010.

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