Este gobierno y al anterior han sido muy insistentes en eso de acusar al “imperio” de llevar adelante acciones tendientes a desestabilizar a la economía venezolana. Se le señala como protagonista  de una guerra económica contra el país. Cualquiera que escuche declaraciones de esa naturaleza supone inmediatamente que Estados Unidos ha cortado sus lazos económicos y financieros con Venezuela, y que desarrolla todo tipo de hostilidades contra el país, como corresponde tradicionalmente entre dos países en guerra.

Pero resulta que Estados Unidos ha sido durante los últimos 15 años el principal país comprador del petróleo venezolano. Si las ventas de petróleo al mercado norteamericano han caído ha sido porque Venezuela, en forma libre y soberana ha canalizado sus ventas hacia otros mercados – fundamentalmente hacia el mercado chino – pero no porque el mercado norteamericano se haya cerrado para el petróleo venezolano. De todos modos Estados Unidos continúa siendo el principal comprador del petróleo  venezolano, lo cual se compadece poco con el rol de principal protagonista  de una guerra económica contra este país. Más  aun, Estados Unidos es un país que paga al contado los volúmenes de petróleo que compra a Venezuela, lo cual le permite a Pdvsa y al país contar con liquidez para el resto de sus operaciones internacionales. Es decir, Estados Unidos no solo es el mayor cliente del petróleo venezolano, sino que es el mejor pagador. Además, es importante tener en cuenta que Pdva cuenta con importantes inversiones en refinerías localizadas en territorio norteamericano – que compran parte importante del petróleo procedente de Venezuela – y nada de eso ha sufrido modificaciones sustantivas en los últimos 15 años. ¡Extraña guerra esta que lleva adelante el imperio! Más que frente a dos países beligerantes, parece que estamos frente a dos negociantes  astutos que sacan sus cuentas y llevan adelante operaciones comerciales que terminan siendo mutuamente provechosas.

Pero además del petróleo, Estados Unidos es el principal comprador de las exportaciones no petroleras de Venezuela. Para el 2013, que es uno los últimos años para los cuales se tiene estadísticas completas proporcionadas por el INE, esas compras alcanzaron a 550 millones de dólares. Eso implica que el 26.2 % de las  exportaciones  no petroleras de Venezuela en ese año se canalizaron hacia el mercado norteamericano. No hay otro país que le compre tanto a Venezuela de ese tipo de mercancías. Nuevamente es una situación que no es común entre países en guerra, pero que si es común entre agentes económicos que se necesitan para hacer negocios de mutuo provecho.

En materia de importaciones,  el imperio es el principal proveedor  de todo aquello que  Venezuela decide comprar, ya sean materias primas, insumos o bienes terminados. En el año 2013 el 23 % de todas las importaciones venezolanas tuvieron como país de origen a Estados Unidos.  Ni el uno pretende cambiar de proveedor, ni el otro pretende cambiar de comprador. Negocios son negocios.  Si así fueran todas las guerras estaríamos cercanos a una paz universal.

En materia de flujos de capitales, el mercado financiero internacional ya no pasa en tan alta medida como antes por los préstamos bancarios o por los préstamos de país a país. Ese tipo de préstamo es más bien la excepción. Lo común hoy en día es la emisión de bonos soberanos, que son adquiridos inicialmente por personas jurídicas o naturales, y que después cambian de manos en los mercados secundarios, y el país emisor no tiene capacidad de saber en un  momento determinado quienes son realmente sus acreedores.  Pero sí se sabe que la emisión de los bonos ha sido hecha bajo las leyes de un determinado país, e incluso la institución financiera  que ha asumido el rol de agente para efectos de la colocación de los papeles y para efectos posteriores del pago de los intereses o del capital correspondiente.  Durante los últimos 15 años el país emitió bonos soberanos con bastante largueza, y el mercado norteamericano no tuvo problema para recibir esa oferta. Quizás la guerra todavía no empezaba. Venezuela parecía un país con suficientes ingresos regulares como para cumplir con  sus obligaciones financieras, y se le podía prestar sin mucho riesgo, aun cuando el Presidente Chávez no fuera para ellos un personaje muy simpático.  Pero los negocios son los negocios. Si hoy en día el país exhibe una tasa riesgo país extraordinariamente alta eso hace excesivamente caro acceder  a los mercados financieros internacionales, pero eso no se debe a una decisión administrativa o política tomada por las autoridades bancarias o financieras norteamericanas, sino a una situación que responde  a otras causas y que  termina por imponerse  en todos los mercados financieros del planeta tierra.

En materia de inversiones extranjeras es cierto que la inversión procedente de Estados Unidos es cada vez más pequeña, hasta llegar a niveles cercanos a cero. Pero también  disminuye la  inversión procedente de casi todos los otros países del globo. Es difícil, por lo tanto,  atribuir esa situación a  una fría decisión tomada por un estado mayor que lleva adelante una guerra. Es más bien el resultado de cambios en las acciones y en la normativa que imperan en Venezuela en relación al capital extranjero. Si se les expropia, o  si se cambia o no se cumple la normativa que regula los deberes y de derechos de ese capital extranjero, es obvio que esos flujos tienen que disminuir. 

En síntesis, no cabe duda que el Gobierno venezolano tiene  enemigos poderosos dentro y fuera del territorio nacional, que pueden hacerle mucho daño al país, pero no parece que todos ellos se hayan  puesto en campaña como para lograr ese objetivo. Más bien han tratado de hacer con el Gobierno los negocios que se puedan, mientras se pueda.  Pareciera, por lo tanto,  que en materia de daños a la economía venezolana el Gobierno ha actuado con absoluta independencia, obteniendo resultados que son de su exclusiva responsabilidad.

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