Incendios forestales: ¿quién apaga las consecuencias?

Columnas de humo, llamas descontroladas, bosques de ceniza y rostros desencajados componen una de las imágenes más habituales estos días en los periódicos y la televisión españoles. La postal del verano es el fuego. No obstante, al ver estas escenas y escuchar los testimonios de los afectados, surgen otras preguntas. Entre ellas, qué sucede el día después. ¿Quién asiste a los damnificados? ¿Qué ocurre con quienes lo han perdido todo? ¿En quién recae la responsabilidad? En definitiva, ¿quién se encarga de apagar las consecuencias de los incendios forestales?

Pérdidas multimillonarias

Horta de Sant Joan, Collado Mediano, Paternáin, Sierra de la Culebra, El Paso… Aunque, en principio, estos lugares tienen muy poco en común, durante este verano han compartido un rasgo: todos ellos (y muchos otros) han sido escenario de incendios forestales de diversa magnitud. En los meses de julio y agosto, la virulencia de las llamas ha hecho estragos en pueblos, ciudades y provincias que han visto con impotencia cómo ardían los bienes privados y públicos. Este año, además, ha habido daños irreparables: víctimas mortales. En apenas dos meses, el fuego se ha cobrado la vida de 11 personas, ha arrasado más de 80.000 hectáreas y ha obligado a evacuar a 12.000 vecinos de sus lugares de residencia. En términos económicos, las pérdidas son multimillonarias.

Mientras unos expertos intentan evaluar el alcance y el coste de los daños materiales, otros hacen hincapié en las consecuencias a largo plazo, las más difíciles de calcular. Entre otras, el impacto ecológico que supone la calcinación de millones de árboles y arbustos. Para hacerse una idea aproximada: en las 80.000 hectáreas afectadas en estos meses caben más de 100.000 estadios de fútbol. Regenerar el paisaje arrasado puede tardar entre dos años y una década, como mínimo, según las especies vegetales que hubiera. Sin embargo, no es el único dato que preocupa a las autoridades y a la Administración. Hay otro aspecto que enciende las señales de alerta: las estadísticas indican que nueve de cada diez incendios son causados por el hombre. Ya sea de manera intencionada o por negligencia, el 90% de estos siniestros forestales tiene detrás a uno o más responsables. De ahí la gran cantidad de sucesos que se registra en un lapso tan breve.

Evacuaciones y realojamientos

Hace dos semanas, en un documento público, la asociación Ecologistas en Acción reflexionaba sobre la gran cantidad de personas que debieron ser evacuadas a raíz de estos incendios. Según sus datos, 12.000; la mitad en Madrid y en la isla de La Palma. En algunos casos -los más leves-, las evacuaciones duraron unas horas: el tiempo mínimo necesario para sofocar las llamas y garantizar la seguridad de los vecinos. Otros, en cambio, se prolongaron durante días, y las previsiones más desalentadoras hablan de desalojos que durarán meses. Quien haya perdido su casa o tenga un inmueble inhabitable tardará más en volver.

Cuando la peligrosidad de los incendios o su cercanía a las zonas residenciales obliga a evacuar a los vecinos, es el ayuntamiento quien se encarga de gestionar y resolver su realojo temporal, a menos que las personas afectadas cuenten con familiares o una segunda residencia y prefieran utilizar ese recurso. Si no es así, los lugares más habituales son hoteles locales, centros cívicos y polideportivos, dependiendo de la duración de la estancia y de los recursos económicos con los que cuente el municipio.

Los culpables del fuego

La búsqueda de culpables no es sólo cosa de las compañías de seguros. La propia comunidad afectada, la Justicia y la Policía también se suman a la pesquisa, ya que este tipo de siniestros toca todas las fibras sensibles: propiedades, patrimonios, vidas humanas, afecto y dinero. Las causas naturales -como el rayo que cayó en Horta de Sant Joan, Tarragona- son las menos. Por ello se suele buscar personas, ya sean pirómanos, especuladores o negligentes en el manejo del fuego. El primer impulso es apuntar a quien enciende la cerilla o el mechero.

Sin embargo, la ONG Ecologistas en Acción hace una lectura más compleja y, en la lista de responsables, pone en primer lugar a las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Como explica Theo Oberhuber, responsable de campaña de la asociación, una de las principales causas de los incendios forestales es la intrusión urbanística: se han edificado viviendas en medio del bosque, donde sólo debería haber árboles. En esta línea, los gobiernos regionales son responsables de los siniestros, porque aprueban planes urbanísticos intrusivos propuestos por los ayuntamientos. Dicho de otra manera, las administraciones deberían elaborar planes para evitar la edificación de casas y pequeños núcleos aislados en el monte.

Los ayuntamientos que están en zona de riesgo tienen la obligación de hacer planes de emergencia para saber cómo actuar ante una situación así, pero el 70% no los ha hecho. Del mismo modo, las personas deberían informarse de los riesgos que corren al vivir en determinados lugares y tener un plan de autoprotección. Toda urbanización en el monte es un posible foco de incendio, ya que muchos de los siniestros se originan con una barbacoa, unos petardos o una quema de hojas secas. Además, muchas de estas casas dependen de un único camino de acceso y si éste se corta, los vecinos quedan atrapados. También hay quien se resiste a marchar porque esa casa es lo único que tienen.

CONSEJOS BÁSICOS

¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Cómo hay que actuar frente a un incendio forestal? Los centros de coordinación de emergencias ofrecen información al respecto. Si se va a pie por el monte y hay un incendio en las proximidades, lo primero que se debe hacer es alejarse a lo largo de las curvas de nivel y buscar la cola del fuego ladera abajo. Lo más conveniente es permanecer en terreno sin vegetación o ya quemado y no intentar cruzar las llamas, a menos que se vea con claridad qué hay detrás.

En caso de quedar cercado, hay que protegerse de la radiación. Conviene echarse al suelo detrás de una gran roca, un tronco o una depresión, cubrirse con tierra o arena, refugiarse en hoyos o arroyos y evitar los depósitos elevados de agua, que acabarán calentándose con las llamas. Si, por el contrario, la persona se encuentra en una casa de monte y queda rodeada por el fuego, la recomendación es dejar las mangueras abiertas dirigidas hacia el tejado, cerrar puertas, ventanas y persianas, y permanecer dentro de la vivienda en el sitio más seguro.

Fuente: http://www.consumer.es/web/es/economia_domestica/sociedad-y-consumo/2009/09/01/187719.php?page=2

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