De la revisión de la literatura se desprende que los principales determinantes de la confianza a nivel individual están asociados con variables sociodemográficas; como el género, la edad, la educación y el nivel de gasto e ingreso. Adicionalmente, la confianza depende de variables del entorno como el tamaño de la población en la que viven, la región del país a la que pertenecen, la incidencia de segregación o marginación, la cobertura de seguridad social en salud y la etnicidad. (Alesina y La Ferrara, 2002; Fehr et al., 2003; Fehr y Kosfeld, 2005; Zak, 2007; Krueger et al., 2007).

La confianza en México está relacionada con la educación y con la edad, esto es, al parecer las personas más educadas y de más edad acumulan más de este activo. La educación promueve la creación de mayor confianza, al menos a nivel individual y en las diferentes instancias de la sociedad.

No obstante, a juzgar por sus efectos marginales, la credibilidad no es muy sensible a los cambios en estas dos variables. En cambio, las variables del entorno parecen ser los principales determinantes de la confianza de los sujetos en México. En principio, ésta es bastante sensible a la región geográfica (los individuos del norte muestran un nivel de confianza mayor a todas las demás regiones).

Es particularmente interesante que la percepción de ayuda en el entorno genere más confianza del individuo en los demás. Este efecto sugiere la existencia de multiplicadores sociales o círculos virtuosos, ya que si la credibilidad aumenta en los individuos, esto generará un entorno más positivo y más propenso a que los miembros del mismo se ayuden, lo que refuerza la confianza entre los individuos, con lo que aumenta la confianza global así como la individual.

La evidencia refuerza la noción de que los grupos segregados tienen bajos niveles de confianza, lo que debe de afectar su funcionamiento económico. Y en cierto sentido la falta de acceso a los sistemas de seguridad social se puede interpretar como una forma de discriminación hacia los más débiles. Así, una sociedad es más fuerte mientras mayor sea la cohesión social, la cual se alimenta por la confianza en el resto de la sociedad; si los individuos se sienten discriminados racial, social o económicamente, menor será el sentimiento de cooperación y compromiso con las instituciones y la sociedad en general.

Respecto a los efectos marginales estimados, los resultados indican que la probabilidad de pertenecer al grupo de más confianza se incrementa en 14% al ser habitante de la región centro-occidente, mientras que hablar alguna lengua indígena aumenta la probabilidad de pasar al grupo de mayor confianza en 9,5%.

Asimismo, el hecho de percibir un entorno favorable contribuye en 5,4% a pertenecer al grupo de mayor confianza y en 7% a formar parte de este mismo grupo y al de confianza intermedia.

Por el contrario, ser habitante de la región sur-sureste del país contribuye a la probabilidad de estar dentro del grupo de menor confianza en 7,2% y disminuye la probabilidad de pertenecer al grupo de mayor confianza en 5,3 por ciento.

Experimentar algún tipo de segregación incrementa en casi 6% la probabilidad de ubicarse en el grupo de menor confianza y vivir en una población de más de 100 mil habitantes en cuatro por ciento.

Las experiencias de segregación decrecen la probabilidad de pertenecer al grupo de confianza baja en 12,5%, un monto significativo, caso contrario es el que reporta carecer de seguridad social, variable que tiene el efecto de incrementar en 4,4% la probabilidad de pertenecer al grupo antes mencionado.

Habitar en una población grande disminuye la probabilidad de formar parte de los grupos de confianza media y alta en 5%. El nivel de ingreso, indica que un incremento de 1% en el ingreso aumenta la probabilidad de pertenecer al grupo de baja confianza en 4,4 por ciento.

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Referencias

Alesina A. y La Ferrara E. (2002), “Who trusts others?”, Journal of Public Economics, 85 (2), North-Holland Pub. Co., Amsterdam, pp. 207-234.

Fehr E., Fischbacher U. y Kosfeld M. (2005), “Neuronomic fundation of trust and social preferences”, Discussion paper No. 5127, Centre for Economic Policy Research, Washington.

Fehr E., Fischbacher U., Rosenbladt B., Schupp  J. y Wagner G. (2003), “A nation-wide laboratory: examining trust and trustworthiness by integrating behavioral experiments into representative surveys”, iew working paper No. 141, Institute for Empirical Research in Economics, Universidad de Zurich, Zurich.

Krueger F., McCabe K., Moll J., Kriegeskorte N., Zahn R., Strenziok M., Heinecke A. y Grafman J. (2007), “Neural correlates of trust”, Proceedings of the National Academy of Sciences, 104 (50), United States National Academy of Sciences, Washington, pp. 20084-20089.

Zak P. (2007), “The neuroeconomics of trust”, en Roger Frantz (ed.), Renaissance in Behavioral Economics, Routledge, London, pp. 17-33.