Si bien es cierto, la expansión del crédito es uno de los principales mecanismos económicos ideados al propósito de cuidar el crecimiento dentro de la globalización y eludir los espinosos temas de la distribución del ingreso y de su acompañante obligado, el empleo de la fuerza de trabajo.

Por un tiempo, dicho paradigma proporcionó la sensación de bienestar en algunos países, mientras las prelaciones reales iban a favorecer a los núcleos empresariales líderes, singularmente del sector financiero. Pero a la larga, hizo caer a las economías industrializadas en la trampa de la liquidez.

El periodo 1950-1973 es una época de auge económico, donde confluyen aspiraciones democráticas, ideales igualitarios y paradigmas económicos de empleo pleno y desarrollo. Entonces el mundo creció a una tasa cercana a 5% anual, con Europa a poca distancia, Japón al 9%, Estados Unidos a casi 4% y México sobre 6%.

Entre 1973 y 2012, el desarrollo y el empleo, decaen y la distribución del ingreso en vez de igualarse se concentra. Con respecto al periodo anterior, las tasas de crecimiento del mundo se comprimen 35%, las de Estados Unidos 33%, las de Europa o Japón más de 70% y las de México 44%.

Estas cifras captan tendencias poco favorables de la economía mundial, marcadas por el agotamiento de la expansión del crédito como paradigma del crecimiento. El esquema de la expansión del crédito buscó sustituir los efectos multiplicadores de la inversión y del empleo, como sostén de la demanda, de las utilidades empresariales, y de las importaciones para cubrir la brecha resultante de la insuficiencia en la inversión-producción.

Hoy, es notoria la aparición de inestabilidades. Para Minsky (1996), la inferencia parece inescapable, la libertad de mercados no hace desaparecer las crisis periódicas y produce resultados inferiores en términos de bienestar (si se exceptúa el caso de China y de pocos países). Toda vez que esta estrategia está afectada por falacias de composición que, en el mejor de los casos, podría ayudar a ciertos países afortunados; pero agravarían los desequilibrios de otros y los del conjunto de naciones. Asimismo, esta estrategia se apoya en la alianza de los gobiernos con las cúpulas empresariales del mundo.

Hasta la crisis de 2008, muchas economías (Estados Unidos, países del sur de Europa, entre otros) sostuvieron su prosperidad empujando al alza el consumo y, en menor medida, el empleo mediante la expansión del crédito, incluso dejando que se formasen peligrosas burbujas en el valor de los activos (accionarios, inmobiliarios, bancarios, materias primas).

Por supuesto, sostienen Greenwood y Sharfstein (2013), el ascenso del crédito y del manejo de activos, empujaron el ascenso paralelo de la participación del sector financiero en el producto. Mientras que el proceso económico, según Duncan (2012), dejó de ser orientado por el ahorro y la inversión, los préstamos y el consumo pasaron a ocupar el lugar privilegiado.

Sin embargo, Toporowski (2010) y Stockhammer (2010), advierten que la vía del endeudamiento tiene límites. A la larga los ingresos de familias, negocios o gobiernos, quedan cortos frente a la saturación de deudas y al acrecentamiento de los pagos por amortizaciones e intereses. Entre 2009-2013, los desequilibrios fiscales conjuntos de las naciones industrializadas, se han enjugado en 46%, los de Estados Unidos 55%, los de la Unión Europea 52%. Sólo en el Japón las brechas anuales no bajan. (Sachs, 2014)

Finalmente, el mundo se encuentra en un parteaguas; producto de un complicado contexto, en el que los países se esfuerzan por cuidar de lo propio y transferir a otros el costo del ajuste económico global. Razón por la cual existe una alta probabilidad, que el mundo vaya subdividiéndose en bloques con visiones discordantes y que los costos del ajuste de la crisis global y de su corrección recaigan desproporcionadamente sobre los países económicamente más débiles.

(*) Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad Autónoma de Sinaloa.

Referencias

Duncan R. (2012). The New Depression. Singapur: Willey & Sons.

Greenwood R. y Sharfstein D. (2013), “The Growth of Finance”, Journal of Economic Perspectives, primavera 2013, pp. 13-28.

Minsky H. (1996), “Uncertainty and the Institutional Structure of Capitalist Economies”, Working Paper núm. 155, Levy Economics Institute of Bard College, Nueva York.

Sachs J. D. (2014), “Our Dangerous Budget and What to do About It”, New York Review of Books, vol. lxi, núm. 2.

Stockhammer E. (2010), “Neoliberalism, Income Distribution and the Causes of the Crisis”, Research in Money and Finance, Paper núm. 19, Development of Economics, soas, Londres.

Toporowski J. (2010), Excess Debt and Asset Deflation, en Kates S., Macroeconomic Theory and its Failings, Edward Elgar, Inglaterra.

Dirección-E: joselhj@facesuas.edu.mx