La necesidad de practicar una “actitud ecológica”

Respetar nuestro entorno natural es mucho más que simple retórica vacía, y nuestra actitud debería reflejarse en pequeñas precauciones cotidianas

Mucho se habla de ecología en los medios, pero a menudo se trata de posturas mayormente teóricas, a veces con fines políticos o para aparentar una imagen conservacionista irreal, especialmente si en la familia y el círculo inmediato laboral no se observa un comportamiento apropiado, cuidando ciertos aspectos que evitan la contaminación ambiental o el dispendio de recursos valiosos como la energía y el agua. Por eso sólo se puede hablar de ser un conservacionista convencido, si en las acciones más rutinarias se tiene una constante actitud de respeto por la naturaleza y el entorno inmediato, con fines de preservarla lo mejor posible para futuras generaciones y evitar de paso males como el cambio climático, un fenómeno que avanza inexorablemente en el planeta ya que no hacemos lo suficiente para evitarlo, a menudo pensando que es responsabilidad de gobiernos o empresas y no de individuos.

El error está en creer que lo que uno puede hacer para evitar la contaminación y conservar recursos, aporta poco al conjunto de medidas conservacionistas, y por lo tanto no vale la pena molestarse. En este menosprecio de la contribución propia, se olvida el ejemplo que significa cumplir personalmente ciertas normas para evitar la contaminación y el efecto sinérgico que puede resultar de pequeñas acciones en la comunidad o el propio entorno familiar, algo que al final pueden causar cierta imitación de parte de amigos y vecinos, sumando una cuota pequeña pero valiosa para el efecto total de cuidar la calidad ambiental.

En este sentido, es importante evitar en todo momento acciones claves que implican un irrespeto para el ambiente, tales como gastar agua potable en exceso, sabiendo que contribuyen a contaminar el aire debido a la energía que se invierte en su purificación y transporte, o utilizar un vehículo espacioso y derrochador de energía, con un potente motor que realmente no se necesita para ir al trabajo o al mercado, ya que la mayor parte del tiempo lleva solo al conductor como pasajero. Otra actitud importante implica el uso de objetos que finamente terminan contaminando el ambiente por decenas de años, como las bolsas de plástico, pudiendo llevar las de tela de la casa o usar las reusables que ofrecen algunos supermercados concienzudos.

Asimismo, en la oficina o el hogar, muchas hojas de papel blanco usadas pueden volverse a utilizar del otro lado, y finalmente disponer de ellas en sitios apropiados donde se puedan enviar a empresas que las procesan para volverse a utilizar, junto con papel periódico o envases de cartón que desechamos. Esto, a sabiendas que la manufactura de papel implica la tala de muchos árboles, esenciales para oxigenar el ambiente al convertir el CO2 que nosotros producimos con nuestras actividades diarias y que contribuyen al calentamiento global por su efecto invernadero. En esta era tecnológica, el uso de archivos digitales con un respaldo apropiado, puede hacer mucho para evitar la acumulación de los documentos en papel, especialmente si se trata de correspondencia que será irrelevante en poco tiempo (de paso, este papel podría reusarse). Y se impone no abusar del internet para juegos, correo o búsquedas irrelevantes, pues siempre se consume electricidad… generada a menudo por combustibles fósiles.

En el hogar, uno puede dar el ejemplo a visitantes al tener bombillos ahorradores de energía o simples fluorescentes en lugar de los incandescentes, cuidando de todos modos de apagarlos al dejar la habitación. La misma precaución debería tenerse con aparatos que no se estén utilizando por un tiempo, como radios, televisores o incluso la computadora con la que lee este artículo, la cual siempre consume algo de electricidad si no está siendo usada o si está en modo de espera. Y en cuanto a calentadores de ambiente o aires acondicionados, siempre se puede ahorrar energía fijando una temperatura ambiental más moderada, o usando otras maneras para tener un ambiente agradable, por ejemplo abriendo las ventanas si hace calor o aislándolas bien cuando hace frío.

Asimismo, la vegetación de la casa o del edificio, o incluso de parques o bosques vecinos, pueden regarse por goteo en épocas secas o beneficiarse de la reutilización de residuos orgánicos provenientes de la cocina, que le servirán de abono natural. En el baño, al lavarse la boca o la cara, afeitarse o tomar duchas, siempre se puede cerrar el grifo si no se está aprovechando el agua por un tiempo, evitando también bajar alegremente la palanca del inodoro por poca cosa. (Es cuestión de dar el ejemplo e inculcar esas costumbres a los jóvenes desde pequeños.)

Y en las comidas, se puede preferir alimentos frescos a los procesados y empaquetados, evitando la ingesta de productos que exigen un alto volumen de energía para su producción, transporte y conservación, tales como las carnes rojas o grasas. En el lavado de plato, ollas y cubiertos, a veces se gasta mucha agua al mantener el chorro a millón, pudiéndose usar una ponchera donde se lava todo y luego se enjuaga brevemente bajo un chorro adecuado. Y siempre es bueno evitar en lo posible el uso del vehículo para viajes cortos, sabiendo que caminar es bueno para la salud. Y dar una colita a vecinos que van a la misma zona, o pueden dejarse en una estación de tren o autobús, es siempre un gesto apropiado que ahorra gasolina, mientras se tiene buena compañía en el viaje o en el tráfico.

Todo es cuestión de planificación y cooperación. Todo, sin olvidar los cuidados que merece la naturaleza, como no ensuciar las playas (los arrecifes mueren por nuestra culpa), calles, plaza y parques, tirando la basura donde se debe, ni dañar la vegetación o matar animalitos indefensos por deporte.

Al final, se puede tener la seguridad que esa “actitud ecológica”, si es imitada y puesta en práctica en todas nuestras actividades diarias, contribuirá decididamente a tener un ambiente más agradable y saludable, mientras se tiene la satisfacción de aportar nuestro granito de arena en evitar uno de los fenómenos más nocivos de nuestro tiempo, como lo es el calentamiento global. Un fenómeno que se sabe con creces que es causado y potenciado por la actividad humana, y que – si no es controlado oportunamente en forma efectiva- hará que nuestro planeta sea eventualmente muy poco hospitalario, con constantes sequías e inundaciones y fuertes tormentas, que afectarán eventualmente a todo el mundo.

En fin, es mejor prevenir que lamentar, por lo que conviene mantener una actitud ecológica y prudente la práctica, no solo en beneficio propio y por la conservación del planeta que nos hospeda, sino por el bienestar de la comunidad donde vivimos y de las futuras generaciones, que no nos perdonarían si le dejamos el entorno natural en mal estado.

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