El Gobierno ha decidido salir al mercado a luchar por cada dólar que ande circulando en la economía nacional. Ha abierto para ello un poder comprador de dólares, mediante el interbanex, en el cual cada dólar que se le entregue al gobierno o al BCV recibirá como contraprestación una cantidad de bolívares que se ubica en los límites superiores de las tasas que ofrece el mercado.

Se pretende con ello captar los dólares provenientes de las remesas, de los retornos de las exportaciones, de los turistas, de los capitales que vuelvan al país, de las nuevas inversiones o incluso los dólares que ya circulan como medio de pago regular dentro de la economía nacional. Captar todos los dólares, a cualquier precio.

Frente a esta medida hay varias reflexiones que cabe realizar. En primer lugar, hay dudas sobre la facilidad del acceso ciudadano a este nuevo mecanismo. Pareciera que el ADN controlador que impera en ciertos círculos gubernamentales ha llevado a que sea tan engorroso y haya que entregar tantos datos e informaciones para poder cambiar cien dólares, que al final del día la operación se desincentiva y busca otros canales más rápidos y discretos. Además, los datos se entregan a una empresa privada, de dudosos y poco transparentes antecedentes, que apareció de la nada en la econmia nacional, y que media en estas operaciones entre el público y el BCV, desde luego con las correspondientes comisiones. No es esa la forma como se compran y se venden divisas en los mercados cambiarios imperantes en la mayoría de los países del mundo contemporáneo. Pareciera que el gobierno termina haciendo mal incluso lo que podría y debería hacerse bien.

En segundo lugar, es obvio que la entrega de divisas al gobierno, a través de este nuevo mecanismo, se hace contra la entrega de bolívares, que aparecerán también de la nada, es decir de la emisión pura y simple. Si la compra venta de divisas entre dos particulares implica que los bolívares pasan de una mano a otra, pero sin que se cree una unidad monetaria nueva, con el sistema nuevo se crean bolívares en la cantidad que sea necesaria para comprar hasta el último dólar que sea posible. Este mecanismo asegura así la reedición y el incremento de la inflación.

Este mecanismo recién creado está encaminado a captar los dólares que circulen o que puedan llegar a circular en la economía nacional, pero no a satisfacer la demanda de los mismos. Es decir, se trata de un poder comprador de dólares, pero no de un mercado libre, donde se pueda comprar y vender. Entonces, la demanda de dólares en el mercado paralelo seguirá – puntos más, puntos menos – en los mismos montos y para los mismos fines que se presentaron en el año recién pasado, pero sin encontrarse con la oferta que era hasta hoy su contrapartida natural. Habrá, entonces, una demanda insatisfecha. Mas aún, habrá una demanda especulativa adicional que se creará para buscar comprar dólares baratos en el mercado paralelo para poder vendérselos caros al mercado oficial. Se invertirá así el flujo que existía hasta este momento, en que el gobierno vendía dólares baratos que de una u otra manera terminaban vendiéndose caros en el mercado paralelo.

Esa demanda insatisfecha, si se mantiene como tal, generará un desabastecimiento brutal de los mercados de insumos y de bienes de consumo. Si esa demanda termina encontrándose con alguna oferta, será a un precio muy superior al actual, lo cual implica que sucederá lo que siempre sucede en la economía cuando la oferta es menor que la demanda.

Información tomada de: www.talcualdigital.com



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