La política cambiaria está constituida por las decisiones que toma la autoridad política o monetaria de un país en relación al tipo de cambio de su moneda nacional.  En otras palabras, se trata de las decisiones que afecten la cantidad de unidades de la moneda nacional que se entregarán a cambio de una unidad monetaria de otros países.  Obviamente la tasa de cambio más importante, por lo menos en esta región del planeta, es la relación de cada unidad monetaria nacional -el peso, el real, el bolívar, etc.– con el dólar norteamericano.

Cada país es soberano para fijar la tasa de cambio que estime conveniente, siempre y cuando sea responsable con las consecuencias de su decisión. Si entrega muchas unidades monetarias nacionales a cambio de un dólar, eso encarece las importaciones y favorece las exportaciones, además de ser un estímulo para las inversiones extranjeras. Si el dólar se cambia por muy pocas unidades monetarias del país, eso abarata las importaciones y hace muy poco rentables las exportaciones.

Además, cada país determina, dentro de su territorio, las formas institucionales precisas como se pueden realizar esas operaciones de cambio.  Nadie puede objetar, por ejemplo, que en tal o cual país existan casas de cambio que operan libre y legalmente. Hay países en que esas operaciones son tan libres como comprar pan. Hay otros países en que esas operaciones están prácticamente prohibidas.  La libertad es libre.

Hay países en que el dólar tiene tres o cuatro precios simultáneos, con el consiguiente desbarajuste general de la economía, cosa que tampoco puede ser objetada formalmente por ningún otro país.

Un país no necesita estar fijando la relación de su moneda con cada una de las distintas monedas que existen a nivel internacional. Si el país A fija libre y soberanamente la relación entre su moneda y el dólar, y el país B hace lo mismo con su propia moneda nacional, en la práctica queda también fijada la relación, por lo menos hipotética, entre la moneda del país A y del país B.  Que en realidad hayan personas que cambien la moneda de A por la moneda de B es otra cosa. Puede que no haya nadie en el planeta tierra dispuesto a cambiar su propia moneda por la moneda de un cierto país, en el cual no se tiene confianza, aun cuando las respectivas relaciones de cambio con el dólar arrojen una tasa de cambio hipotética entre dichas monedas nacionales.  Hay otros casos en que hay un solo país – uno solo sobre la faz de la tierra – en que algunos agentes económicos nacionales están dispuestos a recibir moneda de otro país B a cambio de su propia moneda nacional o a cambio del dólar.

Hay circunstancias en que la política cambiaria se basa en dejar que tasa de cambio  se fije libremente por la oferta y la demanda que se presente en el mercado. Hay otras veces en que la tasa de cambio la fija administrativamente el gobierno o la autoridad monetaria correspondiente.  En estos últimos casos, si la tasa de cambio es muy baja, la demanda de moneda extranjera será alta y el gobierno debe lanzar al mercado la cantidad de dólares que correspondan para abastecer el mercado. Si no lo hace, la tasa de cambio en el mercado real tenderá a distanciarse de la tasa de cambio fijada administrativamente por el gobierno.

Hay veces en que un país puede objetar el hecho de que sus connacionales saquen su propia moneda nacional fuera del país, y la cambien por dólares o por otras monedas extranjeras. Un país puede objetar aquello y castigar a sus connacionales que actúen de esa forma – en realidad lo mejor serían incentivos económicos para que no lo hagan – pero no puede pretender ni prohibir que en otros países compren esa moneda en los términos en que la institucionalidad cambiaria de ese país lo establezca.

Otra cosa importante: ¿Qué hacen con la moneda del país A aquellos que la compran o la aceptan en el país B? La respuesta es una sola: comprar activos en el país A.  Y en los tiempos que corren, no se necesita ir con una maleta de monedas del país A al país B para realizar esas operaciones de cambio. Basta con depositarle en el propio país A, a los agentes económicos del país B, la cantidad de dinero que se haya pactado. ¿Y que reciben los  que entregan esa cantidad de dinero sin salir de su país? Muy sencillo: reciben activos físicos o financieros en otros países, sin salir de su propio país.  Las tecnologías comunicacionales y financieras permite hoy en día mover activos  a lo largo del planeta, sin mover físicamente una sola moneda de ningún país. Mientras este mecanismo funcione, pueden construir una muralla china en la frontera, y nada sustantivo cambiará.

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