La política es así: La transición democrática

Nelson Acosta Espinoza

Dos venezolanos ilustres jugaron un rol protagónico en los procesos de transición política acaecidos en la segunda mitad del siglo pasado. Me refiero, en primer lugar, al Dr. Edgar Sanabria a quien le toco encabezar un breve período de transición (1958-59) como presidente de la Junta de Gobierno. En esa condición hizo entrega del poder a Rómulo Betancourt triunfador en las elecciones presidenciales del año 1958. Los universitarios le debemos a este recio venezolano la ejecución de la Ley de Universidades que restableció la autonomía para estas instituciones de educación superior. Por otra parte, Ramón J Velásquez le toco encabezar una administración de transición en el marco de severas dificultades políticas y económicas. Este gobierno fue formado con el propósito de completar el período constitucional 1989-1994, luego que el 20 de mayo de 1993 el Congreso de la República, a solicitud de la Corte Suprema de Justicia suspendiera a Carlos Andrés Pérez de su cargo de Presidente de la República. En su breve lapso como gobernante ejecuto políticas descentralizadoras de alto impacto para el país. Por ejemplo, Velásquez decretó la creación del Ministerio de Estado para la Descentralización; estableció además, el Consejo Nacional de Alcaldes y también el Consejo de Alcaldes de los Municipios del Área Metropolitana y realizó los primeros convenios de transferencia de competencia concurrentes con los Estados Bolívar, Aragua, Carabobo y Anzoátegui.

Las elecciones del 2012 ofrecen una nueva oportunidad para reiniciar este proceso de transición hacia la restauración y profundización de la democracia. Se trata de restablecer e intensificar formas gobernabilidad democrática en circunstancias difíciles y complejas. El del 2012, sin la menor duda, ha de constituir un gobierno de transición. Entre sus metas inmediatas vale la pena destacar dos: desmontar el andamiaje jurídico que presupone el Estado Comunal y propiciar una reforma del Estado Venezolano. Me parece que estos términos delimitan el ámbito en donde debería ubicarse el debate político y electoral. Ello no significa el abandono de los temas habituales de campaña u ofrecimientos programáticos Por el contrario, se trataría de ubicarlos en el marco de esta oferta de recomposición nacional.

La tarea es compleja. Se trata de refundar nuestra democracia a través de un nuevo proceso constituyente. Visto desde esta perspectiva se hace indispensable un acuerdo amplio sobre un programa que se ocupe de este aspecto. En otras palabras, el tema sobre la candidatura no debe plantearse en términos exclusivamente electorales. No estamos en presencia de un proceso simple de rotación presidencial. En cierto sentido, los venezolanos en estas elecciones nos estaremos jugando la República. Los candidatos deben tener conciencia de esta circunstancia y de las dificultades políticas que han de enfrentar. La electoral (primarias) no es la única viabilidad que se requiere para seleccionar el candidato apropiado. Los ejemplos del Dr. Edgar Sanabria y Ramón J. Velásquez señalan una ruta e ilustran el apremio en el cual se encuentra el país.

En corto, los venezolanos exigen un candidato al que la patria que no se le deslice de las manos.

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